Zahara, sobre la gestación subrogada: “Que haya casos excepcionales no justifica la inmensa mayoría”

Ha logrado que una canción sobre la gestación subrogada suene en los bares. Tras ‘Hoy la bestia cena en casa’, la cantautora Zahara entra en la reivindicación y se alza en el feminismo.

Zahara
Fotos: Gema López

Los alternadores transforman la energía mecánica en energía eléctrica. Era lo que a Zahara le faltaba. Tenía el impulso de las ideas, pero no daba con la forma, con el orden joyceano de las palabras. Fue necesario parir un hijo y un manoseo de “ovarios”. En Hoy la bestia cena en casa, las pespuntó hasta coser un interlocutor al que le reprocha la gestación subrogada. La reivindicación no es lo que prima, pero es la vereda social que ha abierto en Astronauta, su nuevo disco. La continúa en Canciones que cambiaron el mundo, un documental fragmentado de #0, en el que repasa la historia de los himnos pop que defienden los derechos civiles. 

Con la canción y con el programa sales de ti y hablas de tu alrededor. ¿Qué ha provocado el cambio?

Dos cosas. Por un lado, yo siempre he tenido un perfil no musical muy comprometido. Eso no significa estar en muchas oenegés, sino cuestionarme. (Se interrumpe). Que también. Por Dios, que no me llamen más porque me hago de todas. Mensaje a las oenegés: si me queréis, no me llaméis porque ya no me queda más dinero. (Riendo). Me interesa la política. Intento, dentro de las contradicciones de vivir en una sociedad capitalista y de tener un poder adquisitivo que me permite vivir tranquila, ser consciente de que mi situación no es la de todos. Antes no había encontrado la manera artística de plasmar mis ideas sociales. Y, por otra parte, ya me tocaron los ovarios. Exploté.

¿Cómo?

Con el #MeToo y el 8M se empieza a ver más capacidad de reivindicación sin que nos juzguen por ello. Esto ha coincidido con ser consciente de que tienes una responsabilidad para con la sociedad en la que vives. Sería bueno que los que tenemos un altavoz más grande lo empleemos para que la gente reflexione. La gestación subrogada era un tema que no me había planteado hasta que me di cuenta de que, quizá, estar utilizando y considerando a la mujer una mercancía de la que se puede usar una parte de su cuerpo solo bajo el interés de una serie de personas puede que no esté del todo bien, de que tal vez hay que ver si este debate a lo que lleva es a cambiar la ley o a mantenerla y a que la gente vea lo que lleva a una mujer a alquilar su vientre. Empecé a hablar del tema y comencé a escribir textos en la línea de “me duele este país que adoro, qué nos está pasando”. Era un poco más naif, y si lo hacía, lo tenía que hacer bien. A medias no va a ningún sitio. Y pensé “pues igual la lío”.

Y la has liado.

Tenía miedo. Por sacar algo nuevo y por el ego de artista de “le tengo que gustar a todo el mundo y, Dios mío, qué va a pasar si no lo hago”. Pero no le puedo gustar a todo el mundo y mi idea es que reflexionen. Con que tengan una conversación con su entorno, me vale. No entro a ver los comentarios y solo leo aquello en lo que me mencionan.

¿Ha habido alguna reacción a la canción que con la que hayas pensado “ya está, ha merecido la pena”? Muchas. Me pongo a llorar, de verdad, porque (se le saltan un poco las lágrimas) estoy en una burbuja. El día que lo sacamos gente del mundo de la música, de la política y periodistas importantes empezaron a seguirme y a mandarme mensajes. Que Alberto Garzón la compartiera públicamente y me mandara un privado no lo esperaba. La parte egocéntrica, la que solo piensa en “me van a odiar”, no se plantea que esto vaya a significar algo. Ahora la canción ya no es ni mía.

Ya hablan de ella como himno feminista.

Y me muero. Porque los himnos no se imponen, los elige la gente. Pasó con Respect, de Aretha Franklin, o con A quién le importa, de Fangoria. Tú no controlas el impacto que tienen las canciones y es parte de la magia de esta profesión. Yo cuento una cosa que en un momento me indigna y esa canción trasciende. No consigo elaborar un discurso porque me emociono. Yo empecé haciendo canción protesta con 12 años, pero no tenía nada personal de lo que hablar.

¿Sobre qué protestabas?

