La cuarta ola del feminismo: ¿son feministas las camisetas con mensaje?

En Madrid desborda las calles, en internet domina la conversación, en las tiendas sus palabras recorren las camisetas. Algunos hablan de cuarta ola del feminismo. Indagamos en sus huellas en las series, el cine, las redes sociales y las firmas de ropa. Este es un reportaje en tres partes y esta, su segunda entrega.

De izda. a dcha.: Patricia Clarkson, Eliza Scanlen y Amy Adams en 'Heridas abiertas'. HBO.

 

Cine y series: caerse del altar

La pantalla crea patrones de comportamiento. También los refleja. Es síntoma y causa. En los años 30, apunta Camille Paglia, mujeres como Marlene Dietrich o Katharine Hepburn asumieron los logros de los hombres y demostraron que su trabajo alcanzaba el mismo nivel. Emma Peel o Ursula Andress, cuchillo ensartado en el biquini, las relevarían medio siglo más tarde. Pero para la teórica Laura Mulvey, eran víctimas de la mirada masculina, tratadas como objetos que observar, elementos para el deleite de los hombres. Los ojos que miran, desde hace algunos años, han cambiado. La guionista Jelen Morales recuerda el estreno de Girls. “Eran niñas pijas de ciudad, pero formaban un grupo de amigas que se apoyaban. También fueron fundamentales los monólogos de Amy Schumer sobre el sexo desde el punto de vista femenino". Quizá lo más interesante de la ficción reciente, apunta, sea la creación de la antiheroína. "Para mí comenzó con Frances McDormand en Olive Kitteridge: una mujer que no es bondadosa, que no es agradable, pero que gusta. Eso era propio de los personajes masculinos". Mientras el cine hierve con superheroínas y remakes feminizados, desde Cazafantasmas a Ocean’s 8, las series, como Fleabag, Heridas abiertas o Killing Eve, se adelantan. La mujer en la pequeña pantalla se desacraliza. Pasa a ser humana.

Imaxtree

 

Internet, territorio de combate

El siguiente empuje del feminismo, escribió Jessica Valenti, sería digital. Ella lo sabía. En el año 2004, la escritora fundó Feministing, un blog centrado en proyectar voces jóvenes. Entonces el portal The F Word, donde la política y la cultura fluctuaban, ya había cumplido tres años. En España, Píkara Magazine tardaría seis más. En sus pestañas se escriben crónicas, opiniones y reseñas. Como en la también española La Tribu de Frida o en la estadounidense, y ya cerrada, Lenny Letter. En 2014, la iraní Masih Alinejad abrió My Stealthy Freedom (Mi precavida libertad), una página de Facebook en la que mujeres iraníes publican fotografías sin velo. En los últimos tres años, los medios de comunicación tradicionales, como El País, han creado "corresponsalías de género" y perfiles en las redes sociales dedicados de forma exclusiva a compartir noticias relacionadas con la igualdad. Con voz propia, en España, desde @DoctoraGlas a @Barbijaputa, Irantzu Varela, @NoNacemosVíctimas y María Blanco encabezan en internet representaciones del movimiento.

Bella Hadid desfilando para Prabal Gurung. Foto: Imxtree.

 

Llevarlo en el pecho

La ropa habla. Cuando tiene mensaje, grita. En los últimos años las camisetas de las grandes cadenas y firmas de lujo han aclarado que The future is female (el futuro es femenino), No es no, We should all be feminists (todos deberíamos ser feministas) y Girls can do anything (las chicas pueden hacer cualquier cosa). La reacción desde los foros feministas suele coincidir: la moda banaliza el movimiento, el capitalismo lo fagocita. Para la crítica feminista Jessa Crispin, las firmas de moda y belleza convierten el feminismo en un instrumento que permite a las mujeres participar de forma igualitaria en "la opresión de los pobres". Un mensaje feminista impreso en un bien de consumo refleja, reflexiona, un razonamiento narcisista: "me defino como feminista, así que todo lo que hago lo es".

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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