Los bolsillos de vaqueros de las mujeres no permiten guardar un 'smartphone' (lo confirma la ciencia)

Los teléfonos inteligentes son cada vez más grandes, y los bolsillos de nuestros pantalones cada vez menos adaptados. Un estudio científico confirma esta injusticia ligada al género.

Vaqueros mujeres
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El smartphone, o lo que es lo mismo la tercera mano del siglo XXI, es el único objeto que no puede quedarse en casa bajo ningún concepto. Y es que, no te enseñamos nada, la incomunicación se ha convertido en una plaga. Pero…  ¿Has notado alguna vez que tu móvil no cabía en el bolsillo de tus pantalones? Aunque solamos llevar el smartphone en el bolso, más de una vez agradeceríamos ir con las manos vacías. Sorprendentemente, guardar el móvil en el bolsillo también parece ser una cuestión de género. Y lo confirma definitivamente la ciencia.

Los periodistas Jan Diehm y Amber Thomas llevaron a cabo para la plataforma The Pudding un estudio basado en el análisis de 20 marcas de pantalones vaqueros y 80 modelos comercializados en Estados Unidos. Su investigación demostró que solo un par de vaqueros para mujer tiene bolsillos más grandes que la media de tamaño para hombres. De media, nuestros jeans son casi un 50% más cortos y un 6,5% más estrechos que los suyos. Su longitud de 5,6 pulgadas no permite evidentemente colocar un teléfono de nueva generación que suele superar esta medida, llegando a 6 pulgadas.

¿Ejemplo? Solo uno de cada cuatro vaqueros de mujer puede acoger un iPhone X mientras que la integralidad de los masculinos pueden. Peor aún, los móviles de la gama Galaxy de Samsung solo tienen cabida en un 20% de bolsillos de mujeres, y los de Google Pixel apenas llegan al 5%. La diferencia de los bolsillos traseros de los pantalones, pese a ser menos evidente, también existe: los pantalones pitillo de las mujeres son 0,3 pulgadas más cortos que los de los hombres. Su ancho es parecido, pero los bolsillos de los hombres también resultan ser más profundos.

Una razón sociológica

Vaqueros mujeres
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Esta diferencia se explica por varios factores. Según explica el estudio, los bolsillos en la época medieval estaban atados a la cintura y se escondían debajo de la ropa a modo de riñonera. A partir del siglo XVII, se empezaron a coser directamente en las prendas, pero las mujeres guardaron la costumbre de colocar sus pertenencias en su “riñonera”, a modo de bolso. En el siglo siguiente, los bolsillos se hicieron casi inexistentes y creció una forma de dependencia de cara a los hombres que fueron guardando cada vez más objetos para su pareja.

Reduciendo el espacio de almacenamiento de las mujeres, su independencia y autonomía se veían reducidas. De aquí la persistencia de la desigualdad. Sumada a un crecimiento imparable del tamaño de las pantallas, el llevar “un móvil en el bolsillo” se ha convertido en un gesto casi exclusivamente masculino.

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