Brecha salarial de género en España: más allá del 23%

Indagamos en los otros porcentajes, las raíces y los puntos de sutura de la brecha salarial de género en España.

Diana Lockhart espera que sepas lo que estás diciendo. Fotograma de The good fight.

La brecha salarial no denuncia que a un hombre y a una mujer se les pague de manera desigual por realizar una tarea del mismo valor. Eso supondría una discriminación por razón de sexo que quebrantaría el artículo 35 de la Constitución y el 28 del Estatuto de los Trabajadores. La brecha salarial refleja los factores previos que provocan que el conjunto de las mujeres perciba un salario inferior al de los hombres. Y ahí la confusión: para observarla, a menudo se emplea el salario medio. Y la media desvirtúa. El sueldo de un director ejecutivo entra en la balanza con el de una chica de 22 años que acaba de incorporarse a su primer trabajo. Considerar a secas el salario bruto anual medio, reconoce el INE, no es una buena medida. Su brecha del 23%, la que más suena en los titulares, se reduce cuando se introducen otros factores.

Para atinar, se deben tener en cuenta el salario mediano (el que divide en dos los salarios altos y bajos) y el salario modal (el más frecuente). En el primero, señala la última encuesta Anual de Estructura Salarial, la brecha se cierra en cuatro décimas. O sea, 22,6 %. En el segundo, desciende al 17,2%. Pero existen más elementos que inflan y pinchan el porcentaje: el tipo de jornada laboral y la edad.

No cobra lo mismo quien trabaja ocho horas diarias que quien trabaja cuatro. Según la EPA, el 72 % de los empleos a jornada parcial son desempeñados por mujeres. Para ellas, la brecha en el salario por hora es del 12,1%. ¿Y a tiempo completo? Del 9,7. A finales de 2017, el 82% de las mujeres mayores de 35 años reducía su jornada para atender a su familia. De los hombres, el 4. ¿Su efecto? Antes de los 35 años, la brecha ronda el 8%. A medida que llegan los hijos y envejecen los padres, se amplía: para los 55, ha escalado al 23.

Juan Ramón Rallo, economista y director del Instituto Juan de Mariana, sugiere que quizá las mujeres renuncian voluntariamente a desarrollar sus carreras con el fin de encargarse de sus hijos. Para Cecilia Castaño, catedrática de Economía Aplicada y profesora de Estudios de Género de la Complutense, ese es un argumento “tramposo”. Implica una libertad de elección que “no existe” y culpabiliza a las mujeres por algo culturalmente impuesto. Las que a menudo pueden permitirse dejar a los niños al cargo de otra persona forman parte, señala, de una minoría privilegiada. En su solución ideal, se ampliarían y mejorarían los servicios públicos de guardería.

A los seis años, el interés de las niñas en la informática se desploma. La culpa, concluyó en 2015 el estudio en Ciencias de la Computación en España, es de las expectativas familiares y los estereotipos. Para deshacerlos, la Unesco celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia el 11 de febrero. Llenan el mes de divulgación y actividades. El objetivo es que los referentes femeninos creen la aspiración. De acuerdo con la OCDE, solo el 24% de las universitarias elige algún tipo de ingeniería. Un 12% escoge informática. Y según un informa de Infojobs y ESADE, esos son los sectores con los salarios más altos.

Para que el cambio sea efectivo, la ley planea reajustarse pronto a la necesidad social. Desde marzo, el Ministerio de Empleo, sindicatos y empresas preparan 24 medidas que reformarán el Estatuto de los Trabajadores y la Ley de Igualdad. Entre ellas, auditorías a las empresas con más de 250 empleados, la promulgación de un Pacto Nacional para la Conciliación Laboral y un nuevo método que evalúe la retribución objetiva de los trabajos.

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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