Microcréditos, la historia en primera persona

Son una herramienta fundamental contra la pobreza y un estímulo al emprendimiento. Las microfinanzas salvan vidas y tienen cara de mujer.

micro

Los pequeños préstamos a bajo interés se han asentado como una herramienta fundamental en la lucha contra la pobreza que además estimula el emprendimiento. En 1983, el premio Nobel Muhammad Yunus creó el Grameen Bank y con él se fundaron las bases de los microcréditos modernos. También se perfiló el protagonismo de las mujeres en este tipo de finanzas, cuando Yunus descubrió que devolvían lo prestado en un porcentaje mucho más alto que los hombres y sus proyectos revertían directamente en el desarrollo de las familias y las comunidades.

Hoy las mujeres representan el 75% de los receptores de microcréditos en todo el mundo. Según el Fondo Monetario Internacional, el crecimiento económico en los principales 20 mercados receptores de microcréditos en 2015 será de entre un 4,4% a un 4,8%. Esto significa que los mercados de microfinanzas crecerán el doble de rápido que las economías desarrolladas. World Vision (worldvision.es) es una de las organizaciones sin ánimo de lucro internacionales más veteranas en la labor humanitaria a través de microcréditos. Sus logros se pueden cuantificar en cifras: concedieron un millón de microcréditos en 36 países en 2013 y su objetivo para 2016 es el de cambiar la vida de tres millones y medio de niños a través de esta herramienta. Pero también en historias individuales, como las de estas cuatro mujeres de tres países muy diferentes. 

En el sentido de las agujas del reloj:

Bekelech Mulissa vive en Wonchi, cerca de Addis Abeba (Etiopía). Era una excelente estudiante, pero la tradición la obligó a dejar el colegio para casarse. Vio morir a dos de sus seis hijos y suicidarse a su marido, y no solo logró volver a levantarse después de semejante desgracia, sino que el pequeño negocio de estufas que emprendió gracias a un microcrédito ya tiene dos empleadas y le ha permitido enviar a uno de sus hijos a la universidad. 

Algunos casos individuales relacionados con los microcréditos tienen como elemento principal simple y llanamente la supervivencia. La historia de Meimunatu, 40 años, también de Ghana, es uno de ellos. Su país sufre salvajes sequías y perdió un niño estando embarazada por beber agua contaminada. Un pequeño préstamo le dio la esperanza para cambiar su destino, buscar la independencia económica y sacar adelante a su hijo mayor.

Bebe trabaja la tierra en Filipinas, como hicieron sus padres antes que ella, pero sus hijos, Ferland, de 16 años y Angelo, de 12, prefieren seguir su propio camino. Gracias al microcrédito que pidió para comprar un pequeño terreno en la región de Bohol, Bebe y su marido han mantenido a su familia. Ahora sus horizontes se han ampliado: "Quiero pedir un préstamo más grande para criar cerdos, aumentar las ganancias y, así, enviar a mis hijos a la universidad", explica.

Para sacar adelante a sus siete hijos, la ghanesa Atta Potir se ha dedicado a la producción de aceite de coco. Pero a veces las sequías o las dificultades para acceder a la materia prima han complicado su subsistencia. Ella misma se acercó a la ONG World Vision con un plan de negocio para plantar sus propios cocoteros y almacenar el excedente en la estación seca. La suya es una historia de creatividad y éxito en el contexto más adverso posible.

 

Continúa leyendo...

COMENTARIOS