Mithu Sanyal: "No hay que encasillar a una persona que ha sufrido una violación, tiene su propia manera de afrontarla"

Su sombra condiciona las interacciones dentro de nuestra sociedad desde hace siglos. La violación, que provoca tanto el pánico como el disgusto, apela a una reflexiona profunda. ¿De dónde viene, a qué se debe, cómo prevenirla para evitar que se repita? La autora alemana Mithu Sanyal se propone averiguarlo y difundirlo, a través de su nueva obra: "Violación: Aspectos de un crimen, de Lucrecia al #MeToo".

Mithu Sanyal / Penguin Random House Grupo Editorial

No importa el lugar, ni la condición y menos el entorno. Millones de niñas, adolescentes, mujeres procuran desenvolverse en una sociedad en la que se les recuerda constantemente una misma realidad: cuidado con lo que hagas, adonde vayas, con quien te relacionas. El peligro es constante. Y la violación, monstruo terrorífico desde nuestra tierna infancia, es parte de ello. Este miedo perpetuo, cual espada de Damocles, sobre cualquier persona cuyo 23 par cromosómico sea XX es alimentado casi desde que empezó el mundo. ¿Por qué no ahondar en el tabú y explicar las vertientes de este crimen?

La autora alemana Mithu Sanyal, exitosa autora de la obra Vulva. La revelación del sexo invisible, relato reflexivo sobre el órgano interno, deseado y temido a la vez, vuelve con una obra que según sus propias palabras, no era voluntariamente controvertida. ¿Por qué haber elegido el tema de la violación?: “Tras haber publicado mi primer libro en Alemania, mucha gente me hizo preguntas relacionadas con la violación. Empecé a realizar muchas búsquedas y a ver el vínculo entre vulva y violación, no porque tenga que ser violada, sino porque existe en nuestra cultura la idea de que la vulva es como una “zona de paso” abierta vulnerable el pene agresivo."

"El pene se ve como un arma y la vulva como una puerta desprotegida. Quise explorar y entender por qué se hablaba de ello de esta manera, ya que si nos fijamos el pene es en realidad más frágil. Los genitales son la parte más vulnerable del cuerpo, especialmente el escroto. Es de hecho mucho más vulnerable que la vagina. ¿Cómo es posible que en nuestra imaginación hayamos llegado a la conclusión de que el pene es un arma indestructible?”.

La mujer, considerada pasiva sexualmente

Portada / Penguin Random House Grupo Editorial

La percepción actual de los roles de género, y de la propia concepción de la violación, tiene que ver con factores culturales que han ido modelando los constructos de la sociedad. En este sentido, Mithu Sanyal explica que se ha tardado en definir la mismísima palabra porque no hay una forma de violación sino muchas.

A lo largo de la historia, se ha definido la práctica correcta e incorrecta o punitiva del sexo. De hecho, como lo recuerda la autora: “Observando la ley, solo se consideraba violación las relaciones realizadas fuera del marco del matrimonio. Se daba por hecho que su estabas casado/a, tendrías una práctica aceptada mutuamente. Es evidentemente falso.” Se quería proteger, en cierto sentido, de la atrocidad sexual. Tal y como lo recuerda la autora, otra de las razones por las que se tardó en definir formalmente era que la gente temía que si se ampliaba la definición, se tendrían que definir también otras y no se tomara tan en serio. O sencillamente, que surgieran varias percepciones: “Realmente si lo preguntas a desconocidos por la calle, todos te dirán que es un crimen horrible, probablemente el peor pero puede que no todos coincidan en una definición, porque es un tema con una fuerte carga emocional. Es también un sujeto que acaba en las conversaciones, con la misma conclusión: la violación es mala. Por supuesto que lo es, pero la pregunta es cómo hacer para que cese, para prevenirla.

La sexualidad de la mujer fue a su vez cuestionada durante siglos, con la idea persistente de que no tenía libido. Hasta el siglo XIX, la experta recalca que las mujeres se veían como pasivas, y los hombres como activos. La sexualidad de la mujer, dominada hasta entonces, parecía haberse despertado de repente. Los roles de género estaban en este sentido definidos: “Si decías si al sexo, eras percibida como una prostituta, si querías tener relaciones con un hombre tenías que decir no y se esperaba de él que insistiera una y otra vez. Ocurre lo mismo hoy, en una discoteca, si me gusta un hombre y quiero tener relaciones con él, se espera que no me acerque, sino que él me mande determinadas señales. No debería hacer el primer paso. De igual manera, persiste la famosa regla los tres días (esperar este tiempo antes de llamar o escribirle). Si la rompo pensará que estoy demasiado apegada”, explica a modo de ejemplo la autora. 

