¿De verdad son los 30 los nuevos 20?

Y de repente leemos que hace ya 25 años que se ha estrenado Friends (¡¿25?!) ¿Qué me está pasando, doctor? El diagnóstico es muy sencillo: nos hacemos mayores. Sin embargo, nos sentimos y, muy probablemente, nos comportamos como si tuviéramos todavía 20 años. ¿Somos unas inmaduras o es que el paradigma ha cambiado?

Nuevos 20
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Las comparaciones son odiosas. Si le preguntamos a nuestra madre qué hacía con 30 años seguramente ya tendría el pack completo de marido, casa e hijos. Hoy en día, las circunstancias han cambiado, sobre todo si nos referimos a las mujeres.

Para empezar, las mujeres nos formamos mucho más y acumulamos licenciaturas, máster y posgrados antes de empezar nuestra carrera profesional. A este hecho, tenemos que sumarle que antes, entrar en el mercado laboral, no era una hazaña titánica. España (datos de mayo de 2018) tiene una tasa de paro para personas menores de 25 años del 36,3%. Alemania, en la otra punta pero en el mismo continente, tiene un 6,6% de paro juvenil.

Abandonar el nido también es una “misión imposible”. Según datos de la Comisión Europea, los jóvenes españoles se emancipan a los 29,4 años. El precio desorbitado de los alquileres en España y el salario medio de los jóvenes españoles son como el agua y el aceite…

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Todos estos factores culturales, económicos y sociológicos han hecho realidad este cambio de paradigma. Si bien, no todo iba a ser malo. De hecho, en el cine o las series dibujan los 30 como la mejor década de nuestra vida ya que no tenemos las inseguridades de los 20 (al menos la financiera) y seguimos siendo y pareciendo jóvenes.

Por una parte, sí, es cierto, somos “más mayores” pero por otra nos sentimos mejor que nunca o al menos mejor que cuando teníamos veinte años. Fumar ya no está tan de moda, hacemos yoga, mindfulness, comemos quinoa y chía, tomamos batidos verdes, salimos a correr, compensamos nuestros excesos (o al menos lo intentamos) y tenemos cada vez más claro que lo que somos por dentro, se manifiesta por fuera.

Si bien, aunque por fuera y por dentro nos veamos como si tuviéramos 10 años menos, lo cierto es que, lo sentimos, millennials, los 30 no son los nuevos 20. Debemos superar este síndrome de Peter Pan, quemando etapas y tomando decisiones.

Está genial que con 30 años nos veamos igual que nuestras madres en sus veinte pero el mayor error que podemos cometer es pensar lo mismo o actuar de la misma forma que en la década anterior. En el caso de que no hayamos evolucionado nada es que algo estamos haciendo mal… No debemos poner nuestras inquietudes y ambiciones en modo de espera ya que corremos el riesgo de que luego sea demasiado tarde.

¿Estoy llevando el estilo de vida que quiero llevar? ¿Dónde quiero vivir? ¿Con quién quiero vivir? ¿Me gusta mi trabajo? ¿Quiero tener hijos? ¿Quiénes son mis amigos? Todas ellas son decisiones difíciles pero que necesitan ser meditadas y tomadas de forma consciente en esta década precisamente.

Madurar no es siempre malo. Una vez alcanzadas las 30 primaveras (alguna más en mi caso) nos daremos cuenta de que nuestro tiempo es oro y haremos encaje de bolillos para aprovecharlo. También seremos más selectivos en qué y con quién gastamos ese tiempo y sabremos distinguir qué personas nos aportan y quiénes restan en nuestras vidas. Por último, en esta década también nos daremos cuenta de que la salud y la familia son y serán siempre nuestro bien más preciado y haremos todo lo posible para cuidarlos y protegerlos. Como decía El Principito, “lo esencial es invisible a los ojos”.

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