Tenía una canción que se llamaba Noxera, por no–xenofobia–racismo. No podía ser más obvia, pero tenía 13 años. Yo no tenía ninguna experiencia vital de la que hablar y los cantautores que escuchaba se quejaban de cosas, así que yo pensaba que si hacía canciones tenía que quejarme. Luego ya empecé a vivir, pero había una vocación en esa ingenuidad preadolescente. Esto lo olvidé. Una de las personas que me ha emocionado, volviendo a eso, ha sido una ensayista feminista que se llama Pilar Aguilar Carrasco. Que ella lo compartiera y me escribiera dándome las gracias es de las cosas más bonitas que le podría haber pasado a la canción.

¿Te da miedo que en algo te estés equivocando y, con la repercusión que tienes… (se adelanta)

Más que nunca. Yo siempre he sido bocachancla. Recuerdo entrevistas mías diciendo que la discriminación positiva era absurda porque había que elegir el talento, no al género. Ahora me daría una colleja y me diría “tía, no es todo tan blanco o tan negro, la discriminación positiva es un proceso para llegar a una normalización”. Y ahora, al escribir un tuit, me freno más que nunca. Me da rabia porque creo que todos tenemos derecho a aprender de nuestros errores y esta justicia del pueblo, que te lincha antes que la real, me parece muy injusta. En el último año y medio me he informado más y he compartido menos. Para no dar pistas y por si estaba equivocada. En la canción no le digo a la bestia lo que no tiene que hacer, sino que lo haga él: “prostitúyete tú y que sea tu hermana la que tenga los hijos de los demás”. Le estoy diciendo “ten un poco de empatía”.

Zahara
Fotos: Gema López

¿No conoces a ninguna mujer que defienda la gestación subrogada?

 Alguna. Conozco más hombres. Y son amigos. También tenía miedo de perderlos. Por suerte, la amistad es más fuerte. Con ellas me cuesta más entenderlo. Pero yo hasta que no he sido madre, no he sabido que esto solo se pasa por un hijo. Lo que más me duele de la gestación subrogada es que existan granjas de mujeres y que se necesite ayuda psicológica para desprenderse del hijo.

El argumento es que en una maternidad subrogada bien regulada las mujeres pasan por exámenes, hay acompañamiento psicológico, un contrato, una comprobación del estado de económico de las mujeres para no escoger a las más vulnerables. Imagina que se pudiera pagar por un riñón. ¿De qué estaríamos hablando? Yo, que tengo mucho dinero, voy a sobrevivir y se lo voy a comprar a Fulanito, que le da igual vivir con un riñón menos porque no lo necesita y está en calle. ¿Cuántas mujeres de verdad lo harían de forma altruista? Siempre hay una compensación económica. Que haya casos excepcionales no justifica la inmensa mayoría, que son las que lo hacen para salir de una situación de pobreza. No niego que haya gente que lo quiera hacer, pero no se puede hacer de la excepción la norma.

Supongo que tu opinión sobre la prostitución va por el mismo camino.

La prostitución no existiría si el cuerpo de la mujer no fuera considerado algo que un hombre puede poseer cuando quiera. Que haya prostitutas que dicen querer serlo porque les gusta no significa que la inmensa mayoría no sean violadas. Hay un planteamiento básico que me hace contestar a esto: ¿respondería un niña en el colegio a “¿tú qué quieres ser de mayor?” con un “yo quiero ser puta” o ”quiero quedarme embarazada y tener los hijos de otros”? Hay cosas que no deberían supeditarse a este liberalismo bestial en el que todo se puede comprar si hay alguien con necesidad de venderlo.

O sea, que el deseo se convierte en derecho.

Y por mucho deseo que tú tengas de ser padre, no es un derecho. El derecho es el derecho a la vida, al trabajo, a la integridad física, a la alimentación, a la educación. 

Leí que te costaba encontrarte a ti misma en el posparto. ¿Regresas de vez en cuando a esa sensación o ya estás completamente Zahara?

