Caretas de vaca para denunciar la agresión sexual en India

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En algunas zonas de India los bovinos se veneran mientras las agresiones sexuales se silencian. Un fotógrafo usa Instagram y una careta para denunciarlo.

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Foto: Instagram de Sujatro Ghosh.

Lo importante en esta vida es tener un interior rico. El suyo, ya sea con dos dedos de café o a la plancha y con sal, lo mismo resuelve un desayuno que una cena de domingo. Las vacas, dicen los hindúes, dan todo sin pedir nada. Son la generosidad a cuatro patas. El hinduismo las reverencia. Protege a todos los seres sintientes, pero en la flema de los movimientos vacunos los hindúes ven la encarnación de la ahimsa (renuncia a la violencia), el valor central de su tradición religiosa. Desde que el Partido Popular Indio ganara las elecciones en 2014, los grupos de protección de bovinos se han extendido por el país. Los provacas organizados (unos 10.000 según BGRD, la mayor red de protección bovina de India) interceptan camiones que transportan bovinos al matadero, asaltan granjas lácteas y apalean a los ganaderos. En 2016, en el estado de Guyarat, ataron a cuatro hombres sospechosos de consumir ternera a un coche y les dieron una paliza. A mediados de 2017, el parlamento guyaratí introdujo la prisión permanente para los "asesinos de vacas". Un poco antes, en primavera, el ministro de Chhatisgarrh, un estado al este del país sin pena específica para la matanza bovina, aseguró que la persona que acabara con la vida de una vaca sería ahorcada.

Dos años antes, en India se interpusieron 34.651 denuncias por agresiones sexuales. Solo son las que trascienden. El tema es tabú en India. Reconocerlo supone la pérdida del honor.

Un fotógrafo de 24 años lo ha denunciado a través de Instagram. A Sujatro Ghosh le inquieta que en su país las vacas reciban mayor consideración que las mujeres, que la justicia llegue antes a los animales que a los seres humanos, que sea más seguro caminar por la calle a cuatro patas que a dos. En su protesta, Ghosh cubre la cabeza de varias mujeres con la máscara de una vaca para ver si, convertidas en bovino, arrancan a los hindúes el mismo instinto protector.

Ghosh decidió actuar tras el asesinato en abril de un musulmán acusado de comer ternera. Quería hacer algo, pero salir a protestar a la calle y pelear estaba descartado. Prefirió investigar la vía de la "concienciación". Compró la careta en un viaje a Nueva York y, de vuelta en India, pidió a algunas de sus familiares que posaran enmascaradas. Acudir a desconocidas las habría puesto en riesgo. Colocó a las modelos frente a monumentos nacionales de Nueva Deli, entre puestos del mercado y en la intimidad de sus habitaciones, charlando por teléfono en la cama. Quería reivindicar que, en India, las mujeres "son vulnerables en cualquier sitio". Del peligro que buscaba ahorrar a sus modelos no se ha librado Ghosh: después de la publicación de la historia en las redes sociales de varios periódicos indios, las amenazas llegaron a su móvil. Le deseaban la muerte, que se lo comieran vivo y que su madre llorara sobre los restos de su cadáver. Asegura que no le importa. Trabaja para un bien mayor. Desde principios de diciembre, sus fotografías están de gira: bajo el nombre 'The Cow Mask Project', la serie será exhibida alrededor del mundo. Ha comenzado por Kalmar, en Suecia. Queda el resto de localizaciones y fechas por anunciar.

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