Opinión

Volvamos al 8M: ¿qué es eso de 'sola y borracha quiero llegar a casa'?

"El adjetivo que yo necesito es cansada y asociar ocio y emborrachamiento me aburre como el relato de un sueño ajeno. A alguien le leí una vez que, de verdad, lo aseguraba, a él le gustaba beber. Por eso, escribía, no se emborrachaba".

Irene Montero, ministra de Igualdad, en la manifestación del pasado 8M. Gtres.
Irene Montero, ministra de Igualdad, en la manifestación del pasado 8M. Gtres.

Tengo un hilo cerebral. Suena cuando debería pensar. Cuando tiene tareas mi cerebro huye hacia la música. Ahora me da botes contra el cráneo la canción de apertura de Los Picapiedra. He escuchado a mi vecina canturrear dos notas mientras preparaba una lasaña (demasiado gruesas está poniendo las capas, se lo ha dicho ya dos veces su marido) y ahora lleno de tarararas lo que viene después Pe-dro-Pi-ca-pie-dra y que nunca me he sabido. A ratos me interrumpen frasecillas. Cantinelas. Cánticos de manifestaciones en las que nunca he estado. Reptan hasta la lengua del cerebro mientras unto las tostadas, se filtran entre las ideas cuando llego tarde a una comida, se ponen en medio como la chica con auriculares y manicura nacarada que cada mañana se sube al metro para apearse en la última parada y entretanto se queda frente a la puerta, tiesa y con la mirada perdida, como si mantuviera una apuesta con los guardias del palacio de Buckingham.

Las cancioncillas de mi cerebro saltan. Estoy escribiendo y es-ta-es-la-ju-ven-tú-del-Papa. Hago una maleta y no- somos-fachas-somos-españoles. Me cambio de ropa y fuera-fascistas-de-la-ma-ni-festa-ción. Hago un bailecito con las manos, como de monitor de aquagym en la piscina de un hotel, y, solay-borracha-quiero-llegara-casa, cojo mi camisa blanca favorita. Ese último suele acabar en silencio. No admite bucles. Lo único en lo que me engancho de él es en que quiero llegar a casa. Siempre quiero llegar a casa. Incluso cuando ya estoy en la cama. 

"El adjetivo que yo necesito es cansada y asociar ocio y emborrachamiento me aburre como el relato de un sueño ajeno. A alguien le leí una vez que, de verdad, lo aseguraba, a él le gustaba beber. Por eso, escribía, no se emborrachaba".

El Ministerio de Igualdad tuiteó la frasecilla y lo acusaron de incitar la embriaguez. La rima no había nacido del ingenio de las prestigiosas mujeres que lo forman. Solo recordaban el cántico que se coreó en 2019. Conmigo conecta como los hacen las películas bélicas. Sustitutivos de la tila. El adjetivo que yo necesito es cansada y asociar ocio y emborrachamiento me aburre como el relato de un sueño ajeno. A alguien le leí una vez que, de verdad, lo aseguraba, a él le gustaba beber. Por eso, escribía, no se emborrachaba. El alcohol solo debería hacer a las cosas relumbrar. Es suficiente con que las palabras parezcan resbalarse y todo se mueva como si Dios hubiera pulsado el x8 de la Tierra.

En enturbiar de forma voluntaria la conciencia existe una responsabilidad. Una bárbara. La traición que más lastima es la de la euforia rebanada. Las alarmas del recreo, las llamadas a medianoche. El ocio enaltece los desastres. Las del fin de semana son también las horas más crueles. 

 

Esta columna de opinión apareció originalmente publicada en el número de abril de 2020 de la revista Marie Claire.
Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

Continúa leyendo