En grande (siempre) es mejor

Lo pequeño, lo mono, está de moda. Y totalmente sobrevalorado

My Little Pony
My Little Pony, ¿el juguete que todas queríamos?

 

Las “pequeñas cosas” están de moda. Lo están desde aquel libro de Philippe Delerm publicado en los noventa que se titulaba El primer sorbo de cerveza. Yo no digo que las pequeñas cosas, o sea, los pequeños placeres de la vida, estén mal o incluso que sean necesarios, pero tambén habría que ser capaz de poder vivir con la actitud adecuada cuando aparezcan en nuestro camino las grandes cosas de la vida (vamos, digo yo).

Hacer mermeladas en casa -y quien dice mermeladas dice pan, calceta, figuritas de ganchillo, monederitos de tela, cuadritos de ciervos bordaditos...- o ver dos temporadas seguidas de una serie en casa, en el sofà, con tu novio, tapados con una manta de Zara Home, debe estar muy bien (yo no lo he probado), pero si a ustedes les surge la oportunidad de subirse a un pura sangre inglés y salir a galope tendido, no renuncien a ello.

No sé si me explico. Lo pequeñito estará muy bien, pero lo grande, es mejor. Nos ha metido en la cabeza que hay que conformarse con "las pequeñas cosas" mientras "ellos" surcan el mediterráneo en yates que tienen hasta aeropuerto. Pues mire, no.

Mientras estás en casa, confortablemente, haciendo mermeladas o bebiéndote el primer sorbo de cerveza ese de marras o mirando como caen las hojas de los árboles en plan tontolaba, te olvidas de hacer la revolución. Y así nos va.

Las mujeres dicen que lo que quieren de un hombre es que las haga reír. ¿Cóoooooomooooooooo? ¿Quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeee? Yo si quiero reír me leo la tira cómica de Fred Basset en La Vanguardia. De un hombre no espero que me haga reír, francamente.

Ya te digo, nos conformamos con "las pequeñas cosas" y preferimos la cerveza al güsqui de malta, un pequeño pony a un pura sangre, y un chiste al orgasmo.

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