Fallece la primera mujer por un aborto clandestino en Argentina tras el "no" del Senado

La víctima ingresó en el hospital el pasado domingo al contraer una infección por un intento de aborto con perejil. Su muerte relanza la polémica sobre el rechazo de la ley del aborto legal por el Senado la pasada semana.

Una mujer de 34 años falleció de una infección al intentar abortar clandestinamente con un tallo de perejil, planta conocida por su supuesto efecto sobre la expulsión del embrión. Había ingresado en el hospital de General Pacheco en Buenos Aires el pasado domingo, antes de ser traslada al hospital Magdalena Villegas de Martínez, con una infección grave que implicó la extracción de su útero. Pese a la intervención y a su traslado en terapia intensiva, falleció en la madrugada por un shock séptico, dejando huérfano su hijo de dos años. Era el tercer aborto casero que llevaba a cabo la víctima.

Su muerte reavivó las tensiones ligadas al "no" al aborto legal votado por el Senado hace una semana y provocó una ola de protestas en todo el país. El martes por la tarde se convocó un "Pañuelazo contra el aborto clandestino" frente al hospital donde murió la víctima. La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito emitió ante la tragedia un comunicado: "Cada muerta y presa por abortar es responsabilidad del Poder Ejecutivo Nacional y de lxs 40 senadoras y senadores, integrantes del Poder Legislativo, que se abstuvieron o votaron en contra de nuestro derecho a la vida”.

El Senado argentino rechazó, por 38 votos frente a 31, la ley que permite la interrumpción voluntaria de embarazo en las 14 semanas de gestación. En la actualidad, las mujeres tienen que ceñirse a la ley de 1921 que solo permite abortar en caso de violación o de riesgo para la vida de la madre. El proyecto de ley proponía además una asistencia pública. No se podrá volver a debatir hasta el próximo 1 de marzo, fecha que marca el inicio del nuevo curso legislativo.

Sophie Fernández

Sophie Fernández

Ser periodista y un buen café son dos de las razones que me tiran de las sábanas cada mañana. No imagino un mundo sin igualdad, novelas de Victor Hugo, moda, viajes, belleza, tortilla poco cuajada ni rock de los 50. Con el corazón en constante vuelo directo París-Madrid. Y los pies enfundados en bailarinas de punta.

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