Concepto de honor

Mithu Sanyal / Penguin Random House Grupo Editorial

Esta imagen fue en parte fomentada por los medios e incluso obras culturales: “Los hombres acabaron creyendo que si las mujeres decían que no era en realidad para que insistieran más. Todas las películas de Hollywood nos mostraron esta imagen del hombre que persigue a la mujer, ella no sabe qué hacer y de repente, descubre que está enamorada de él. No tiene que ver con la realidad pero es así como se percibe. Mucha gente, y especialmente estudiantes, me comentan que se sienten inseguros porque no saben ya como ligar. ¿Cómo no traspasar las fronteras? Mis estudiantes chicas me preguntan de hecho: ¿puedo acercarme a un hombre? Es realmente perjudicial.” Mithu Sanyal comenta, en este sentido, la necesidad de enseñar el consentimiento, siguiendo la idea del body positive. “Lamentablemente en la actualidad, se espera de las mujeres que digan no, y los hombres aceptarlo. Pero no es una sexualidad feliz, tener la posibilidad de decir que no es la base, pero también la posibilidad de decir lo que quieres. En muchas jornadas a las que participo, no saben lo que quieren porque no se les pregunto, especialmente mis estudiantes chicas. No han pensado en lo que realmente desean.”

Persiste asimismo la idea en nuestra sociedad de que la violación solo afecta a las mujeres. Tal y como lo explica la autora, se trata una vez más de una cuestión histórica y cultural: “en la historia de Europa, se supuso durante mucho tiempo que la vagina era un miembro virginal. El honor de una mujer tenía que ver con que estaba honradamente casada, mientras que el de los hombres tenía más bien que ver con su actitud en el campo de batalla, fuera de casa. Ambos podían perder su honor. Si una mujer se acostaba con un hombre que no fuera su marido, podía perderlo, al igual que si era violada. Los hombres no podían perder su honor siendo violados, sino negándose a combatir. Ambos podían estar castigados por perder este honor ya que tenía que ver con su posición en la sociedad. Era crucial. Si perdían su honor, perdían también su posición en la sociedad, y se esperaba de ellos que se maten, y si no (con la llegada de la era cristiana dejó de ser el caso, ya que se consideraba el suicidio como un gran pecado), debían marcharse, castigarse a sí mismos."

"La palabra misma, rape (violación) proviene de la raíz latina “rapere”, que significa un robo. La mayoría de países europeos aceptaban esta idea de violación como robo del honor. Hasta 1995 en Alemania, por ley se consideraba que solo las mujeres podían ser víctimas de violación, y los hombres potenciales violadores. La ley cambió dos años más tarde. No se podía concebir, era apenas creíble que un hombre fuera violado. Se consideraba que las mujeres no tenían libido, ni poder sexual entonces no podía ser destructor." De ahí la persistencia e incapacidad de ver a un hombre como una posible víctima. Se consideraba hasta hace poco que  "era un crimen de hombres hacia mujer cuando realmente es de la determinación sexual de cualquier individuo." Tal y como lo recuerda la autora, de ahí nace la necesidad de ser más empáticos con los hombres ya que potenciando su empatía hacia sí mismos y renunciar a expresiones como "no seas una nenaza", pueden a su vez desarrollar una mayor empatía hacia los demás.

La percepción de la víctima

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Mithu Sanyal expone a su vez de forma clara a través de varios capítulos clave de su relato la necesidad de dejar libertad y autodeterminación a la persona que ha sufrido una violación, y sobre todo no encasillarla de manera a que sea capaz, por sí misma, de encontrar su manera de afrontarlo. 

