Las nuevas europeas

Del 22 al 25 de mayo se celebran las elecciones para el Parlamento Europeo. Hablamos con un puñado de jóvenes que van a votar (o no) por primera vez en esta cita. Sus historias de vida son el mejor testimonio del presente y el futuro de un continente muy viejo.

Ángela Seoni

Se parece a todas y a ninguna. Es española, vive entre Berlín y Barcelona, y ha decidido dejar de depilarse las axilas. No se siente europea, sino de la ciudad en la que vive. Es un poco fotógrafa, un poco traductora. Cuando necesita dinero, y eso puede pasar muchas veces al mes, hace lo que sea: pide prestado, vende cosas, friega platos. Se fue de casa hace un año, cuando tenía 19. Poco antes, en su adolescencia, fue víctima de abusos sexuales, pero dice que no cambiaría nada de lo que vivió. "Superarlo me ha hecho fuerte", dice Irene Moray. Hoy está en su habitación de un piso de la capital alemana, que no es bonita pero tiene una ventana que da a un parque y por la que entra mucha luz. Desde ahí enuncia en voz alta la pregunta que le hago, "¿Hacia dónde va Europa?", demorando la respuesta. Este año será la primera vez que vote en unas elecciones para el Parlamento Europeo. Bueno, en realidad aún no sabe si irá a votar. "Creo que es importante, pero me tengo que informar mejor", aclara. Es una entre más de 44,5 millones de chicas con edades entre los 15 y los 29 años –el 8% del total de la población comunitaria– que podrían ejercer su derecho a voto en mayo. Según cifras de la división española del Parlamento Europeo, solo un 28% de jóvenes definitivamente votará. Las últimas elecciones de este tipo tuvieron lugar en 2009. Así que para muchas esta será su primera vez. "Tengo un poco de miedo porque creo que Europa va a un sitio un poco oscuro –contesta por fin–. Pueden pasar dos cosas: o que haya una revolución o que haya una tercera guerra mundial, vuelvan los nazis y nos maten a los españoles los primeros. A mí la primera. ¡Estoy en Berlín! Tengo pesadillas con eso, te lo juro"

Las visiones oscuras están justificadas."En mi país vivimos una crisis política y económica, y en especial se está notando en la falta de oportunidades laborales para los jóvenes– opina Angela Seoni, una italiana de 22 años que estudió veterinaria pero trabaja en turismo–. Podemos ser históricamente los mejores en cultura, pero hoy Italia solo muestra su enorme debilidad ante Europa".

María Ollé

LAS POLÍTICAS

“Nunca como hoy ha habido tal rechazo y desilusión hacia lo que representa la Unión", se lamenta Elena Valenciano, candidata en la lista del PSOE. El índice de desempleo, según un estudio sobre las mujeres jóvenes en la UE, también del Parlamento Europeo, se encuentra en 17,8%, mientras que en España bordea el 40%. Y afecta por partida doble a las mujeres. Aunque la igualdad se note en la etapa educativa, en cuanto salen al mercado laboral surge el desequilibrio. Frente a los socialistas, que apoyan el proyecto de la ley de cuotas, Eva Ortiz, actual eurodiputada por el PP, cree que “debemos ocupar puestos por nuestra valía, pero no por ser mujeres. En igualdad vamos avanzando, pero hay que trabajar mucho”. Valenciano y Ortiz, pese a todo, son optimistas. "A pesar de que los jóvenes son muy críticos, subyace en ellos un sentimiento europeísta casi natural", subraya la primera. Y Ortiz apunta:"nosotros legislamos también para los que no votan".

Y TODO LO DEMÁS QUÉ

María Ollé, de Barcelona y 21 años, viajó a Boston a terminar sus estudios. De pronto se referían a ella como parte de una cultura muy específica y de un sistema que, golpea do, aún ofrece más prestaciones sociales que el estadounidense. "He reforzado mi sentimiento europeo gracias a eso". Pase lo que pase con ese ente abstracto llamado Unión Europea, le pasará en realidad a las personas concretas, a los hijos y nietos de los que un día soñaron con nociones como unión, grandeza y supremacía, y hoy solo padecen a los monstruos que produjo esa razón. Pero Europa es solo un tema más entre muchos que pasan por la cabeza de las chicas a esa edad, cuando tienen que lidiar con la repentina mayoría de edad, la necesidad (y la imposibilidad) de la independencia económica, sus primeras y desafiantes relaciones con los otros, la exigencia (o el abandono) de los estudios, los primeros trabajos basura, las primeras desilusiones, esa cosas que otros llaman 'el futuro'.Carla Viana, española, de 19 años, ha sufrido la expulsión, como tantos, pero menos geopolítica, más íntima, más desgarradora. Su padrastro la echó de su casa hace un mes porque se fue dos días de fiesta y al volver la llamó "puta" y le enseñó la puerta. Este ha sido su debut en el territorio compartido de la madurez. Pero a ella, sin embargo, aún no le interesa la política. Aún. Irene, en cambio, acude a manifestarse regularmente, sobre todo por causas feministas. "Con la ley del aborto he ido a todas y es una verguüenza la poca gente que se ve", dice. Se parecen en todo y en nada. Las hay pesimistas y las que no lo son tanto, las militantes y las de un activismo ocasional, las que viven en el nomadismo y las que aún viven con papá y mamá… Algunas cosas unen a este puñado de jóvenes, las hacen comunitarias, y otras las separan. Pero ella, la que pega un salto sobre su propia cama hacia el techo y sonríe como nunca, esa es todas a la vez.

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