Depresión navideña: por qué se produce y cómo puedes superarla

Las Navidades son fechas que pese a la aparente felicidad y entusiasmo del entorno, también nos pueden despertar emociones contrarias a las del resto de la sociedad. Si es tu caso, no te preocupes, nuestra psicóloga te ayuda.

Se hace evidente en estos momentos una presión social- cultural- económica de años de tradición en la que se presupone que eres feliz y pleno, que disfrutas de una relación familiar armoniosa y llena de complicidad, en definitiva que eres una persona satisfecha con tu vida y entorno. Esta presión social en ocasiones puede chocar con tu realidad cotidiana, en esta contradicción muchas veces se elige disimular. Mantener esta máscara puede ser una carga demasiado pesada. Genera frustración, tristeza e insatisfacción.

¿Por qué puedo sentir tristeza en estas fechas?

La psicóloga Esther Moreno nos habla de varios escenarios posibles. 

- La ausencia de seres queridos nos acompaña durante el transcurso del año, pero en estos momentos tan familiares se pone especialmente de manifiesto. La nostalgia y tristeza puede incrementarse en estas fechas.

- Tensiones familiares no resueltas. Puede haber una parte de la familia que no nos resulta tan cercana como “debería ser” y tal vez la veamos exclusivamente en estas situaciones. La falta de trato, confianza, el deseo de agradar y la incomodidad de esta situación socaba la naturalidad de estos encuentros convirtiéndolos en un compromiso y un artificio más que en un momento distendido y de alegría compartida.

- Sensación de soledad. Ante el aparente ideal social de estas fechas, puedes sentirte con sensación de vacío y sin ganas de celebración.

- Estrés navideño y consumo. Son momentos de grandes gastos en los que hay un propósito de contentar al entorno a través de los regalos. La crisis económica nos afecta al tomar decisiones de compra, tanto en la elaboración de los menús como en la entrega de regalos. Esto nos genera un “no llego” que provoca malestar. El amor se demuestra en el día a día, no con grandes regalos navideños.

La presión social nos OBLIGA a ser felices en Navidad.

Consejos:

Para ayudarnos con esta situación a la que hacemos frente la experta en psicología Esther Moreno nos aconseja:

- Comparte tus emociones con un ser querido, esto te ayudará a plantear otra visión de lo que te sucede. Al expresarlo sentirás que liberas parte de la carga que estás sintiendo.

- Busca actividades que te motiven en compañía de algún amigo o familiar, de este modo romperás la espiral negativa en la que sientes que te sumerges y esto te ayudará a adoptar otro punto de vista sobre lo que estás viviendo.

- Realiza deporte, es muy útil para elevar el estado de ánimo, de todos es sabido su contribución en generar serotonina.

- Trata de evitar situaciones que te hagan sentir vulnerable o te generen malestar, son fechas llenas de compromisos. Valora de cuáles puedes prescindir teniendo claro que lo importante no es agradar a los demás, sino actuar de un modo coherente con los afectos que sientes de manera natural.

- Lo mismo es un buen momento para explorar e identificar las razones que te generan esa tristeza y poderlo trabajar como propósito del próximo año.

- Si sientes que la tristeza se mantiene tras las fiestas navideñas, puede ser conveniente buscar apoyo de un profesional.

Trabaja un bienestar holístico

Depresión postvacacional
Imaxtree

“Imagina –propone Carla Sánchez de The Holistic Concept- que un buen día todos nos despertásemos sintiéndonos plenamente agradecidos… De pronto, el que odiaba su trabajo empieza a vivir el acudir a la oficina como una celebración, feliz y motivado, dando gracias al universo, a sus jefes y compañeros por su suerte. La madre sobrepasada olvida milagrosamente todas las quejas por su agotamiento y frustración y ve únicamente lo increíbles y maravillosos que son sus hijos; el soltero percibe que su libertad envidiable supera todo aquello que lo entristecía y tú dejas de ver ese problema que te bloquea como un escollo y sólo das gracias por la maravillosa oportunidad que en realidad supone… Suena a cuento de Navidad ¿verdad? Pues volvamos al planeta Tierra. Porque, aunque la gratitud es magnífica como apoyo en un sinfín de cuestiones emocionales, lo cierto es que, por mucho que traten de hacernos creer lemas pro-positividad desde tazas, pósters y cuadernos, hay ocasiones en que la faceta negativa de la realidad se impone (basta con recordar que estamos en plena pandemia). Además, la gratitud, no tiene tantos superpoderes como algunos le atribuyen: nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos (rebaja hasta un 23% el estrés, según algunos estudios científicos) pero no cambia el mundo ni la realidad exterior”.

Ser conscientes de lo que tenemos: no forcemos pero no exageremos

“Lamentablemente- apunta Carla- no siempre hay motivos para sonreír… Ni para estar agradecidos o, por lo menos, no siempre lo ‘bueno’ supera ‘lo malo’ y, además, tratar de forzar una falsa alegría o gratitud puede resultar contraproducente y derivar en efectos contrarios al buscado, como producir aún más estrés. Es lo que los expertos en Neurociencia y Psicología han dado en llamar ‘La tiranía o dictadura de la felicidad’”.

