La vida sexual de las colonias españolas: ¿violaron los españoles a las mujeres indígenas?

¿Y fueron reconocidos los hijos que colonos e indígenas tuvieron en común? El escritor y jurista Mario Garcés indaga en las alcobas de las colonias españolas.

Durante los primeros ocho años de la colonización, apunta el escritor y jurista Mario Garcés, las relaciones afectivas, y sexuales, entre colonizadores e indígenas comenzaron a arraigar. La historiografía, no obstante, no repara en ellas de manera habitual. Pero cuando lo hacen, los libros tienden a fijarse en los testimonios de fray Bartolomé de las Casas, anotados sobre el papel a partir del año 1500, cuando en las administraciones se sucedieron Nicolás de Ovando y Francisco de Bobadilla.

Antes de marchar de viaje, cuentan, Cristóbal Colón dio instrucciones claras a las 39 personas que se quedaron en la fortaleza de la Navidad, en la isla de la Española (actuales Haití y República Dominicana). Debían evitar las injurias o vejámenes a las mujeres indígenas. Al regresar, comprobó que las normas establecidas se habían roto. Uno de los caciques locales, Guacanagarí, atestiguó que cada uno de los hombres que había permanecido al otro lado del Atlántico había tomado bajo su protección a cuatro mujeres, que las relaciones sexuales entre unos y otros eran habituales, y múltiples, y que tres de los conquistadores habían sido asesinados. Los celos y la tensión habían empuñado las armas.

Pero ¿hubo violaciones? ¿Abusaron los conquistadores españoles de las mujeres indígenas? Un testimonio, recogido por el cronista italiano Miguel de Cuneo, recogió una en primera persona. Sucedió en el año 1495. Arrastró, escribió a una de las mujeres, a su camarote y, pese a sus arañazos, mantuvo relaciones sexuales con ella. La convirtió, dice Garcés, “en una de las mujeres favoritas de cualquier escuela de prostitutas de la época”. Pero, añade el jurista, sería “incierto e injusto intentar constreñir todos esos abusos sexuales”. Existía, también, un espíritu de conveniencia. Los colonizadores “tenían la necesidad” de mantener relaciones permanentes con las indígenas. Suponía una manera de limitar las hambrunas y conseguir una prole vasallática que, ya adulta, se hiciera cargo de las explotaciones agrícolas y ganaderas.

En 1497, Francisco Roldán y casi un centenar de hombres se sublevaron. Renegaron de la autoridad española y se introdujeron en el corazón de la isla. Desde entonces, escribió fray Bartolomé de las Casas, Roldán desarrolló una vida tiránica. Las injurias sexuales hacia las mujeres fueron permanentes. Hasta que Cristóbal Colón le exigió atajar su comportamiento. Y lo hizo. Obedeció. En 1500, Roldán se recondujo. Solo puso una condición: las mujeres con las que, según los ritos indígenas, había contraído matrimonio debían poder viajar a España en calidad de sirvientas. Su descendencia, como hijos legítimos.

Continúa leyendo