Sandra García-Sanjuán, la 'broker' de celebrities

La fundadora del festival Starlite de Marbella lleva casi toda la vida moviéndose entre famosos y personalidades, hasta el punto de haberlo convertido en su profesión.

Cuando a Sandra García-Sanjuán le entra un nuevo whatsapp, hay bastantes probabilidades de que el remitente sea Enrique Iglesias, Naomi Campbell o Valeria Mazza. La agenda de su teléfono da vértigo. Cada vez que busca un contacto pasa sobre los de Flavio Briatore, Jane Fonda, Monica Bellucci, Claudia Cardinale, Carlos Slim, Kylie Minogue, Diana Ross... "Si tuviera que salvar una sola cosa de todo lo que tengo, sería mi móvil, claro", dice sonriente pero sin pinta de bromear nada.

Tener a tiro a tal número de personalidades es lo que explica que esta mujer canaria, de acento dulce y ojos vivaces, haya conseguido en pocos años organizar una de las citas musicales más importantes del sur de Europa, al menos en términos de popularidad de los artistas que acuden a su llamada. Por el festival Starlite de este año se espera que pasen 200.000 espectadores que disfrutarán con Elton John, Luis Fonsi, Joaquín Sabina, Anna Netrebko, Pretenders o Juan Magán, entre muchos otros. 

Toda la vida adulta de García-Sanjuán ha girado en torno a los famosos. De hecho, ella se presenta a veces como broker de celebrities. Su negocio principal desde hace más de dos décadas, ahora en competencia con Starlite, ha sido la conexión entre personalidades y marcas a través de su empresa de matching, Avory. "Yo siempre he pensado que los personajes públicos forman un mercado como el de valores –explica–. Su cotización depende mucho de sus proyectos profesionales, pero también de su vida personal. Nosotros nos dedicamos a gestionar esas compras y materializar esos movimientos, algo muy parecido al mundo financiero". En los últimos años, el mercado de las celebrities ha cambiado mucho, asegura. "Cuando yo era más joven, unos clientes buenísimos eran las televisiones. Ahora las teles ya no pagan a las celebrities por ir a sus programas, consideran que es promoción". Como contrapartida, han surgido oportunidades en el mundo digital y también nuevos jugadores, como los influencers.

Pero todavía hay sectores donde las personalidades de toda la vida tienen su cabida. Por ejemplo como imagen de marca, o en convenciones de empresas o fiestas privadas –casi siempre fuera de España– donde quieren poner un famoso en su mesa. Ella ha tratado con muchos, para todo tipo de encargos. A Robert de Niro, que se negaba a hacer publicidad, lo convenció para protagonizar la campaña de un whisky escocés.  A Bill Clinton le ha organizado varias conferencias. Y al malogrado matrimonio Brangelina le organizó la visita a las bodegas de Marqués de Riscal diseñadas por su amigo Frank Gehry.   

La pasión y la habilidad de Sanjuán para moverse entre las celebrities empezó muy joven. En Segundo de BUP estudiaba en la Yago School de Oxford cuando se enteró de que Julio Iglesias actuaba en Londres. Fue al concierto con un grupo de compañeros , y apostó a que conocería al cantante. Lo consiguió colándose por los intersticios del Wembley Stadium. "Gracias a su padre, una amiga y yo acabamos en el camerino cuando terminó el concierto. Años después le conocí de forma profesional. Y en Marbella nos hicimos amigos de los hijos. Enrique es de los mejores amigos de mi hermano".

Top models y cine

García-Sanjuán ha heredado el ADN empresarial de su familia, una importante dinastía tinerfeña. A su abuelo se le conocía como "El loco de Playa de las Américas" porque fue al primero que, en plenos sesenta y cuando el extremo sureste de la isla era solo un desierto, se le ocurrió construir allí un hotel. Luego participó en el desarrollo turístico de la zona. Su padre, también empresario, y su madre, muy aficionada a la moda, han influido en su carrera. Siendo todavía adolescente, Sandra asistía con regularidad a los desfiles de París con su madre. Cuando esta dejó de ir, ella se buscó la forma de hacerlo por su cuenta. "Le propuse a una revista, La moda en España, cubrir las pasarelas en París sin que le costase un duro. Yo me pagaba el hotel o me quedaba en casa de alguna amiga". Entraba a los desfiles y hacía el paripé con una cámara profesional prestada por su padre, aunque disparaba con una automática. "Me acababan invitando a las fiestas y me fui haciendo amiga de todo el mundo".

