Artículo de opinión

La columna de Charo Lagares: Llenar el 'tupper'

"Llamarse feminista sin comulgar con la corriente mayoritaria enriquece al movimiento. Lo libera. Y aun así, no es necesario".

Kirsten Dunst, combatiendo a Marie Kondo y SinAzucar.org como la 'María Antonieta' de Sofia Coppola.

En la redacción han aparecido tres carteles de SinAzucar.org. Un sándwich contiene un terrón de azúcar. Unas galletas integrales, dos. Diecinueve esconde el producto con mayor nivel de azúcar, un refresco. Es curioso. Yo esperaba ver ahí a James Rhodes. Preguntaba el hispianista si "es aceptable usar 'puta' en el contexto de 'una puta maravilla'". Contestaron que por "feminismo, te pediría (...) no usarla". 

Las palabras son tuppers. Se llenan y vacían. El contexto, la localización, la clase social y el hablante las agrandan, deforman, ensucian, desechan, quiebran. Emplear la palabra váter, en lugar de retrete, dilataría por terror las pupilas de los comensales del clausurado Embassy. Ser del sur y referirse en Madrid a unas deportivas como "botines" desconcierta. Decir "una puta maravilla" es solo vulgar. Que Rodrigo Duterte, presidente filipino, apele a las mujeres como "putas" busca degradarlas, deshumanizarlas.

El tic de señalar al discrepante es una versión siniestra de la misma intención. En la lista de críticos con el 8M publicada en El Español, la redactora apunta a quienes no comparten sus opiniones, las esperadas. Como la cabecera del PSOE en la manifestación. Tanta unidad y dónde están, no se ven, las banderas del PP. La reivindicación de la propia bondad a través del chivatazo. Y eso que la tarde tuvo el ambiente de un autobús en una excursión escolar, una celebración acotada. Ni siquiera le faltó la última fila, la de las macarras, que gritan en vez de hablar y deciden quién entra. Fuera quisieron dejar a las de C's. Miles se quedaron en casa. Comprensible. Cuesta integrarse en la chabacanería moral del recurrente "Pablo Casado, a ti te habría abortado".

Pero la realidad antecede a las palabras. Las cosas son y luego se nombran. La estrella que ya cangrejea a los alemanes de Torremolinos precede a la palabra sol. No hace falta llamarse feminista para que a los actos los guíe el respeto a la igualdad. Leer sobre feminismo alerta. Hace del comportamiento ya casi natural una defensa activa. Llamarse feminista sin comulgar con la corriente mayoritaria enriquece al movimiento. Lo libera. Y aun así, no es necesario.

Luego Carmen Calvo suelta, antes del 8M, que "nuestra Constitución no recoge la igualdad como otras". A una vicepresidenta del gobierno doctorada en Constitucional la ignorancia se le descarta. Pero la alternativa es que retorciera afirmaciones para, como un anuncio de alarmas de seguridad, distorsionar la percepción de la realidad y prender la campaña electoral. Pero yo hablaba de azúcar. Empieza a saber esto a cilantro.   

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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