Así se rompe en la era digital

Fingir que ya estás recuperada en Instagram, espiar 
a sus nuevos seguidores de Twitter, bloquearle 
en Facebook... la red es un espacio infinito en el que tener incómodos encuentros con los ex.

Miley Cyrus y Liam Hemsworth

He estado al tanto de todos los planes de mi ex a través de Twitter. He intentado parecer completamente recuperada de nuestra ruptura en chispeantes estados de Facebook y sexys fotos de Instagram. He borrado su contacto de mi móvil para evitar mandarle un whatsapp en un momento de debilidad. He repasado todos los likes de su muro en busca de alguien nuevo en su vida… Cualquiera que no se reconozca en ninguna de estas situaciones, una de dos: o no ha probado las hieles del desamor en la era digital o tiene la fortaleza emocional del Dalai Lama.

No hace tantos años, el protocolo común después de romper una relación consistía en evitar el contacto telefónico y los lugares en los que era posible un incómodo encuentro. Y aquello ya era bastante difícil. A día de hoy, el riesgo de encontrarte con el ex en un bar convive con la certeza de cruzártelo (¡a diario!) en Facebook, Twitter, Whatsapp, Tumblr, Tinder, Gtalk y demás espacios virtuales compartidos. El infantil pero efectivo ritual de eliminar su número de teléfono de los contactos se ha convertido en algo mucho más complicado. ¿Es posible superar una ruptura en la era digital?

Nueva tecnología, viejo problema

Graham Jones es un psicólogo británico especializado en cómo nos comportamos en Internet. Según él, las redes sociales y los chats no reproducen ningún problema que no esté ya en la vida real, pero sí son capaces de acelerarlo, ralentizarlo o intensificarlo. "Hay parejas que lavan los trapos sucios en público, ya sea en Facebook o discutiendo en una cena con amigos. Pasa desde que el mundo es mundo. Respecto a las rupturas, no todas son problemáticas, estoy seguro de que una pareja puede tener una ruptura limpia sin necesidad de bloquearse mutuamente en Twitter".

Ante la duda, siempre es mejor hacer lo posible por que la ruptura analógica vaya unida a una ruptura digital. "Después de una separación, el contacto constante no nos deja avanzar. Se puede mantener, por supuesto, pero hace que el proceso sea más lento y más doloroso", explica la psicóloga especializada en terapia de pareja Begoña Fernández Seco (www.begonafernandez.com), que escucha problemas amorosos relacionados con Internet a diario en su diván. Lo más frecuente es la vigilancia sobre el ex. "Perder el contacto nos produce angustia y las dosis de información que tenemos a través de Internet pueden aplacarla, pero este constante control puede convertirse en compulsivo". El dolor, la ira, la negación y demás fases de la ruptura pueden darse incluso en el mismo día, pero para llegar a la ansiada aceptación hay que separarse, y eso incluye dejar de repasar sus nuevas fotos de Instagram en las que no estás tú. La manera de evitar esto no es muy diferente al tratamiento de una adicción. "Si chequeas los rastros de tu pareja tres veces en una hora, intenta reducirlo a dos, y con el tiempo a una. Aquí el autocontrol es importante". 

Con respecto a la red de amigos comunes que serán los crueles mensajeros de los retuits del amor perdido, el doctor Jones nos devuelve al mundo real: "si estos amigos existían en base a la pareja que ya se ha roto, el contacto se irá perdiendo. Y si eran verdaderos, permanecerán. Acordar con los amigos comunes no hablar del otro es una buena manera de empezar y no provocar conflictos de lealtades". Pero una no siempre es tan razonable cuando descubre que, con su ex, una nutrida lista de los que creía sus amigos la han bloqueado y el mapa social ha cambiado considerablemente. Cuidado porque en este punto corres el riesgo de caer de lleno en la etapa de la ira...

El eterno malentendido

Kylie Minogue y Andrés Velencoso

Si le gusta mi selfie es que aún le atraigo físicamente. Si sus amigos retuitean mis chistes es que me echan de menos. Si ignora un mensaje mío es que ya ha superado lo nuestro. ¿Ese hashtag es sarcástico o realmente cree que soy una #autenticasibarita? Al sacar conclusiones reales de los actos virtuales normalmente nos movemos hacia los extremos y frecuentemente nos equivocamos. "Las emociones negativas nos hacen pensar de forma poco racional y decir cosas que pueden tener consecuencias. Si dejamos constancia de ello en las redes por culpa de un arrebato momentáneo, la situación será irreversible", dice Ana López Aranda, terapeuta del centro Psicomaster de Madrid (www.psicomaster.es). Y es que con la falta de tonos de voz, gestos y demás lenguaje no verbal se pierde hasta la mitad del mensaje. Las palabras se las lleva el viento, pero los chats de Whatsapp pueden releerse para seguir alimentando la ira y la tristeza. "Cuando escribas algo on line, léelo dos veces antes de apretar el boton de enviar. También ayuda leerlo en voz alta, así es más fácil detectar si puede ser malentendido", cuenta Graham Jones.

Parece claro: los chats y las redes sociales se usan como armas arrojadizas e instrumentos de manipulación. Así que conviene pensarlo dos veces antes de colocar esa foto de una juerga salvaje o de un flirt en una noche de desenfreno. Es malo para ambas partes. "Cuando existe despecho, algunas personas recurren a Internet como instrumento de venganza con el objetivo de que la expareja compruebe lo felices que son. Esto impide avanzar y puede ser que se acaben exhibiendo facetas de uno mismo que no son reales", explica Ana López. Además de ser capaz de enfangar una relación que ya está rota y entorpecer la recuperación, Internet puede precipitar el fin cuando hay problemas. Para Begoña Fernández, "la comunicación virtual constante es un factor acelerante. Los terapeutas llevamos viendo desde hace un tiempo que las infidelidades se descubren antes, aumenta el exceso de control...". El año pasado una estadística rebeló que Facebook estaba presente como causa en un número alarmantemente alto de divorcios en Estados Unidos y Reino Unido. Amar y dejar de amar, como casi todo en el siglo XXI, tiene su propio recorrido en Internet. Una relación que empieza con un mensaje en Tinder se caldeará con Whatsapp a horas intempestivas, se consolidará con un cambio a "en una relación" en Facebook y se romperá, dejando múltiples y dolorosos rastros virtuales que la amante contemporánea no tiene más remedio que aceptar o bloquear. ¿Seguro que estás dispuesta a correr este riesgo?  

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