Marie Claire

La Mutilación Genital Femenina amenaza a más de 3.600 niñas en nuestro país

La Fundación del Dr. Ivan Mañero lleva más de 12 años luchando contra la MGF, tanto en África como en nuestro país.

3.650 niñas entre 0 y 14 años de nuestro país estarían en riesgo de sufrir la Mutilación Genital Femenina (MGF). Es uno de los datos claves facilitado por la delegación del gobierno contra la violencia de género en un estudio publicado el pasado 8 de enero, que asimismo subraya que las niñas en riesgo son nacidas y/o residen en España, pero provienen de familias originarias de ciertas etnias y de países concretos de África.
La MGF es un acto de gran violencia que se ejerce contra las niñas y las mujeres en el mundo, atentando contra su libertad sexual, su integridad física y provocando un daño físico y psicológico grave. Según la OMS entre 100 y 140 millones de mujeres y niñas han sufrido la MGF. En nuestro país, la ciudad de Barcelona es donde más niñas hay en riesgo, 746, seguida de Girona, con 504, y Madrid, con 335.
La Fundación Dr. Ivan Mañero lleva, desde su creación en 2007, luchando a través de la educación de niños y niñas contra esta práctica en Guinea Bissau, uno de los países de África Occidental más afectados. Se estima que afecta a un 50% de las niñas y mujeres de entre 4 y 49 años. Ante la situación que se produce en nuestro país, lanzó un proyecto en España, concretamente en Sant Cugat del Vallés, en el que la prevención, la formación de profesionales sanitarios, la sensibilización y la reconstrucción genital de mujeres que habían sufrido la MGF son los principales pilares. Este proyecto nació en colaboración con las comadronas del ICS (Instituto Catalán de Salud) y el apoyo de la Fundación "la Caixa", Caixabank y de IM CLINIC. Tras la crisis del coronavirus, se ha podido reanudar su actividad el pasado mes de noviembre.
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La reconstrucción gratuita de las mujeres que han sufrido la MGF es uno de los pilares de este proyecto. Las mujeres que sufrieron la ablación del clítoris y de los labios menores y que esta agresión padecen graves secuelas tanto físicas como psicológicas. En el momento que se practica (con cristales, cuchillos o con hojas de afeitar, entre otros instrumentos) y sin ningún tipo de medidas higiénicas, las complicaciones inmediatas más habituales son la muerte por shock neurogénico (producido por el dolor), hemorragia, tétanos o sepsis, entre otros. Además del dolor intenso, puede surgir una retención de orina, llagas abiertas en la región genital, lesiones graves de los tejidos genitales.
Cuando estas niñas se hacen mujeres, el dolor no solo persiste al tener relaciones sexuales, sino en el día a día. Pueden además padecer infecciones de orina y vesicales recurrentes, quistes, esterilidad y graves complicaciones durante el parto.
Otro de los pilares fundamentales es el empoderamiento de las mujeres que deciden someterse a una reconstrucción para recuperar su integridad. "Son muchas las mujeres que han acudido a la fundación solicitando la reconstrucción. Más de 130. Pero menos de un 20% acaban operándose. El resto sienten una presión tan grande de su entorno social, tanto en nuestro país como en su país de origen que hace que no den el paso, a pesar de desearlo", explica Ruth Mañero, directora de la Fundación DrIM.
En este sentido, "hemos visto que algunas de las mujeres que deciden reconstruirse y dar el paso se convierten en una referencia para otras mujeres, tanto aquí como en sus países de origen. Se vuelven activistas en contra de esta terrible práctica, son capaces de hablar de los problemas de la ablación con otras mujeres africanas, superando así el tabú. Por ello, creemos que ellas son las que deben liderar la lucha contra la MGF tanto aquí como en su país de origen", asegura Mañero.
La práctica de la ablación del clítoris y/o genitales es un delito perseguido tanto en España como en la mayoría de países africanos. Desde los servicios sociales y los cuerpos de seguridad se han creado protocolos que han demostrado su efectividad y se trabaja diariamente para prevenirla. Sin embargo, desde la Fundación Dr. Ivan Mañero se aboga por apoyar estas acciones con otras más informativas a las familias, la formación de personal sanitario y de bienestar social, así como el empoderamiento de las mujeres que, viviendo en nuestro país, se muestran en contra de la práctica de la MGF.
Durante el mes de noviembre se han reconstruido dos mujeres: una joven de 18 años originaria de Gambia y una mujer de 37 de Senegal. Estos son sus testimonios.