La maternidad produce la pérdida temporal de la identidad. Nunca vuelves al lugar de origen. Es una cuestión de la propia imagen que uno tiene de sí mismo. Fíjate cómo de importante es en cómo nos sentimos que por eso hay personas transexuales que sienten que son de una manera que físicamente no se corresponde y lo quieren cambiar. Es importante que la identidad mental y la física vayan unidas. Lo que eres no te gusta porque antes tenías una deformidad fruto de un niño que ahora es una en la que los órganos, tus tetas y tu vagina están en otros sitios. Hay un proceso que suele durar un año, que es justo donde estoy (Alguien de su equipo interrumpe: en diez minutos tienes que salir a por el churumbel, más o menos. Van a dar las 15. Está a punto de acabar la guardería) que viene tras identificarte con absolutamente nada de lo que estás viviendo porque no sabes lo que eres. El proceso de adaptación es difícil. Eres otra, ni mejor ni peor.

Escribe Hollie McKnish en Nadie me ha dicho que muchas mujeres después de leer su libro le han dicho que ellas en algún momento también se han arrepentido de haber sido madres.

Yo no me arrepiento, pero yo no volvería a pasar por esto. Ahora que lo sé, no quiero volver a serlo.

¿No?

No. Me ha encantado hacerlo, me encanta mi hijo y quiero dedicarme tanto a él que bastante difícil va a ser hacerlo bien con uno como para intentarlo con dos. Pero no quiero volver a pasar por lo que pasé. Me niego. 

¿Al parto o a lo que vino después?

Embarazo, parto y posparto. Ha sido un año del peor momento físico y mental de mi vida. Hay un momento en el que es normal que tengas dudas, miedos, que odies a tu hijo. Si sobrepasa la cuarentena, hay que ver si tienes una depresión posparto complicada. En mi caso sangraba, chorreaba, tenía fluidos por todas partes de mi cuerpo, tenía dolor, no entendía nada. Y en la ducha pensaba “¿qué coño he hecho? Que yo tenía una vida estupenda. Corría, charlaba, dormía, adoraba a mi marido, viajábamos”. Ese momento, por suerte, se pasa. También tranquiliza saber que era algo normal. Por eso lo digo, para que quien lo lea y lo haya sentido diga “no soy una mala madre”. Se pasa. Y de una manera maravillosa. Yo ahora quiero estar con mi hijo porque me lo paso muy bien.

Cuando estás encadenando conciertos, ¿has sentido la culpa de “tendría que estar con él en vez de aquí”?

Estoy muy feliz. No he perdido mi vida y no me he perdido a mi hijo. Él va a la guardería y a las tres está en casa, pero seguimos con niñera. Si tengo que trabajar en casa, está atendido, pero yo lo veo todas las tardes. Lo saco de paseo, lo baño, juego con él, le doy la merienda, trabajo con intermitencias. Al principio no me quería separar porque crees que todo el mundo lo va a matar. Me alegro mucho de haber podido gestionarlo.

El privilegio, entonces, está en poder tener a alguien.

Por eso digo que la conciliación es una farsa. Yo lo he podido hacer porque tengo un poder adquisitivo que me lo ha permitido y porque he ahorrado. Si no, me tendría que haber planteado si trabajaba o si tenía un hijo. Esa pregunta es injusta y debería resolverla el estado si quiere que este país no envejezca. Que nos ayude a poder seguir trabajando y a que no nos echen por estar embarazadas, a que no tengamos que elegir. Sobre todo, porque los hombres nunca han tenido que plantearse si tener hijos o trabajo.

Es lo que luego incide en la brecha salarial. Además de remendarla, ¿qué más le queda al feminismo en Occidente?

¿Sabes el problema? Que como el feminismo ya abre las noticias sin que sean cuatro locas feministas con pelos en los sobacos, parece que “bueno, ya somos feministas, ya no hay nada más que hacer”. Pero aún hay asesinatos de mujeres a manos de hombres cada año. Y si no existe una educación sexual en los colegios que explique a los niños qué significa que te toquen, dónde, quién, qué tienes que permitir, qué no... Si no se empieza a trabajar como una asignatura desde la infancia, hasta donde lleguemos, llegaremos. Es una cuestión prioritaria.

Si la única educación es el porno, con el libre acceso que hay ahora, si estás dejando creerles que eso es lo normal, aparecerán muchos problemas, desde unos relacionados con la eyaculación precoz a otros con el maltrato. La educación sexual es algo que la sociedad debería proporcionar. Es fundamental que un niño sepa qué partes de su cuerpo pueden tocar los otros o si pueden desnudarse porque alguien se lo mande. Cada vez que leo una noticia sobre abuso infantil, pienso” pero qué tipo de sociedad asquerosa estamos construyendo”. Mientras eso exista, dime tú qué nos queda por hacer.

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