En busca de la felicidad de los más pequeños

A ser feliz también se aprende y los niños son alumnos aventajados en esta asignatura. Educar desde la independencia, el cariño y la autoestima es garantía de una vida llena de alegría.

En busca de la felicidad de los más pequeños

Comprar a tu hijo el último modelo de videoconsola o las zapatillas que lleva el icono futbolero del momento puede dibujarle una sonrisa en la cara durante unas horas, días o semanas. Pero educar en la felicidad es otra cosa. "A todos les gusta consumir. Lo material es agradable y excitante, pero produce una felicidad fugaz. Una vez que se obtiene el deseo, se esfuma", dice la coach infantil Valeria Aragón. El camino para conseguir el bienestar a largo plazo pasa por olvidar el placer fugaz del intercambio comercial, resetear estos hábitos y orientar la mirada hacia el interior. "La sociedad de consumo ejerce una gran presión sobre los niños, haciéndoles creer que cuantas más novedades posean, más contentos estarán", comenta la psicóloga infantil y escritora Silvia Álava. Pero como apuntaba el Dalai Lama las acciones éticas, la bondad y la compasión son las que abonan el terreno para vivir en plenitud. Desciframos las claves que descubrirán la auténtica felicidad a tu hijo.

¿Sabes si tu hijo es feliz?

Son muchas las definiciones de felicidad, pero como indica Valeria Aragón: "Casi todas aluden al estado emocional que se produce cuando se consigue lo que se desea". Ahí está la gran cuestión: ¿qué quieren nuestros pequeños? "Hoy poseen más cosas que sus padres y, sin embargo, están más aburridos y solos que ellos", comenta Silvia Álava. Aquella felicidad que se mantiene en el largo plazo, poco tiene que ver con la sed de consumir. "Eres feliz cuando tienes proyectos y los llevas a cabo", continúa. Se reafirma así la máxima de que el dinero no da el tan ansiado estado vital. Cuando los ingresos de una familia superan el umbral de la pobreza, el aumento de la riqueza no se corresponde con un incremento del mencionado ánimo. "Cuantas más cosas tiene un niño, mayores son sus aspiraciones y, también, más difíciles de llevar a cabo", dice Belén López-Pérez, investigadora en psicología social en la citada universidad y una de las autoras del estudio. "Los padres valoran la felicidad de sus hijos según sus propios niveles de satisfacción", cuenta Belén. Pero una simple observación puede revelar si los niños están en la senda del bienestar. Si su autoestima es saludable, su actitud es positiva, son proactivos y alegres, todo indica que ya han iniciado el camino.

Padres, predicad con el ejemplo

En busca de la felicidad de los más pequeños

Cariñosos y poco controladores. Así son los progenitores de los niños felices, según un estudio sobre relaciones parento-filiales dirigido por Mai Stafford. "Quienes se permiten su descanso, su propio ocio, momentos de recogimiento y sueños, estarán cargados de amor para dedicárselo a sus hijos”, asegura Valeria. Como los niños replican el comportamiento de sus progenitores, solo educarán en estos valores quienes los experimenten en primera persona. "Los adultos refuerzan el comportamiento del niño, por eso hay que trabajar también con ellos", cuenta Silvia, que desarrolla talleres para padres en el centro Álava-Reyes. La metodología de esta escuela es sencilla, solo tienen que observar su forma de actuar. "Deben hacer registros de su comportamiento y las reacciones con sus vástagos". Por ejemplo, cuando el niño tiene una pataleta, ¿cuál es la reacción parental? Mantener la coherencia con lo que se dice y cómo se actúa es una de las bases del éxito. Los padres con suspenso en esta asignatura suelen ser los sobreprotectores. 

Educar en positivo

En busca de la felicidad de los más pequeños

Imagina un caracol que camina para localizar su casa. Es un símil que plantea Valeria sobre lo que supone buscar la felicidad fuera de uno mismo. El primer estadio para descubrirla es claro, hay que entender las emociones. Los niños tienen que poner nombre a sus propios sentimientos y los de otras personas. Si deseamos que nuestros hijos sean felices tendrán que saber que hay estados de ánimo positivos y negativos y que ambos pueden tener efectos necesarios. "Por ejemplo, aunque sentir ira no es bueno en sí mismo, puede resultar beneficioso para tener éxito al ponernos cara a cara con alguien que nos ha engañado", prosigue. Este es el ámbito de la inteligencia emocional. El segundo paso para conseguir la felicidad pasa por la flexibilidad emocional. "Los niños necesitan saber que los fallos no son errores, sino una oportunidad para aprender y ser más fuertes", añade Belén. Por supuesto, desarrollar una actitud positiva es algo que también se adquiere. ¿Cómo? Enseñando a disfrutar de los placeres cotidianos. Un ejercicio sencillo es que al final del día padres e hijos compartan tres cosas sencillas por las que están agradecidos. Estudios demuestran que esta sencilla actividad aumenta de forma significativa la felicidad.

En este punto entra la meditación. En el centro budista Kadampa de Madrid (vajrayanamadrid.com), los domingos realizan talleres para familias. "En cada sesión se trabaja un tema que pueden aplicar a su día a día, como practicar la paciencia. Realizamos una pequeña meditación, luego charlamos y por último lo ponemos en práctica con un juego”, cuenta Tamara Chenel, maestra en este área. Es a través de teatrillos o dibujos cuando se convierten las emociones en algo concreto. "Hay veces que tratamos el enfado poniéndole nombre y llevándolo a ejemplos de su realidad cotidiana", agrega. Para que estas enseñanzas funcionen en los niños hay que adaptar los tiempos, pero siempre manteniendo la atención plena. Asimismo los pequeños necesitan tomar parte en actividades que tengan un impacto social. "Simplemente haciendo que los niños reciclen y explicando el impacto de este acto, se sentirán mejor y sabrán que están contribuyendo a crear un mundo mejor", propone López-Pérez. Una forma de vida con la que también tú desarrollarás al máximo la felicidad.

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