El testimonio de Fama - 32 años - (Senegal) Etnia Ful

Conocí a IM CLINIC a través de una amiga mía que realizó un voluntariado con la Fundación Dr. Ivan Mañe-ro. Decidí reconstruirme porque llegué a un punto de mi vida que me sentía libre, además mi entrono em-pezaron a concienciarse que la Mutilación Genital Femenina iba contra la salud y el derecho de la mujer.
Me lo hicieron cuando tenía 6 años. Éramos 5 niñas: mi hermana que tenía 8 años, 3 de mis primas y yo. Cuando se acercaba el día nos dijeron que nos lo iban a hacer y yo no quería. En mi caso no fue mi madre quien dijo que me lo hicieran. Eran las mujeres de la familia: las abuelas, las tías, las ancianas… deciden quién y cuándo se hace. Mi madre no quería y mi padre lloró mucho, porque tampoco quería.
Las mujeres mayores nos llevaron a casa de una de ellas y nos pusieron unas sábanas en el patio de atrás, donde están las duchas. Estaba todo preparado: había barreños con agua, cuencos de calabaza con medici-na tradicional… Primero fue una de mis primas, la segunda mi hermana y la tercera yo. Cuando se llevaron a mi hermana, sentí como gritaba y yo tuve miedo y salí corriendo. Pero me cogieron y me devolvieron. Yo gritaba que no quería y pataleaba, pero había 5 mujeres mayores y me cogían con fuerza. Me taparon la boca para que dejara de gritar, me cogieron de las piernas y me las separaron y mi como aquella mujer me lo hacía. Le cogí mucho miedo a aquella mujer, y hasta que no se murió de vieja, en casa siempre que me portaba mal me amenazaban con ella.
Una vez finalizada la ablación me pusieron agua caliente, unas hierbas y cosas de medicina tradicional. Me dolió mucho, mucho. Después nos metieron a todas en una habitación a oscuras, como es tradición. Está-bamos las 5 juntas durmiendo en el suelo encima de unas telas. No puedes dormir en la cama ni salir de la habitación incluso no puedes caminar.
Los hombres no pueden verte, ni siquiera tu padre. Pero el mío insistió tanto que al final le dejaron que hablara con nosotras por una ventana. Mi hermana lloraba mucho, le dolía mucho. A mi también me dolía pero tenía miedo porque para asustarnos nos decían que si llorabamos nos lo volverían a hacer.
No nos dejaban que nos tocáramos y nos vigilaban durante todo el día. A mí me picaba mucho, pero tenía miedo. Cada día nos hacían las curas con el agua caliente y las hierbas, aquello dolía mucho. En lugar de salir al cabo de una semana, como era lo normal, salimos al cabo de dos porque mi hermana sangraba y no se curaba.
Un mes después hicieron la gran fiesta. Había bailes, tambores, regalos, nos compraron ropa nueva, nos hicieron peinados. Los invitados nos iban dando dinero porque ya éramos mujeres. Pero desde entonces siempre le cogí miedo a la Ngama (la mujer que hace la mutilación) y cuando se murió me sentí más tran-quila.
En Senegal ahora está prohibido, pero en el Sur de Senegal se sigue haciendo. Ahora ya no se hace la fiesta. Mis hermanas pequeñas les hicieron la mutilación a escondidas, sin fiesta, ni nada. Se lo hicieron y para casa.
Tengo una hija de 8 años que nunca pasará por esto, nunca dejaré que pase por esto. De donde yo soy, si no lo tienes hecho los hombres no se quieren casar contigo. Las mujeres no pueden decidir. Ahora estoy divorciada y ya no dependo de que ningún hombre decida si me puedo reconstruir o no, ahora soy yo quien decido y eso me hace sentir bien.
En Senegal la mutilación está prohibida, pero se sigue haciendo, sobre todo en la zona de la que soy. Ahora se lo hacen a los bebés con dos o tres meses, porque así no les pueden denunciar. Si se lo haces a una niña de 6 o 7 años se lo puede explicar a una profesora o a alguien que esté en contra y tienes un problema. Pero si son bebés no.
Poco a poco las mujeres van tomando conciencia de que la mutilación no está bien. Mi madre y mi tía se volvieron activistas en mi país. Van por los pueblos explicando por qué no se debe hacer la mutilación, pero en muchos pueblos los hombres las echan, no les dejan hablar. Yo también las he acompañado.

