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La clave para ser madre tras el cáncer de mama

Una de cada ocho mujeres lo sufrirá. Juan Antonio García-Velasco, director de IVI Madrid, charla con tres pacientes del programa 'Ser madre después del cáncer', el plan que desde 2007 la compañía ofrece de manera gratuita a las mujeres que han superado tumores malignos.

Si puede tocar uno, es este. Si se puede salir de uno, es de él. El cáncer de mama, explica la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales. También, el que tiene la tasa de mortalidad más baja. En España, a lo largo de 2018 se diagnosticaron 33.307 nuevos casos. Algo antes, Susana, Irene y Estrella oyeron las tres palabras salir, encadenadas, de la boca de sus médicos.

Salieron y a Susana le llenaron los ojos de lágrimas. “Me invadió una sensación de mareo, las lágrimas caían de manera incontenible por mi cara y el mismo pensamiento que me atormentaba”. Creía que moriría. Las palabras, cuenta, la atravesaron como puñales. Oyó “cáncer de mama” y dejó de escuchar. Una frase sí atravesó la confusión. Se ancló al consejo de su radióloga: “Piensa que es un año malo, con tratamientos y pruebas”. En unos meses habría pasado. Y pasó. De largo y seguro. Siete años después de aquel episodio, un bebé de cuatro meses duerme cerca de su cama. Tras sobreponerse a un cáncer de mama, Susana logró ser madre.

Tuvo que apretar los tornillos para serlo. En 2012, con 36 años y el diagnóstico aún fresco, revisó sus comodines. La ciencia se los ordenaba. “Por suerte o por desgracia”, cuenta, “tardé mucho más en encauzar el tema de la maternidad por la unidad que me trató. Radióloga, cirujano, cirujano plástico y oncólogo perfilaron los pasos a seguir para atajar cuanto antes mi cáncer. Pero la opción de ser madre en un futuro no se barajó en ningún momento. Y casi por casualidad, de repente, se me encendieron todas las alertas: ¿Y qué pasa si quiero ser madre? Soy yo, primera persona, mujer, y para mí era importante ser madre. Tuve la suerte de conocer a una persona que hizo sus prácticas de Biología en IVI, así que me habló de las opciones que ofrecían para mujeres como yo, con una dura batalla por afrontar y una ilusión a la que me negaba a renunciar”.

Camino a la maternidad

Susana, paciente de IVI.

Quería preservar sus ovocitos. Necesitaba hacerlo. Debía aprovechar las veredas de la ciencia. Insistió a su oncólogo y le dijo que “si no podía darle el tiempo que necesitaba, que la dejara morir. Quise luchar por ese comodín, por mi autonomía y libertad para decidir si quería ser madre”. 

“Cuando se abre la veda y tu oncólogo te da vía libre”, recuerda, “es algo emocionante. Entras en IVI con otro color, lo vives todo intensamente, y cuando se materializa es magia. Instalaciones modernas, la mayor tecnología, punteros en muchísimas cosas, pero el trato humano es verdaderamente bueno, cercano, involucrado en cada momento del proceso. He sido una persona para ellos, no un número más como podía pensar de una empresa de esta envergadura. IVI me devolvió la ilusión al ver que hay un proyecto social que todo su equipo humano vive y comparte. Tiene un equipo de profesionales detrás que te cuidan con mimo; juegas con caballo ganador. Y el miedo está ahí, pero cuando ves la eco, ves cómo crece y cómo evoluciona, el miedo desaparece. La maternidad es una energía que trasciende, un poder que puede con y contra todo. Y cuando se materializa, se despierta por la mañana y te sonríe y te mira como si estuviera viendo a Dios, te emocionas y todo tiene sentido. Algo por lo que has luchado tanto tiempo y que tienes justo entre tus brazos. El mayor regalo”.

Todas las que son

Estrella, paciente de IVI.

Irene y Estrella también consiguieron vitrificar sus óvulos. Aún, no obstante, no han podido continuar con el procedimiento. Aunque las dos han superado el cáncer de mama, los médicos deben antes concederles el alta definitiva. “Tienes que pensar”, señala el padre de Estrella, “que has tenido suerte. Y que si hubieras nacido hace 50 años, probablemente te habrías muerto. Y si hubieras tenido esto hace 15, probablemente no habrías podido ser madre”.

Las tres acudieron a IVI. Se acogieron a Ser madre después del cáncer, el programa que desde 2007 la compañía ofrece de manera gratuita a las mujeres que han superado tumores malignos. Como ellas, 800 pacientes más han vitrificado sus óvulos mediante el plan para pacientes oncológicos. Siete bebés están camino. Casi una treintena, 29, ya han nacido.

Pero ¿puede la vitrificación afectar de manera negativa a la superación del cáncer?

Irene, paciente de IVI.

 “Los datos publicados acerca del seguimiento de pacientes estimuladas para congelar ovocitos”, revelan desde IVI, “muestran los mismos resultados de supervivencia que las que no lo han hecho. La estimulación ovárica no repercute en la evolución del cáncer. En todo momento se colabora con el oncólogo para ajustar el proceso y la medicación y que no influya en el tratamiento posterior que vaya a recibir la paciente. El protocolo está perfectamente definido para cada caso”.

Los resultados, explican, se ligan a la edad de la paciente. Las probabilidades de embarazo aumentan si la edad disminuye. La juventud es aquí una ventaja. La experiencia de la clínica, la primera en el mundo que facilitó el nacimiento de niños provenientes de ovocitos vitrificados de pacientes con cáncer, un grado.

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