¿Ha servido para algo el sujetador o es, en el fondo, solo una forma de control?

Las grandes firmas sacan a relucir esta prenda íntima en un momento en que la condición femenina vuelve a posicionarse en el punto de mira. Al menos, sus diseños ya no transforman la figura.

libertad sujetador
La libertad guiando al pueblo

El Anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía de la Libertad Sexual, el Día de la Mujer, la búsqueda de armonización legal en la Unión Europea contra la violencia de género... Al cierre de esta edición, se suman un sinfín de cuestiones que tradicionalmente se han representado con un acto lleno de significado: quemar sujetadores. Desde las primeras civilizaciones, hemos cubierto, restringido, ensalzado o transformado la apariencia del pecho con esta prenda, que ha evolucionado en sintonía con la condición femenina. Dicen que ahora, en cambio, el sujetador cambia según la moda, no los dictados masculinos; aunque las tendencias jamás se mueven a capricho. Así, en los últimos años nos hemos deshecho del push-up para abrazar el bralette. Un paso garrafal que afecta a la percepción del cuerpo femenino, aunque nada comparado con todo lo que ya hemos vivido...

Bajo la mirada masculina

Para los romanos, por ejemplo, un escote generoso era considerado cómico, propio de mujeres feas y de ancianas. Así que las niñas se vendaban el pecho bien fuerte para no desarrollarlo. Quizá estos sean los primeros sujetadores de la historia con segundas intenciones, aunque el pecho se empezó a cubrir con tops independientes ya en la civilización minoica. Desde entonces, el protosujetador va generalizándose progresivamente. También en Asia, aunque solo entre las más adineradas.

Normas y formas

"Ninguna mujer sujetará su busto mediante la disposición de una blusa o un vestido ajustado", establecía una ley suntuaria dictada en Estrasburgo durante 1370. De ahí que en la Edad Media se desarrollara esa especie de carpeta de tela rígida desde la cintura hasta la mitad del pecho. No obstante, las representaciones femeninas de los siglos XIV y XV muestran siluetas de pecho alto y redondeado, que se obtenía con el uso de bandas de gasa y encaje.

Por el contrario, el torso plano se impuso durante el Renacimiento, y las damas de clase alta lo exhibieron con la ayuda de corsés que aplastaban y empujaban los senos hacia arriba, quedando parcialmente expuestos. Claro que, al estar asociado con la aristocracia, el escote pasó de moda en la Revolución Francesa. Así, se comenzó a atar una corbata bajo el pecho o a colocarse un dispositivo similar a los sujetadores deportivos contemporáneos; aunque en 1814, la corte y el corsé regresaron.

Dior sujetador
Dior

Atención al escote

Entre 1795 y 1820, imperó el estilo directorio, siguiendo referencias a la estética grecorromana, donde se utilizó un tipo de corsé estrecho y desarmado bajo el pecho. A continuación se desarrolló la paradoja victoriana: a pesar de los ideales sobre la moralidad de esta época, surgió la moda de enfatizar senos y caderas al tensar la cintura. De hecho, una ley suntuaria estableció que hasta el vestido de noche más escotado debía quedar "al menos" tres dedos por debajo de las clavículas.

Del corsé al sujetador

Con el aumento del volumen de actividades físicas que abarcaban las mujeres, el corsé descendió hasta la cintura, ejerciendo de faja. Así, apareció el Bust Bodice o BB, una prenda superior separada para sujetar el pecho. Años después y tras varias tentativas, el corsé (que tantas muertes y abortos provocó) cayó de forma definitiva. Se registraron múltiples patentes de sujetadores a lo largo del siglo XIX y a ambos lados del océano –los fabricantes deseaban ostentar el honor de 'dirigir la liberación femenina'–. Y en los años 30 comenzó su producción comercial a gran escala, con clasificación por tallas (y eso que en torno al 80% de las españolas desconocen cuál les corresponde y usan una equivocada). Después de tanto trasiego, las mujeres comenzaron a quemar sus sujetadores en los 60, como símbolo de la liberación citada. Esta temporada no hay hombres ni leyes que lo impongan, aunque Fendi, Givenchy, G. Valli o Loewe lo utilizan como prenda exterior; justo a tiempo para formar parte de la eterna conversación sobre la mujer y su cuerpo. Por lo menos, los suyos merecerían salvarse del fuego.

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