Es un hecho: Tinder no ayuda a reforzar tu autoestima

Parece que la 'app' por excelencia para ligar no es tan beneficiosa como parece en términos de confianza personal. ¿Tenemos pavor al rechazo a través de una pantalla?

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Amitámoslo, a todas (o al menos, a algunas) nos ha pasado. Hay muchos días en los que Tinder proporciona un subidón de adrenalina que nos hace sentirnos las reinas de mundo. Y hay otros días, en los que el subidón no lo es tanto, y se convierte en bajón. Según Sean Rad, el fundador de la red preferida por antonomasia para ligar, la aplicación habría eliminado por completo el miedo al rechazo en cuanto a las relaciones personales, o al menos, a través de la pantalla del móvil. ¿Es esto cierto? Parece que no. Y además, todo indica que utilizar compulsivamente la aplicación para, inconscientemente, hallar la aprobación ajena, le está haciendo un flaco favor a nuestro autoestima.

Una vez pasada la típica pregunta de ¿En serio, estás en Tinder?  y la conmoción posterior, socialmente se ha demostrado que ni Tinder es una app exclusiva para gente insatisfecha ni solo se utiliza para una canita al aire. Y el estudio Love me Tinder: Body image and psychosocial functioning among men and women lo demuestra.

 

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Según los datos obtenidos en el estudio, la hipótesis sobre el culto al cuerpo se cumple con creces. En la encuesta realizada a 1.044 mujeres y a 273 hombres en su mayoría universitarios, se constató que el autoestima,-tanto en hombres como en mujeres-, disminuía con el uso de la aplicación ya que los canónes estéticos provocaban que los sujetos se sintieran como objetos y comenzaran a compararse físicamente con los demás.

Además, se demostró que el miedo al rechazo también estaba presente en los hombres: sin duda, el género masculino no se escapa de la lacra del físico. Aunque para ellos, se trata de una  situación nueva: muchos reconocieron que no saben cómo gestionar este rechazo ya que en la vida real, no están acostumbrados al equivalente al unmatch, al menos de manera tan directa (legado del heteriopatriarcado, sin duda). Sin embargo, ¿tenemos más miedo al rechazo cara a cara que al que se pueda producir a través de una pantalla de smartphone?

1.044 mujeres y a 273 hombres
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Sin duda, si la preocupación principal es que alguien nos rechace, al usar Tinder debemos tener algo claro: utilizar la aplicación no asegura que alguien te vaya a aceptar. Es más, si alguna vez has usado la aplicación, sabrás que el hecho de quedar con una persona con la que ya has mantenido una conversación previamente no te libra de que a esa persona no le gustes (ni ella a ti). Si preguntas a tus amigos, seguro que descubrirás que no todas las citas de Tinder van bien. Y es que, al final estamos eligiendo a nuestra posible cita por unas características físicas que puede que no sean como nosotros esperábamos en persona. Y el ejercicio está en aceptar que no pasa nada.

La aplicación puede ser una forma fantástica de conocer gente, no hace falta añadir excusas del tipo es que no tengo tiempo para ligar o estoy muy ocupado. No obstante utilizar la app como boom para nuestro autoestima es un error. Ya que puede ocurrir todo lo contrario. Los matches, finalmente, no te aportarán esa seguridad personal que tanto anhelas ni tampoco servirán de flotador para superar una ruptura. Si vas a adentrarte en el mundo tinderiano lo más aconsejable es que te sientas bien contigo mismo, con tu físico, con tu personalidad... y que no busques la aprobación ajena para sentirte mejor. Y es que, con las nuevas tecnologías, también aparecen las nuevas prácticas.

 

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Seguro que has oído hablar de las bombas de humo. Probablemente tienes una amiga a la que le ha pasado, o incluso te ha ocurrido en primera persona. Pues bien, el nuevo término para referirse a desaparecer sin dejar rastro de la faz de la tierra se llama Ghosting  y es una de las prácticas que más abundan en la red social. Lo que demuestra, entre otras cosas, la falta de empatía de los usuarios con la otra persona respaldados en el anonimato que da una pantalla de móvil (aunque en algunos casos, sucede después de la primera cita). Esto pone de manifiesto una de las conclusiones del estudio que admite que las personas, en muchas ocasiones, se sienten desechables y despersonalizadas al utilizar la aplicación, lo que puede desestabilizar psicológicamente a los usuarios. Vamos, un bajón en toda regla. Pero el si te he visto no me acuerdo no es el único término.

Tenemos el glosario al completo para entender algunos de los comportamientos en la aplicación.

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El benching es literalmente sentarse en el banquillo. Así que, podrías ser la segunda opción de alguien que simplemente, tiene a otra persona como prioridad o quiere mantener la expectación. Lo que sería el segundo plato si hablamos dejando de lado los eufemismos. El breadcrumbing consiste en ir dejando miguitas de pan. Una frase que lo expresa a la perfección es Sí, sí. Iré, luego me paso, con esto se van dando pequeñas esperanzas sin saber las verdaderas intenciones del que lo hace. ¿El objetivo? A nadie le queda claro. Y por último el cushioning, que hace alusión a la persona en reserva que siempre está ahí pase lo que pase. El tradicional un clavo saca a otro clavo. Independientemente de este nuevo diccionario de comportamientos, en Tinder no son todo contras. Es una manera sencilla de expandir tu círculo social, puedes encontrar personas que sin la aplicación, nunca hubieras imaginado conocer y además, puedes pasar buenos ratos o incluso encontrar el amor (al contrario de lo que se cree, no es tan extraño).

Eso sí, si te adentras en el mundo de las citas virtuales hazlo en un momento en el que te sientas bien y realizada contigo misma. Nunca lo hagas para animarte o solucionar algún problema, porque si las cita o citas en cuestión salen mal, volverás al principio y seguramente, mucho más perjudicada. Aunque no olvidemos que para tirarse a la piscina y estar abierta a conocer a gente, hace falta mucho valor, ya que nunca sabes lo que te vas a encontrar.

Sea como fuere, aquí el dicho mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer no se cumple. Y si a la primera sale mal, piensa que ya vendrán tiempos mejores.

¿Qué tienes que perder?

 

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