Opinión

¿Puede ser feminista de verdad una mujer con tacones?

"Las mujeres", apunta la escritora Clara Serra, "hemos peleado mucho por acceder al empleo remunerado, a las universidades y a los ejércitos y en esa historia dimos también la batalla por ponernos pantalones".

tacones mujeres serra
Tacones, sí. Puñetazos, no. Getty.

Una de las claves del avance del feminismo estos años es que lo han encarnado mujeres diversas y que ha salido de los reductos culturales y políticos en los que mujeres muy instruidas que habíamos leído muchos libros lo practicábamos. Por supuesto, para que no pierda su poder transformador, el feminismo tendrá que seguir siendo profundamente político (porque viene a cambiar de arriba a abajo nuestra sociedad), pero tendrá que ser, también, plural y popular. Aquí cabemos todas y por eso el feminismo nunca debería dedicarse a repartir carnets, a instaurar una ortodoxia o a pretender que haya una manera correcta de ser feministas.

 

"Todavía a día de hoy muchas mujeres -y no solamente lesbianas- saben el castigo que puede suponer para una mujer encarnar la masculinidad". 

 

Una vez, hace años, mis amigas y yo escuchamos a una pensadora muy respetada decir que “no se puede hacer feminismo subida a unos tacones”. ¿Es que acaso ser feminista tiene que ver con seguir todas una misma manera de vestir? ¿Es que las estéticas de la feminidad podrían ser un impedimento para sacarnos un carnet? Las mujeres, a las que se nos ha apartado históricamente del poder, el conocimiento o la ciudadanía, hemos peleado mucho por acceder al empleo remunerado, a las universidades y a los ejércitos y en esa historia dimos también la batalla por ponernos pantalones. Vamos llegando a esos espacios tradicionalmente reservados para los hombres y todavía a día de hoy muchas mujeres -y no solamente lesbianas- saben el castigo que puede suponer para una mujer encarnar la masculinidad. 

"Pareciera que elegir la feminidad es incompatible con la autonomía, la fortaleza, la seguridad en una misma o la profesionalidad. Hay que impugnar esa trampa".

Ahora bien, hay otra cara de esa moneda. Las mujeres que disfrutan siendo femeninas, pintándose los labios de rojo o recorriendo en plataformas la ciudad tiene también un estigma grabado en sus cuerpos. Porque pareciera que elegir la feminidad es incompatible con la autonomía, la fortaleza, la seguridad en una misma o la profesionalidad. Hay que impugnar esa trampa. Se puede ser feminista subida a unos tacones porque, de hecho, hay maneras de ser femeninas profundamente incómodas y rebeldes para un mundo que durante siglos nos ha planteado la disyuntiva entre ser mujeres femeninas y sumisas o tratar de convertirnos en hombres libres. Es esta disyuntiva tramposa la que el feminismo ha venido también a romper. Y para eso es preciso defender a las feministas en toda su escurridiza e incontrolable pluralidad. Seamos masculinas o femeninas, lesbianas butch o chicas femme, llevemos corbatas o tacones de aguja hemos venido a tomar el poder y ni para eso ni para ser feministas necesitamos ningún carnet.

Esta columna de opinión apareció originalmente publicada en el número de abril de 2020 de la revista Marie Claire. 

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