Era la época de las top models y no tardó en conocer a Linda Evangelista o Elle MacPherson. Hasta España llegó el eco de sus contactos, y las marcas empezaron a llamarla. "Se corrió la voz. Me pedían: ‘oye, no te importaría, queremos hacer un catálogo con…’. Acabó convirtiéndose en mi ocupación, pero lo hacía gratis. La marca me ponía el avión, me alojaba en un hotel espectacular en Seychelles, yo veía la sesión y ya me parecía una maravilla. Eso sí, faltaba mucho a clase, en el CEU, y me tuve que cambiar a la Complutense. Un día Naomi Campbell me dijo: ‘Oye, eso es un trabajo de agente. Deberías cobrar.’ Y yo pensé: ‘¿Te pagan? Pues me voy a dedicar a eso’. Y hasta hoy”.   

Poco después Sandra empezó a hacer entrevistas para Hola en Los Ángeles, y se mudó allí. Fundó Avalon, una productora que trabajó con El Corte Inglés, Massimo Dutti o Pull & Bear. Recuerda que un día, buscando modelo, se topó con un hombre que le llamó la atención. "Era Brad Pitt. Yo lo vi clarísimo, pero el cliente dijo que era demasiado guapo. No lo cogieron, y luego mira. Justo entonces estrenó Thelma & Louise".

En Los Ángeles conoció a Antonio Banderas. Allí se hizo amiga del actor, y allí fundó Avory, su empresa actual. Casi veinte años después, la amistad con Banderas fructificó en la gala Starlite, origen del festival. "El tema de la filantropía siempre me ha calado muy hondo. Lo que más me motiva de trabajar con grandes personalidades y celebrities es el poder que tienen ellos de hacer feliz a mucha gente en pocos segundos". Ya desde 2003 tenía una fundación con su amiga Alejandra Alemán, Niños con Alegría, que sigue ayudando a escuelas en México. Fue Alemán la que le animó a que hiciera fundraising en España. En 2010, Sandra fue a Los Ángeles para asistir a los Óscars y, durante un brunch en casa de Banderas, surgió la idea de la gala. Movieron sus poderosos hilos entre la sociedad marbellí y la primera edición fue un éxito absoluto. "Una locura. ¡Piensa que en seis años hemos recaudado dos millones de euros haciendo solo una gala al año!".

A partir de la segunda gala, Sandra decidió que tenía que rentabilizar más aquel esfuerzo. Le propuso a una serie de artistas que, además de a la gala, vinieran algún día antes o se quedaran un poco más para actuar en Marbella. "Mandé trece cartas y me dijeron los trece que sí", recuerda. "Le dije a mi marido: 'Hay que hacer trece conciertos', y me respondió: 'Estás loca, elige los mejores'. Pero le dije que no podía, era como invitar a alguien a cenar a tu casa, decirle que si no viene no hay cena y luego le llamas y le dices que no cabe en la mesa". En ese momento su marido acababa de vender su empresa Parkhelp (creadora del sistema guiado por luces en los parkings, que esta compañía había llevado a más de 40 países y los aeropuertos más importantes del mundo). Él puso el dinero.

El futuro del negocio

En Marbella las cosas no siempre han sido fáciles. Ella no cree que los escándalos de corrupción hayan dañado la imagen internacional de la ciudad. "Fuera no trascendía. Aunque durante un tiempo estuvo un poco olvidada. Luego ha tenido un resurgir, y me alegro de haber ayudado". Pero no es oro todo lo que reluce. "La pena de lo que pasó en Marbella es que ha dejado muchos miedos en las administraciones. Los técnicos no se atreven a firmar nada. Hacer cualquier cosa es muy complicado". ¿Se plantea el traslado entonces? "Tenemos muchas propuestas, no solo en España. Nos encanta Marbella, pero nos quedaremos siempre y cuando tengamos las condiciones necesarias".

Como jefa, García-Sanjuán se define como "muy posibilista. No admito un 'no se puede' por respuesta. ¡La gente se agota conmigo!", dice riendo. "Soy estricta y exigente, pero creo mucho en el equipo humano, y tengo un equipo de primera". Su negocio se ha ampliado con Starlite Shop, una plataforma para vender marcas de artistas. "Creamos su marcas. Con Banderas hemos hecho carteras, gafas... con Naomi Campell, lacas de uñas, fundas de móviles… y con Valeria Mazza, bolsos, gafas de sol…". Ellos son solo los primeros: pronto se unirán más famosos. Un negocio que se centra, sobre todo, en la venta online, pero que también está en El Corte Inglés de Marbella o en grandes almacenes mexicanos. Los tiempos cambian, y Sandra García-Sanjuán ha sabido, una vez más, adaptarse. "La vida es probar... casi siempre te acaba saliendo bien", dice convencida. Ella, como mínimo, ya ha encontrado la enésima forma de seguir haciendo de la fama y de sus amigos el más rentable de los negocios. 

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