¿Qué tiene que ver el último superventas de Zara con las inversiones?

El vestido de lunares de Zara que ha sido un éxito de ventas este año sirve a Carla Bergareche, directora general de Schroders España y Portugal, para explicar cómo las emociones y sesgos condicionan nuestras decisiones, también a la hora de invertir.

Aunque nos cueste reconocerlo, no somos tan racionales como nos gustaría ser. Somos más emocionales de lo que pensamos, y estas emociones influyen en nuestra toma de decisiones muchas veces sin darnos cuenta. ¿Acaso no compramos de más si vamos con hambre al supermercado? Nuestros sesgos de comportamiento pueden tendernos trampas a la hora de decidir, también cuando hablamos de decisiones de inversión.

El vestido de lunares de Zara que tanto se ha llevado este verano me viene a la mente al considerar ejemplos recientes del “efecto rebaño”, uno de los sesgos de comportamiento más comunes, sobre todo en las mujeres. Este vestido ha sido el éxito de ventas de la pasada temporada, y parece que el efecto rebaño ha tenido algo que ver en todo esto. Sin embargo, este efecto, en el que la gente tiende a hacer algo porque "todos los demás" lo están haciendo, impacta en distintas facetas de nuestras vidas, entre ellas, en cómo gestionamos nuestras finanzas.

Carla Bergareche
Carla Bergareche, directora general de Schroders España y Portugal

Llevo más de 20 años trabajando en la gestora Schroders, y todavía encuentro fascinantes los aspectos psicológicos de las finanzas. Hace dos años, en Schroders desarrollamos, junto a un equipo de científicos del comportamiento, investIQ, una plataforma digital de conocimiento financiero que gravita alrededor de un divertido test. El test analiza los sesgos de comportamiento, las fortalezas y las debilidades de los inversores para identificar su "personalidad inversora". La idea es que si los inversores se conocen mejor, pueden tomar decisiones de inversión más informadas y completas.

Si analizamos tanto los resultados globales como los datos de España, observamos que los sesgos que mayor influencia tienen en las personas varían según el sexo. Aunque no hay datos que prueben ni sugieran que haya un sexo que invierta mejor que otro, sí que hemos notado diferencias en los comportamientos de hombres y mujeres.

El sexo masculino tiene más exceso de confianza. Esta tendencia lleva a los inversores a creer en sí mismos sin tener en cuenta factores que escapan a su control. Esto puede llevarles a sobreestimar su capacidad para tomar decisiones racionales de inversión. Como resultado, los inversores podrían pensar que los mercados no pueden sorprenderlos, asumir más riesgos de los necesarios y mover las inversiones con demasiada frecuencia.

En cambio, entre las mujeres es más común el ya mencionado efecto rebaño, la tendencia a la ansiedad y la aversión a las pérdidas. El efecto rebaño puede ser responsable de uno de los errores clásicos de inversión irracionales - comprar alto y vender bajo o dejarse llevar por lo último que nos han contado. Para evitarlo hay que intentar recordar que lo que hacen los demás no es necesariamente lo que más le conviene a uno mismo. La tendencia a la ansiedad, que es básicamente sufrir ansiedad ante los vaivenes del mercado, puede llevar a evitar posiciones volátiles o relativamente arriesgadas, no asumiendo el riesgo necesario para cumplir con los objetivos de inversión previamente fijados. Finalmente, la aversión a las pérdidas, o la tendencia a sufrir más una pérdida que a valorar una ganancia, puede hacernos mantener determinados valores durante demasiado tiempo por miedo a materializar una pérdida o a vender valores con beneficios demasiado pronto por miedo a perder sus ganancias.

A diferencia de lo que sucede con la ropa, las mujeres no suelen hablar tanto de lo que hacen con sus finanzas. Es importante que surjan iniciativas como esta de Marie Claire para animar a las mujeres a tomar las riendas de su futuro financiero e invertir a largo plazo, ya que no hacerlo puede significar perder dinero sin saberlo o no tener ingresos suficientes para nuestra jubilación. Perdamos el pudor: es hora de hablar de dinero. 

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