A lo largo de la historia, se consideraba que la desesperación tenía que ser proporcional a la pérdida del honor ligada a la violación. Cuanto más desesperada y dispuesta al sacrificio estaba una mujer, más honor tenía. En la actualidad, ya no se habla tanto del concepto de honor sino de trauma. La escritora recuerda en este sentido que es imprescindible tomarlo en serio, y a su vez entender que las víctimas también son resistentes y pueden encontrar vías para superarlo. Pone de relieve el caso de Natascha Kampusch, la joven austríaca secuestrada por Wolfgang Přiklopil  durante más de 8 años. "La gente se sorprendió al ver que no estaba "lo suficientemente" destrozada. Se trata de dar opciones a las víctimas. Todos vivimos las cosas de forma diferente, y tenemos que ayudar a la gente en este sentido, y no esperar de ellos que reacciones de una cierta manera para demostrar que son víctima reales. Tenemos una imagen muy clara de lo que es una víctima real, y en realidad existen varias. No significa que las personas que se derrumban lo hacen mal, sino que tenemos el derecho de gestionarlo de la manera en la que nosotros lo consideremos, y no según lo que opine la sociedad o los demás."

Insiste en este sentido: "Es realmente importante tomar en serio a las personas que afirman que están completamente destrozadas por una experiencia. El problema llega cuando a las personas que afirman que se sienten bien, se les pregunta: “¿Estas seguro/a de no estar en la negación?”. Es indispensable analizar cómo reacciona el entorno después de la violación, no solo el acontecimiento en sí. En esta situación en la que tu identidad ha sido anulada de una forma agresiva, nace un trabajo importante de reconstrucción que pasa por contarlo a otras personas. Sin embargo, hay personas que consideran que sufrir una violación conlleva estar destrozado  para siempre y en este sentido, no dan la posibilidad de reconstruirse. La recuperación es un proceso individual, afrontamos todo lo que nos ocurre de una manera diferente. Si afirmas que solo hay una manera de reaccionar ante una violación, restas individualidad a las personas. Niegas esta posibilidad de reaccionar."

Constructos invisibles

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¿Por qué la mujer se sigue asociando a su sexualidad por una parte de la sociedad? Tal y como lo recuerda la autora, tiene que ver con que realmente "no hablamos de eso, son tradiciones invisibles. Existen imágenes claras pero no podemos realmente decir nada en contra de ellas porque no sabemos de donde provienen." La invisibilidad de estas tradiciones se suma parcialmente a un ausencia de documentación suficiente sobre el tema aunque la prevención existe. Subraya en este sentido, que es lo más indispensable: "¿Qué podemos hacer para la prevención? No quiero que el estado sea el guardián de mi sexualidad, sino autodenominarse. Quiero tomar mis propias decisiones".

Las mujeres crecen con este peligro, invisible pero presente, inculcado de generación en generación. "Crecí con esta idea de “Ten cuidado si sales de casa sola por la noche”, y es interesante porque las estadísticas confirman que los hombres tienen en realidad más probabilidad de ser atacados que las mujeres. Al mismo tiempo, el riesgo de ser violada para una mujer es más importante en casa, por lo que incluso estas informaciones son habitualmente falsas." Esta percepción afecta de lleno la construcción de nuestra identidad sexual: "La construcción depende de nuestra interacción con los demás y de la experimentación, por lo que se nos suele decir: "si no estás muy segura no lo hagas". Es una pena. En los años 60 triunfaba la idea de que el sexo era bueno para la paz en el mundo, con el famoso eslogan "haz el amor, no la guerra", y ahora triunfa la idea de que es peligroso. Ninguna de estas ideas es mala o buena. Es sencillamente importante tomar sus propias decisiones acerca de ello."

Mithu Sanyal afirma a su vez en uno de los últimos apartados de su libro que "la violación es el resultado de un espacio social en el que algunas funciones culturales lo promueven y otras van en contra". Lo justifica en este sentido: "Si queremos prevenir la violación, tenemos que analizar las grandes estructuras. En la cárcel hay mucho más violaciones que fuera, y tiene que ver con su propia estructura que la promociona. En el ámbito militar, se producen también estadísticamente más. Es sorprendente. De igual manera, los refugiados que tienen que abandonar su país por razones políticas o medioambientales corren más riesgos"

Precisa a su vez que cuanta más igualdad tenga una sociedad se reducen las probabilidades de violaciones: "de ahí la importancia de entender que no se trata de decir: busquemos a estas malas personas para que no violen más. La responsabilidad de la sociedad es imprescindible."

Su nueva obra, controvertida pero definitivamente amplia y abierta sobre la idea de violación, tiene un objetivo claro: "prevenir la violación, cambiar su cultura y conseguir que nuestra sociedad sea más igualitaria, en paz y respetuosa."

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