Y es que, como explica la experta “nuestro estado de ánimo, por definición, es imposible que sea lineal ni las emociones funcionan como un interruptor que podamos encender a voluntad: son procesos complejos relacionados con múltiples factores internos y externos. Así que pretender estar permanentemente agradeciendo o, lo que es lo mismo, poniendo el foco en lo positivo que tenemos, cuando para todos, en ciertos momentos, lo negativo lo supera, resulta no solo contraproducente si no agotador y es poco saludable. Puede acabar provocando agotamiento psicológico y ansiedad, entre otros. Un buen ejemplo es el de la bióloga y periodista estadounidense Bárbara Ehrenreich, quien en su libro ‘Sonríe o Muere’, relata cómo se sintió obligada a vivir un cáncer de mama mostrándose optimista todo el tiempo y el daño que ello le hizo psicológicamente”.

GRATITUD SIEMPRE QUE SEA POSIBLE…

“La gratitud es maravillosa- expone Carla- nos permite percibir de forma más nítida lo bueno que hay en tu vida, dar las gracias por ello, regodearte en la parte positiva… Además, son muchos los estudios que demuestran sus beneficios, por ejemplo, el de ‘Correlaciones neuronales de la Gratitud’ del Dr. Robert Emmons (South Califormia University) que, entre otros, demuestra que aumentan la vitalidad, la satisfacción con uno mismo, la esperanza o el optimismo”. Sin embargo, no se ha probado científicamente que el agradecimiento posea ese poder de transformación de lo exterior que algunos le atribuyen “si la gratitud realmente tuviese el poder que se le otorga ¿no sería ya este planeta un poquito diferente?”, se plantea. Así, aunque “hay cientos de libros sobre el poder de dar las gracias cuya cualidad indudable (y científicamente confirmada) es que nos hace segregar endorfinas y sentirnos mejor, tanto a nosotros mismos como a quienes se la profesamos, hay un dato que a veces se olvida: sólo actúa cuando brota desde el interior, la gratitud fingida no funciona”.

 

¿Por qué debemos evitar quejarnos?

“Por su parte –dice Carla- la queja, sin machacarse ni machacar, aunque generalmente denostada, también tiene una faceta ‘buena’ e incluso necesaria: ayuda a desahogarse, liberar estrés, deshacerse de malas energías, relaja… Por no hablar de que para conseguir cambiar ciertas cuestiones: desde conseguir un aumento de sueldo a un cambio político, aplica ese refrán de ‘quién no llora (o se queja) no mama”. El equilibrio es, pues, esencial. La clave está en encontrar (y aprovechar) el momento para cada una: “es como combinar en un plan de entrenamiento unos días de Yoga (gratitud) con otros de boxeo (queja) y, sobre todo, no tratar de arrinconar ninguno de los sentimientos por estar ‘socialmente’ poco aceptado y menos fingir o forzar el otro”.

La importancia de cómo y el cuándo

Circunscribir la queja a momentos en que “realmente el elemento perturbador o negativo supera al resto” es una de las claves esenciales, según afirma la experta. “En esos casos es mejor y más saludable no quedarse la queja dentro, por mucho que el ambiente te pida una sonrisa y una palabra de agradecimiento.

Por ejemplo, en Navidad, tu pareja te deja. El entorno te suele reclamar (a veces sin palabras) que aparques la queja, que agradezcas que está la familia reunida, que celebres: en esos casos, la queja es necesaria como desahogo y si los de alrededor no son proclives a oírla lo mejor es buscar otras vía como tratar de hacer una sesión de relajación o llamar a una amiga para desahogarte antes de sentarte a la mesa y entonces sí: dar las gracias por las pequeñas cosas que te rodean”

Aprender a trabajar la gratitud

Entrenar la capacidad de agradecimiento sincero y pleno –explica Carla Sánchez- y practicarlo más a menudo (aunque solo sea porque nos hace segregar endorfinas y así sentirnos mejor, o porque quejarse todo el tiempo acaba por pasar factura y hacernos destacar solo lo negativo si es continuo) implica, en primer lugar, dedicar unos minutos al día (bastan 2 / 3) en revisar todo lo que sí hay de bueno en nuestra vida en lugar de darle tantas vueltas a lo que no se logra alcanzar”. ¿Que a qué me refiero? Por ejemplo, a no dar por sentado que tener salud o un trabajo, amigos, una buena relación con tu familia o, incluso, comida en la nevera es lo normal: a estas alturas, ‘gracias’ al COVID-19, todos hemos recibido una ducha helada de realidad y caído en la cuenta de que la vida puede dar la vuelta cuando menos lo esperamos”.

La experta en bienestar propone “aprender a centrarnos en los detalles positivos del día a día (sin negar los negativos, pero intentando primar los ‘buenos, que siempre los hay), porque eso es lo que los hará especiales y únicos: empezar a entrenar esta mirada puede suponer un cambio más grande del que imaginamos”.

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