Mujeres casadas entre ellas, una forma de protegerse de los abusos domésticos

Hablamos de la región de Mara (Tanzania) donde descubrimos una tradición de la tribu Kurya: mujeres heterosexuales que se casan entre ellas para protegerse de los abusos, de los matrimonios precoces y la mutilación genital.

Mujeres casadas entre ellas, una forma de protegerse de los abusos domésticos

La granja de Mugosi Maningo y de Anastasia Juma forma parte de un grupo de aldeas que constituyen el remoto pueblo de Nyamongo, en el extremo Norte de Tanzania. Hasta sus casas con tejados de paja no llega ninguna carretera asfaltada, solo una pista de tierra por donde el ganado ha ido trazando una ruta de acceso a sus pastos. Las dos mujeres se afanan en recoger sus cosechas. Juma, una mujer menuda de 27 años, que lleva puesta una camiseta fucsia y luce un peinado con coletas cortas, confiesa: “Mi esposa y yo hacemos todo juntas, al igual que lo haría cualquier otro matrimonio”.

Sí, pero no exactamente igual. Juma y su esposa Mugosi, de 49 años, son de la tribu Kurya, una comunidad ganadera que cuenta con unos 700.000 miembros. Ellas se casaron siguiendo una tradición local llamada nyumba ntobhu (‘casa de las mujeres’). Este rito permite que las mujeres se casen entre ellas para preservar sus medios de subsistencia, en ausencia de maridos.

En esta tribu las parejas de mujeres representan entre un 10 y un 15 por ciento de los hogares, según los ancianos kurya. En estas uniones, las mujeres viven, cocinan, trabajan y crían a sus hijos juntas, incluso duermen en la misma cama, pero no tienen relaciones sexuales entre ellas.

Según Dinna Maningo, una periodista kurya que trabaja en el Mwananchi, el periódico más importante de Tanzania, la nyumba ntobhu es una estructura familiar alternativa que ha existido desde hace muchos años. “Nadie sabe cuándo empezó, pero su principal objetivo es permitir que las viudas no pierdan sus propiedades”, afirma Dinna.

La ley de la tribu Kurya señala que solo los hombres pueden heredar bienes, pero según la nyumba ntobhu, si una mujer sin hijos enviuda o es abandonada por su marido, puede casarse con una mujer más joven, que a su vez puede tener un amante y dar a luz a herederos por ella. Dinna Maningo afirma que esta costumbre no tiene que ver con los matrimonios del mismo sexo que se dan en Occidente, puesto que aquí la homosexualidad está estrictamente prohibida.

Más poder, más libertad

Más poder, más libertad

A sus 29 años, Dinna dice que la nyumba ntobhu está resurgiendo en los últimos tiempos. En una cultura patriarcal polígama como la de los kurya, en la que los hombres emplean vacas como moneda de cambio para comprar esposas, sin embargo cada vez hay más mujeres jóvenes que optan por casarse con otras. “Esta solución les proporciona más poder y un mayor grado de libertad. Combina las ventajas que aporta un hogar estable con la posibilidad de que puedan elegir a sus compañeros sexuales masculinos”, cuenta Dinna. Los matrimonios entre mujeres también ayudan a reducir el riesgo de abusos domésticos, de matrimonios precoces de niñas y de la mutilación genital femenina.

Hasta la fecha, este acuerdo funciona bien tanto para Juma como para Mugosi. La pareja se casó en junio de 2015. Por entonces, Juma se las veía y se las deseaba para sacar adelante sola a sus tres pequeños. Con solo 13 años, el padre de Juma la obligó a casarse con un hombre de 50, que quería una segunda esposa. A cambio, le dio ocho vacas y "me trató como a una esclava". Tuvo su primer hijo cerca ya de los 20 y al poco tiempo, huyó con él. Luego, acabó teniendo otros dos hijos con sendos novios, que también la abandonaron. Juma afirma que “ya no confiaba en los hombres. No quería otro marido. Casarse con una mujer me pareció la solución”.

Su mujer dice que Juma era la pareja perfecta. Su marido la abandonó hace 10 años porque no podía tener hijos. Nunca se divorciaron formalmente. Cuando murió hace 18 meses, corría el peligro de que sus propiedades –seis chozas y algo de terreno– fueran a parar a manos de unos parientes del difunto marido. Así las cosas, Mugosi dice que “tuve suerte de dar con Anastasia y con sus hijos, porque ahora tengo una familia que ya tiene sus propios herederos”.

La pareja no tuvo una ceremonia de boda, pero Mugosi pagó a la familia del primer marido de Juma el 'precio de la novia' o dote: ocho vacas. El pago liberó a Juma de sus vínculos con su marido. Una dote media suele estar entre 10 y 20 vacas (cada res cuesta unos 500.000 chelines tanzanos, unos 210 euros), y a las jóvenes adolescentes las casan con el mejor postor varón.

Las dos mujeres viven de lo que producen sus tierras y en las que se alimentan sus vacas, cabras y gallinas. Las dos se ocupan de los hijos de Juma y si lo necesitan, contratan a lugareños para algún trabajo ocasional. “Nos dividimos todo por igual. Hasta ahora no hemos discutido nunca”, cuenta Mugosi. A ella ya no le apetece tener ninguna relación sentimental con ningún hombre, pero le alegra que Juma tenga una vida sentimental propia.

