Childfree: cuando no tener hijos es una elección

Son jóvenes, atractivas, exitosas y fértiles . Tienen trabajo y se quieren. Pero no tendrán hijos . La vida Childfree es una tendencia que ya define a miles de parejas en el mundo.

Elisabeth y Alejandro en el restaurante Dray Martina (Madrid)

Elisabeth Falomir y Alejandro Morellón se conocieron en una fiesta hace dos años. Flechazo, noviazgo relámpago y en nada ya estaban deshaciendo cajas de libros y discos en un piso común. Todo en seis meses. Y eso que ninguno de los dos: él, 28 años, escritor –acaba de publicar «La noche en que caemos» (Eolas)– y ella, 25, editora en Gadir, tenía en sus planes empezar una relación estable. «Desde el principio estaba claro que nos gustábamos –cuenta él–. Quizá porque los dos valoramos la soledad y estábamos perfectamente el uno sin el otro, llegamos a la conclusión de que éramos más felices juntos.»

Lo tienen todo: amor, trabajo, pasión por lo que hacen, juventud, fertilidad... pero esta pareja ha decidido no tener hijos. Hoy es una opción conjunta, pero lo cierto es que cada uno ya había tomado la decisión individualmente antes de conocer al otro. Cuando se encontraron, confluyeron dos voluntades pero una sola forma de ver la vida. «Lo sabíamos antes de estar juntos. Creemos que mucha gente tiene hijos por una especie de convención social, pero nosotros tenemos una convicción moral para no hacerlo. Nos apasiona nuestro trabajo, queremos viajar, mudarnos, no estar atados a una ciudad, a una rutina. Hay quienes salen de la oficina y solo esperan desconectar junto a la familia. Por eso tienen hijos, para dedicarles su tiempo libre –explica Alejandro–, pero nosotros tenemos otras cosas a las que dedicarnos».

Elección personal

La vida sin niños se ha convertido en los últimos años en una tendencia que crece y se multiplica como sinónimo de elección personal, respetable y hasta ejemplar. La etiqueta «Childfree»–que define ese espacio libre de pequeños y ruidosos humanos– cuelga de las puertas de un número cada vez mayor de parejas contemporáneas. El término no es nuevo, tiene su correspondiente entrada en el «Oxford English Dictionary». Las cifras son contundentes: ya se cuenta un 20% de europeas sin hijos (de estas solo el 3% se declara estéril). Mientras el número de hogares españoles formados por una pareja con tres o más hijos se ha reducido un 32,8 % en una década (2001-2011), sorprendentemente los formados por parejas sin hijos han aumentado en un 45,1 %. Y ya son cuatro millones: casi el 9% de la población.

Elisabeth, pareja de Alejandro, está hasta el gorro de que algunos de sus amigos y su resignada familia le repitan la manida frase «ya te llegará el instinto maternal», ignorando que los estudiosos del género llevan años cuestionando que ese deseo exista como certeza científica. El último libro sobre la cuestión, «Mujer sin hijo» (Tanyible), de Jenn Díaz, recrea una hipotética  sociedad en la que todas las mujeres son obligadas por el gobierno a sermadres. Una ficción no muy lejana a la realidad actual (ver la reforma  de la ley del aborto de Gallardón), en la que se sigue intentando legislar sobre el cuerpo de las mujeres e intervenir en sus decisiones. «Suele haber dos reacciones. La primera: “¡pero qué egoísta!”, y la segunda: “bueno, espérate, eres muy joven, ya te llegará...”», advierte Elisabeth. «Pero el argumento biológico no me sirve. Porque si yo  quisiera ser madre, biológicamente hace mucho que estoy preparada: las ganas tendría que tenerlas ya. No tengo en absoluto esa especie de impulso, de vocación por el  sacrificio, de preocupación constante por cuidar al otro. Ese espíritu de resignación.Me cuesta imaginarme como alguien que cambie su vida por  un hijo», relata.

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