Cuarta ola feminista: ¿de verdad son necesarios todos estos libros?

En las capitales desborda las calles, en internet domina la conversación y las librerías rebosa las estanterías. Algunos hablan de la cuarta ola del feminismo. Indagamos en sus causas y ojeamos su futuro. Este es un reportaje en tres partes y esta, su última entrega.

Annie Sprat/Unsplash

La primera escritora de la historia, se suele convenir, fue Christine de Pizan. En el siglo XV la italiana imaginó una sociedad donde la educación recibida por las mujeres no nacía de los hombres. Luego llegaron Poulain de la Barre, John Stuart Mill y Mary Wollstonecraft. Con El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, y La mística de la feiminidad, de Betty Friedan, la literatura feminista alcanzaba la cima. En España, Emilia Pardo Bazán o Carmen de Burgos escribían crónicas y críticas. Ahora el feminismo se divulga en forma de poemas, ensayos, novelas, obras de teatro, canciones y haikus. "En un mundo saturado de alternativas de ocio", reflexiona Belén López Celada, directora editorial de Planeta, Crítica, Ariel y Península, "cada vez se da más valor al componente utilitario de los libros. Mientras sigan siendo útiles para capas amplias de lectores, habrá espacio. No creo que el boom desprestigie al movimiento. Lo que sí ocurrirá es que aparecerán voces críticas con razonamientos de peso, como Jordan B. Peterson, que en su paso por España sorprendió a muchos con la brillantez de sus argumentos, contrarios a lo que él llama ideología de género". Para Alicia H. Puleo, directora de la línea Feminismos de Cátedra y autora de Claves ecofemenistas, "el problema para el feminismo es la proliferación actual de obras que se definen como feministas sólo porque es la etiqueta de moda, pero están escritas por personas con escasa formación en el tema. Dicho esto, celebro que la ola lleve a publicar más, mucho de lo que se publica es bueno y necesario".

Ojeando el futuro

Begoña Villacís, en el cartel de la campaña a la alcaldía de Madrid 2019.

 

Tras el caso Weinstein, la feminista australiana Germaine Greer, que en La mujer eunuco defendió que la libertad con la que la mujer nacía era constreñida solo por las convenciones sociales, indicó que "si abres la piernas porque te prometieron un trabajo y tú accedes, estás dando tu consentimiento". En la misma línea camina la académica Camille Paglia. Las mujeres, escribe, deben asumir las responsabilidades de sus actos para ser, de verdad, libres. Deben endurecerse. Convertir una cita de la que se arrepienten en una violación, dice, las infantiliza, frivoliza los abusos reales. El feminismo contemporáneo, añade, debe hacerse cargo de mejorar la vida de las mujeres empleadas en hogares adinerados y del efecto de la maternidad en la vida de las mujeres. Patricia Merino, autora de Maternidad, igualdad y fraternidad, coincide con ella. Se ha de barrer el antimaternalismo de los principios del feminismo hegemónico y combatir la "expropiación" de la maternidad.

A Puleo le "gustaría que el impulso durara hasta que se consiguieran sus metas: mejorar la situación laboral y salarial de las mujeres, terminar con la complicidad social con respecto al abuso sexual y detener el proceso de creciente mercantilización del cuerpo de las mujeres. Pero soy consciente de que los movimientos suelen funcionar por ciclos. Cuando uno consigue algunas de sus demandas, suele volver al estado de latencia. Tiempo después, cuando todo el mundo lo creía terminado, vuelven a darse las condiciones generacionales y políticas que encienden nuevamente la mecha y se relanza. Ahora bien, se reanudará, como hasta ahora, en una fase superior".

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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