Juma se encuentra en una situación en la que puede ser exigente, puesto que para las mujeres que están casadas con otra mujer no hay escasez de hombres dispuestos a acostarse con ellas. “Mugosi y yo querríamos al menos tres hijos más para aumentar nuestra familia. En nuestra cultura, cuantos más hijos tienes, más rico eres”. Los matrimonios nyumba ntobhu no están reconocidos legalmente en Tanzania, pero sí los reconoce la ley de la tribu, por lo que el hombre que tenga hijos con alguna mujer casada por este rito debe de estar de acuerdo y cumplir la tradición, renunciando a todos los derechos paternos.

Según Dinna, las disputas por los derechos paternos sobre los hijos son poco comunes (los hombres son reacios a desobedecer a los ancianos de la tribu, que sí apoyan las uniones del mismo sexo), pero sí se dan casos. Dinna ha cubierto algunos en los que los padres biológicos han solicitado ante los tribunales la custodia de los niños, y los jueces estaban divididos debido a la falta de estatus formal de esos matrimonios.

Discriminación en la familia

Discriminación en la familia

El jefe de los ancianos en la tribu es Elías Maganya, de 65 años. Es el presidente del consejo tribal de los kurya. Los líderes tribales permiten los matrimonios entre mujeres porque satisfacen una serie de necesidades de la tribu: “Ofrecen una solución al problema de qué hacer con las viudas. Una viuda mantiene la propiedad de sus bienes, y no se convierte en una carga al hacerse mayor”, explica.

La tribu Kurya parece ser la única que pone en práctica los matrimonios del mismo sexo para abordar la cuestión de la discriminación de la familia, aunque no sea una solución a prueba de fallos. Hace 30 años, una viuda, Verónica Nyagochera, de 51, se casó con Mugosi Isombe, que entonces tenía 20 años. Nyagochera tenía cinco hijas pero ningún varón, y esperaba que su unión con Isombe le aportase herederos. Pero Isombe solo tuvo hijas. Ahora, con 50 años, cuenta que “tuvimos cuatro hijas, pero seguíamos teniendo un problema. Si mi mujer moría, perdíamos las casas, nuestras tierras y el ganado– . Todo sería para parientes varones lejanos”.

Isombe decidió entonces buscarse una esposa más joven. Hace tres años, Isombe conoció a Paulina Mukosa, que acababa de cumplir 18 años. El padre de Mukosa había intentado casarla muchas veces, pero ella se había resistido. Su padre la pegaba por desobedecerlo, pero eso no hacía más que reforzar sus convicciones. Mukosa confiesa que “he sido testigo de las violentas discusiones entre mis padres, que siempre acababan con mi madre magullada. Había visto cómo maridos y padres de otras mujeres y niñas las pegaban; hasta sus hermanos lo hacían. Yo no quería estar atrapada así”.

Mukosa accedió gustosa a la boda. Y reconoce que “casarme con una mujer me proporcionó más control sobre mi cuerpo”, cuenta. Su padre exigió a Isombe  “siete vacas” por casarse con ella. En 2013, Mukosa se mudó con Isombe y Nyagochera. Enseguida se buscó un novio, un hombre soltero del pueblo, de 20 años, y un año después dio a luz a un hijo. En la actualidad, está embarazada de su segundo hijo.

Control de la situación

Control de la situación

Aún así, la idea que tenía Paulina Mukosa de tener más control sobre su propio cuerpo puede parecer extraña, teniendo en cuenta que su objetivo era el de proporcionar un hijo a sus mujeres. ¿No se sintió explotada? “No, para nada. Entendí que tenía que tener hijos, pero como yo quería tenerlos, lo que hice también fue elección mía. Cuando no hay elección es cuando si al casarte con un hombre, además de darle descendencia, tienes que tener relaciones sexuales con él cada vez que le apetezca, porque si no, sabes que te va a pegar por ser una mala esposa”, explica.

La violencia doméstica es la forma más común de violencia en Tanzania. En 2013, una encuesta llevada a cabo por su Ministerio de Salud y Bienestar Social descubrió que el 45 por ciento de las mujeres entre 15 y 49 años había sufrido violencia sexual u otro tipo de violencia física en el hogar.

Isombe dice que los hogares sin presencia del hombre son la mejor defensa contra el riesgo de la violencia masculina. “Nadie nos puede tocar. Si algún hombre intentase robarnos o hacernos daño sería castigado por los ancianos de la tribu, puesto que no tienen derechos en nuestras casas. Todo el poder nos pertenece”, señala. Dicha autonomía también le ha permitido no casar prematuramente a sus cuatro hijas. Las dos mayores no se casaron hasta los 18. “Nos aseguramos de que primero terminasen el colegio”, cuenta Isombe. Las pequeñas, de 17 y 14 años, respectivamente, todavía viven en casa. “Están estudiando. Una espera llegar a ser profesora y la otra quiere ser enfermera. Nuestra prioridad es su educación”, afirma Isombe.

Fotos: Charlie Shoemaker

Aún así, no todas las uniones nyumba ntobhu van bien. Dinna señala casos en los que la esposa más joven se enamora de su novio y huye con él dejando a su esposa mayor. “Hace dos años, ocurrió que la esposa más joven le robó todos los cultivos a su esposa y se llevó a los niños, dejándola sin nada”. O el de la esposa de Eliza Polycap, de 17 años, que tuvo que huir de un matrimonio abusivo del mismo sexo: “Yo no la importaba nada en absoluto. Solo quería hijos y me trató como si yo no fuera un ser humano”, recuerda.

Afortunadamente en la granja de Juma y Mugosi todo va bien. Pronto celebrarán su primer aniversario casadas. Y Juma recuerda: "Al principio no estaba convencida, pero ahora no elegiría ninguna otra opción".

Etiquetas: malos tratos

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