¿En realidad sois tan amigas? Descúbrelo

Dicen que la amistad -al contrario de la familia y del amor- es lo único que se puede escoger... pero ¿es así?

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¿Dónde poner la frontera entre la crítica constructiva y la dañina? ¿Esconden las amigas alguna frustración tras esa apariencia de preocuparse por nosotras?

En casi todos los casos, la amistad comienza a resquebrajarse por la misma grieta: querer ser como la otra o desear tener lo que ella tiene.

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Francesco Alberoni, sociólogo italiano autor de decenas de libros sobre los sentimientos, reflexiona en «La amistad» (Gedisa) precisamente sobre los grupos de amigos de más de ocho individuos, que él llama «compañías amistosas»: comunidades cerradas que en un momento se unieron gracias a una experiencia compartida (instituto, universidad...), pero que se quiebran cuando esos mismos individuos «se enamoran, se casan o se van». En ciudades grandes estos grupos se desintegran sin problemas, pero en regiones pequeñas hay una tensión opuesta que hace que maridos, hijos y parientes acaben por integrarse. De hecho, en esas estructuras convi-ve un híbrido de relaciones sinceras con otras envilecidas, camufladas por la colectividad. El propio grupo impone un protocolo de represión que equipara todas las relaciones a «amistades» y la hipocresía acaba imponiéndose. A pesar de los miles de matices, hay dos claves para saber si alguien merece estar entre los elegidos, según la pedagoga Nora Rodríguez: «Lo mejor que una amiga te puede decir es “eres capaz” y lo peor... que se compare contigo». Porque hay que escuchar desde la empatía, alentar desde el cariño y aconsejar lo menos posible desde la miopía de lo que haría uno mismo.

Las redes sociales no han hecho sino enmarañar las ya de por sí complejas relaciones humanas. Estar comunicada en tiempo real no quiere decir estar bien comunicada. Podemos creernos cerca de amigas del alma por comentar en su muro, pero se olvida un matiz imprescindible: la piel. El cara a cara es crucial para la salud emocional. Una nueva tendencia social augura un empacho tecnológico en apenas cinco años y aboga por «desintoxicarse» para evitar que tanta información superflua y simultánea tenga efectos irreversibles. Hay que recolocar lo online en el sitio adecuado: donde pueda aportar sin incordiar.

Detectar una falsa amistad

Falta de empatía. Apenas trata de apoyarte o contradecirte cuando no te sientes bien contigo misma.
Hipercriticismo. Se aprecia una nula contención en sus comentarios críticos durante momentos sensibles.
Manipulación. Tiene tendencia a involucrar a terceras personas para ejercer algún tipo de poder o influencia sobre ti.
Autocomplacencia. Insiste en subrayarte lo buena amiga que es, sus buenas intenciones o los servicios que te presta, por mínimos que sean.
«Yoísmo». Cualquier problema que le cuentes lo lleva a alguna situación que ella haya vivido, tenga que ver o no.
● Insistencia egoísta. No respeta tus tiempos como válidos y te presiona para que hagas determinadas cosas.
● Ausencia de compromiso. No reacciona cuando le demandas mayor confianza, intimidad o lealtad.
● Denegación de ayuda. No te echa un cable al exponer tus ideas ante otras personas ni trata de buscar soluciones a los problemas que tienes.

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