El testimonio de Fatoumata - 18 años - Gambia - Etnia Mandinga

Conocí a IM CLINIC y a la Fundación Dr. Ivan Mañero a través de una entrevista en la radio a la directora de la misma. Después de escucharla mis padres de acogida se pusieron en contacto con la Fundación. Al principio no lo tenía claro pero acabe decidiéndome en un viaje al pueblo, fue entonces cuando vi que la manera que tenía que superar la Mutilación era de esta manera.
Me hicieron la mutilación cuando tenía 6 años, pero ya entonces yo era consciente que no me lo quería hacer. Lo había visto como se lo hacían a otras niñas, amigas, primas y yo no quería.
Lo decidió mi madre, las mujeres de la familia son las que toman la decisión. Los hombres no participan. Es cierto, que después quieren mujeres con la mutilación para casarse, pero no son ellos quien toman la decisión de cuando, sino que son las mujeres. Mi hermana mayor no quería que nos lo hicieran, intentó convencer a mi madre porque no me lo hicieran a mí. Cuando se le hicieron a mi hermana pequeña, también lo intentó. Pero mi madre es muy radical y cree que se tiene que hacer y punto.
Yo era la más pequeña entonces, después nació mi hermana. Somos 6 hermanos, 4 chicas y dos chicos. Con la hermana que va antes de mí me llevo 10 años y con mi hermano mayor más de 20.
Llegó el día en que mi madre y otras mujeres me llevaron a la fuerza a una casa que no era la mía. No estaba sola habían tres o cuatro niñas más. No recuerdo todo el que pasó, son como flashes lo que tengo. Recuerdo cuando me cogieron por las piernas y me las abrieron, alguien me las cogía con fuerza para que no las pudiera mover. Recuerdo la angustia, los nervios… Recuerdo como me taparon los ojos porque no lo viera y el terrible dolor del primer corte. También recuerdo la cara de la mujer que me lo hizo. Era una mujer muy mayor, todavía a día de hoy sigue haciéndolo. Lo supe cuando volví el año pasado a casa de mis padres, que me enteré que todavía lo continuaba haciendo.
La semana siguiente de la mutilación la pasé en una habitación a oscuras con las otras niñas que también lo habían sufrido. Llevaba un pañuelo las entrepiernas como los que llevaban las mujeres cuando les viene la regla. No te dejan salir de allá hasta que no eres capaz de andar. Afuera, se hace la fiesta y toda la ceremonia, pero tú no estás.
Es de aquellos días que recuerdo el dolor. Te dicen que tienes que hacer pipí, pero no sale porque te hace mucho daño. Cuando sale todavía hace más daño del que piensas. Fue terrible.
Desde entonces el dolor me fue mi acompañante. Al principio era continuo. Si iba por la calle me tenía que parar. Me hacía daño cuando andaba, al hacer pipi, cuando dormía, cuando las braguitas no se ponían bien, cuando hacía algún movimiento brusco… Hacia los 14 años el dolor dejó de ser constante y se concentró más en unos días en el mes. Ahora paso una semana o dos al mes con muchos dolores y el resto es más soportable. He ido a muchos médicos, por culpa de este dolor.
Con 8 años me vine a vivir en España, con una familia española. Es una familia que siempre han tenido mucha relación con mi familia biológica y yo siempre los he sentido muy próximos, porque los conozco desde que era un bebé. La pareja fue a conocer África y se encontraron con mi padre que es taxista y forjaron una gran amistad. Desde que era muy pequeña les decía que quería ir a España a estudiar e insistí tanto, que al final mis padres biológicos cedieron y cuando hice los 8 años vine aquí a estudiar. Entonces antes de marchar me querían volver a hacer la mutilación para que me fuera preparada o algo por el estilo.
No volví a casa de mi familia africana hasta diciembre de 2019. Primero estaba muy nerviosa, pero después me sentí como si no hubiera marchado nunca.
He tenido relaciones sexuales, pero no he sentido placer. Es cierto que tampoco dolor. El dolor está más asociado a otras circunstancias del día a día.
Cumplí con mi palabra y estudié mucho. Actualmente estoy estudiando Ingeniería en una Universidad catalana.
Cuando supe que le habían hecho a mi hermana pequeña sentí mucha rabia.
Con la cirugía busco sentirme completa, segura, no sentir que me falta algo. Yo no soy como algunas de mis tias que querían que se lo hicieran. Yo no quería, me lo tomaron por la fuerza.
Espero con esta cirugía no volver a sentir dolor y ser normal.
Recuerdo una vez en el instituto en la asignatura de sexualidad y anatomía. Yo veía que no era así. Fue la primera vez que le expliqué a una amiga (le caen las lágrimas), para mí fue muy difícil explicarlo y de hecho no le he vuelto a explicar a nadie más.
Por culpa del dolor he pasado por muchos médicos. Uno de ellos no me quiso ni mirar porque estaba mutilada, yo era una niña y me hizo sentir mal, como si aquello fuese culpa mía o me lo tuviera merecido por algo. No fue nada delicada conmigo, la manera como dijo que no me quería mirar, y me hizo sentir muy mal.
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