¿Conoces la ecosexualidad?

¿Madre o amante Tierra? Un colectivo ecologista defiende una sexualidad en consonancia con el medioambiente, más sana y respetuosa de la naturaleza. Descúbrelo ya.

Ecosexualidad

Nada se crea, nada se pierde, todo se transforma. Esta máxima del científico francés Antoine-Laurent de Lavoisier resume una realidad a la que nos hemos adaptado masivamente: dar una segunda vida a todo lo que nos rodea y limitar en la medida de lo posible el impacto medioambiental. Si esta realidad nos afecta en la mayoría de los ámbitos, nuestra vida íntima era uno de los que no parecía tenía un vínculo directo en ello. Partiendo de la idea de que el sexo afecta el planeta, las artistas Annie Sprinkle y Elizabeth Stephens se convirtieron, tras años de trabajo en su Love Art Laboratory, en los rostros visibles de un movimiento que confirma la influencia y el impacto de nuestra intimidad en la Tierra: la ecosexualidad o el sexo ecológico.

Ecosexualidad

Desde su creación hace ya una década, numerosos activistas se sumaron a la causa que defiende un comportamiento íntimo responsable, optando por una sexualidad durable basada en el bienestar personal pero también ambiental. Aboga además por un contacto directo, genital o no, con los elementos de la naturaleza y propone entrar en conexión a través de todos los sentidos con ella. ¿Cómo realizarlo de forma concreta? Acariciando el césped, abrazando y besando los árboles, comer las flores, bañarse desnudo o tocando elementos como frutas o plantas.

En 2011, el Manifiesto Ecosexual recalcó los principales propósitos del movimiento con una declaración de intenciones de sus activistas: "Somos acuófilos, terrófilos, pirófilos y aerófilos. Abrazamos los árboles sin pudor, masajeamos la tierra con los pies y hablamos eróticamente a las plantas. Nadamos desnudos, somos adoradores del sol y observadores de las estrellas. Acariciamos las rocas, disfrutamos de las cascadas y, a menudo, admiramos las curvas de la Tierra. Hacemos el amor a la Tierra con nuestros sentidos”.

¿Y en pareja?

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Instagram: @thekooples

Es posible seguir el movimiento con su propia pareja. El colectivo Greenpeace, en su manual de sexualidad ecológica, propone una serie de gestos sencillos y fácilmente aplicables. ¿Te atreves?

  1. Apagar la luz. Reducir el gasto eléctrico permite limitar el cambio climático. Es por lo tanto preferible hacer el amor de día o en la absoluta oscuridad.
  2. Comida sí pero… bio y natural por supuesto. Si os animáis con fresas y natas, que lleven la etiqueta de agricultura biológica
  3. Evita los alimentos afrodisíacos extraídos masivamente de su ámbito natural. El ejemplo más evidente es el de las ostras, famosas por despertar la llama. Pero comerlas y pescarlas perjudica el ecosistema y nuestros recursos.
  4. Al aire libre. Si se puede hacer el amor fuera, pero no en un espacio con pesticidas que podría irritar la piel.
  5. Lubricantes… ¡Bio! Sí, existen, y no se fabrican a base de combustibles fósiles.
  6. Los juguetes sexuales también al verde. Si os enamora el látex es hora de abandonarlo. El plástico de algunos juguetes sexuales es muy perjudicial, optad mejor por un sex toy solar.
  7. Bajo el agua. El gasto es inmenso, si os ducháis juntos, que el el grifo esté abierto solo durante el tiempo que os laváis… de verdad.
  8. Haceos regalos reciclados. O a ser posibles con elementos naturales y no contaminantes.

El movimiento ha cosechado gran éxito en países como Australia, donde el Real Jardín Botánico de la ciudad de Melbourne acoge el Ecosexual Bathouse, una instalación que permite a cualquier persona descubrir el erotismo ecológico… ¿Se desarrollará más en nuestro continente?

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