Silvia Buabent: "Que ninguna mujer piense que quedarse en casa tiene beneficios"

Feminista de pensamiento, palabra y obra, la directora del Instituto de la Mujer vive su día a día con la meta puesta en la plena igualdad. Ni más ni menos.

Silvia Buabent, directora del Instituto de la Mujer. Foto: Gema López.

Amable, risueña, "muy contundente, pero muy educada", como ella misma se define, Silvia Buabent (Madrid, 1973) se enfrenta desde hace ocho meses, desde su cargo como directora del Instituto de la Mujer, y desde hace 8 años, desde la escuela de pensamiento feminista Clara Campoamor, que fundó, a uno de los problemas más difíciles de la sociedad actual y sobre el que no hay una idea clara de qué hacer. ¿O quizá ella sí la tiene? Indagamos.

Nos encontramos en lo que parece una nueva ola de feminismo. ¿Hasta dónde podrá avanzar? Tendría que debatir si estamos en la cuarta ola del feminismo. Creo que todavía no hemos sobrepasado la tercera. Sobre todo en la agenda de la paridad marcada, que aún no está conseguida. Los retos son muchísimos, el feminismo está cada día más presente en la sociedad y eso es muy importante. Que nadie olvide que el feminismo lo único que busca es la igualdad entre hombres y mujeres, nada más y nada menos. Y a nadie le tiene que asustar el término. Las mujeres lo único que queremos es tener las mismas oportunidades que los varones; del resto ya nos ocupamos solas.

¿Qué le falta o le sobra al feminismo para terminar de convencer a todas las mujeres? En todos los movimientos hay personas y cada una tiene una manera de estar y participar. Yo creo que hay que explicar mucho, pero sin entrar en debates con quien no te reconoce como interlocutora válida. Como tampoco dar altavoz a personas que ponen en tela de juicio si tu trabajo es constitucional. Somos una sociedad lo suficientemente madura como para saber que la igualdad entre hombres y mujeres es esencial en un sistema democrático. Y este país lo es. A partir de ahí, cada una puede elegir lo que hacer. Una democracia que se designa a sí misma como tal tiene que ser feminista. Si no busca la igualdad entre hombres y mujeres, algo falla.

Nunca se ha dado tanto espíritu asociacionista entre mujeres. ¿Cómo las apoyas? Es un momento maravilloso por ese despertar de la conciencia. Juntas somos más fuertes. Bienvenidas todas y cada una de las asociaciones. Uno de los objetivos básicos del instituto es apoyar al movimiento feminista y al movimiento de mujeres, haciendo la interlocución directa. Las mujeres tienen que venir al instituto sintiendo que es su casa. Las mujeres somos imparables, lo que pasa es que hemos tenido muchos años de desigualdad de oportunidades. Ahora vamos paso a paso asumiendo que los logros conseguidos no tienen por qué ser permanentes si no permanecemos atentas. Da igual la rapidez del paso, lo importante es darlo y que nadie más que tú lo marque.

"El futuro es femenino". ¿Estás de acuerdo? El lema del 35 aniversario del Instituto de la Mujer es "el futuro empieza hoy". Creo que ahí está la clave. El futuro es realidad hoy; las mujeres no vamos a dar pasos atrás. Estoy convencida de que las mujeres, se autodesignen feministas o no, no van a asumir cuestionamientos a lo que pueden y no pueden hacer. Pero es más, el feminismo es el único movimiento social que no ha derramado ninguna gota de sangre y que ha permitido un cambio social real. Y esto lo demuestra la historia. Esa historia que nadie quiere contar.

"Una democracia que se designa como tal ha de ser feminista"

Tienes bajo tu responsabilidad la resolución de uno de los problemas más difíciles de la sociedad actual… ¿cómo lo afrontas? La igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres no es un problema, es el mayor reto al que nos enfrentamos como sociedad. Y el Instituto de la Mujer es una magnífica herramienta para valorar y poner encima de la mesa qué se puede hacer y desde dónde hay que hacerlo, porque las soluciones tienen que ser globales.

¿Qué objetivos te habías marcado al comenzar tu mandato y qué porcentaje has podido cumplir? Llegar al Instituto de la Mujer en una legislatura que sabíamos no iba a ser completa ya da perspectiva de lo más inmediato, de intentar poner soluciones a las cuestiones que requieran menos tiempo. En ese sentido, para mí era básico volver a colocar el Instituto en la centralidad de las políticas de igualdad. Eso, y revitalizarlo.

¿Sientes que estas elecciones puedan truncarlos? Yo sigo aquí, no me he ido a ninguna parte todavía, tengo el camino por delante y estoy convencida de que vamos a ganar las elecciones, por lo tanto podremos continuar trabajando. Pero sí hay dos cosas que me ocupan mucho. En primer lugar, el cambio de nombre del Instituto. Para mí era muy importante en ese reconocimiento de la diversidad y de la pluralidad de mujeres que el Instituto dejara de llamarse "de la mujer y para la igualdad de oportunidades" y pasase a llamarse Instituto de las Mujeres. Y la otra, el aumento del presupuesto, de casi un 22%, que se ha quedado paralizado por la no aprobación de los presupuestos generales del estado.

¿Qué harás si como resultado de las próximas elecciones tienes que abandonar tu puesto? Ni me lo he planteado porque el Instituto de la mujer me ocupa las 24 horas del día.

¿Cuándo y cómo se despertó tu conciencia feminista? Una no nace con conciencia feminista. Es importante saber eso. Te vas encontrando con situaciones que al final te llevan a tomar conciencia. Yo creo que era muy pequeña. Mi familia era muy tradicional y la diferencia con mi hermano quizá fue lo que la despertó, porque él podía hacer cosas por ser varón que yo no por ser una chica. Y además he sido muy batalladora siempre. La injusticia hace que saque una parte de mí que creo que me define. Soy muy luchadora y no doy nunca ninguna batalla por perdida.

¿Qué políticas concretas te gustaría poder aplicar para mejorar la situación? La coeducación real, en la que niños y niñas puedan llegar a ser lo que quieran sin ningún tipo de mandato social. Necesitamos una ciudadanía crítica, que sepa que tiene la obligación de tomar decisiones importantes. Y eso lo conseguiremos si dejamos de pensar que solo tenemos derechos, sin llevar deberes y obligaciones. Creo que si nuestra educación fuera coeducación desde los cero años, si fuéramos capaces de implicar a la sociedad entera, sería el principio del fin de la desigualdad. Y para el ámbito profesional, mucha pedagogía. También soy defensora a ultranza de las cuotas. Creo que sin cuotas, las mujeres en los diferentes ámbitos no habríamos llegado; porque de hecho hay obligación de que estemos. Y cuesta la vida. Y luego no es solamente llegar, sino algo más importante: permanecer y ascender. Hay muchas mujeres que ni se plantean una carrera profesional. Se conforman con tener un empleo remunerado. Las mujeres tenemos muchísimo trabajo no remunerado pero no empleo, y el que tenemos no es de calidad, ni a tiempo completo. Por lo tanto, que ninguna mujer piense que quedarse en casa tiene algún beneficio porque no lo tiene, de verdad. Las mujeres seremos dueñas de nuestra vida cuando tengamos claro que no dependemos de nadie para hacer lo que queramos, con nuestros aciertos y equivocaciones.      

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