Artículo de opinión

La relación que existe entre el cierre del desfile de Victoria's Secret e ir todos los días en metro

"Hay cabezas del feminismo empeñadas en ejercer de tutoras universales. Ellas saben lo que es bueno y lo que está bien. Hacen de su moral la general. Dicen que Las Mujeres® ahora quieren gente “normal”, alguien en quien verse reflejadas. Por eso, se cuentan y las otras aceptan, Victoria’s Secret se retira".

La modelo Sofie Rovenstine en el desfile de Victoria's Secret de 2018. Foto: Getty

Tengo una teoría. Tengo un montón de teorías. Por ejemplo: la correspondencia entre amantes solo se puede publicar si uno está muerto. Si lo están los dos, mejor. Una muerte como Dios manda transustancia la cursilería en ternura sencilla, en amor desenjoyado. Otra: en algunos círculos, los apelativos semejantes al nombre de un caniche se disparan debido a la endogamia. Hay tantas glorietas de apellidos que necesitan algo corto, monovocálico, para que la retentiva no colapse. Mi tía Nené, mi prima Mimí. Una más: esta es mi columna final. Mi madre me va a matar.

La última: hay palabras que desactivan discursos. Suenan y neutralizan todas las demás. Para la izquierda, “heteropatriarcal” o “estructural”. Para la derecha, “políticamente incorrecto” o “neomonjas”. Cuando se pronuncian, el de la otra orilla deja de escuchar. Son inhibidores de argumentos.

Incluso cuando se podrían compartir. Twitter, nuestra ágora de AliExpress, tiene la capacidad de guarrear aquello con lo que una podría sentirse cómoda. Tan crudas, las opiniones cercanas se deforman, se ponen fofas o escuálidas. Por la suspensión del desfile de Victoria’s Secret, decía alguien que el feminismo neopuritano persigue a las delgadas, que estamos abocados a la fealdad. Otra, que estaba harta de las neomonjas, que ya no podrá ver el desfile mientras come pimientos fritos. Y mira que en eso la entiendo. Yo disfruto muchísimo cada vez que me cruzo con runners fluorescentes mientras lamo mi helado de pistacho.

Hay cabezas del feminismo empeñadas, por supuesto, en ejercer de tutoras universales. Ellas saben lo que es bueno y lo que está bien. Hacen de su moral la general. Nada nuevo. Dicen que Las Mujeres® ahora quieren gente “normal”, alguien en quien verse reflejadas. Por eso, se cuentan y las otras aceptan, Victoria’s Secret se retira.

Y he mentido. La de arriba era la penúltima: este es un cambio generacional. La estética, MeToo al margen, se ha revuelto. Para vender ropa interior, debes parecer Kylie Jenner, con mallas de gimnasio y pelo alisado, que no liso, o Jeanne Damas, parisina que incita al femmefatalismo vestida con los estampados de juventud de su abuela. Desfilar disfrazada de parque de atracciones del paseo marítimo de Torremolinos para vender lencería de duty free, en la década de Instagram, se escurre como estrategia.

Yo quiero ver gente guapa en las marquesinas. Necesito cosas bonitas, asombrarme ante la belleza, una que se despegue de boas rosa fucsia. En grande, quiero la maravilla, la excepción. Si es que ya tengo Twitter. Y todos los días voy en metro

Esta columna de opinión apareció originalmente publicada en el número de agosto de 2019 de la edición impresa de Marie Claire.  
Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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