Hambre emocional: claves para identificarla y consejos para evitarla

Si recurres a la comida cuando estás aburrida, deprimida o ansiosa, puede que sufras eso que se conoce como 'hambre emocional'. ¡Así puedes controlarla!

Te habrás dado cuenta de que no siempre comes para satisfacer el hambre meramente física. En más de una ocasión, es probable que hayas recurrido a la comida para reconfortarte si estás triste, para aliviar el estrés del trabajo o para recompensarte después de que te den un disgusto. Y si lo has hecho, además, habrás tendido a buscar comida rápida, dulces y otros alimentos poco saludables pero sabrosos, que proporcionan una felicidad instantánea al cerebro. Tomar helado cuando te sientes deprimida, comer una hamburguesa si no quieres cocinar, abrir una bolsa de chuches si estás aburrida, consumir un bollito de azúcar si quieres mimarte… Ya sabes de las situaciones de las que hablamos.

Este hábito tiene un nombre y es más común de lo que piensas. El ‘hambre emocional’ -o esa costumbre de utilizar la comida para sentirse mejor y para satisfacer necesidades emocionales en lugar de físicas- lejos de solucionar los problemas emocionales de quien la sufre, puede convertirse en un arma de doble filo: es probable que después de comer de esta forma, te sientas peor contigo misma.

¿Cómo saber si es hambre emocional?

El primer paso para controlar el hambre emocional -como cualquier otro hábito dañino- es identificar su origen y los factores que la desencadenan. Párate a pensar: ¿sólo buscas el consuelo de la comida cuando estás triste? ¿Qué situaciones te hacen recurrir a ella? ¿Sólo comes cuando tienes hambre? La mayor parte del hambre se relaciona con sentimientos negativos (aburrimiento, ansiedad, tristeza, despecho…), pero también puede desencadenarse por emociones positivas (una energía en exceso, como recompensa por lograr algo, por la influencia de los demás…)

Uno de los factores más comunes que puede provocar que quieras comer de forma emocional es el estrés y el cortisol, una hormona que aumenta en el organismo cuando se encuentra ansioso y que desencadena antojos de azúcar y de alimentos salados, dulces y fritos, que proporcionan un bienestar instantáneo.

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¿Cómo evitar el hambre emocional?

La forma más fácil de evitar el hambre emocional es buscar una alternativa para canalizar las emociones y sentimientos que puedas tener en tu interior. No basta con comprender los factores desencadenantes del problema: necesitarás formas de realizarte emocionalmente que no impliquen comer.

Algunas ideas útiles: si estás deprimida y triste, llama a un amigo o a un familiar que te haga sentir mejor y que te distraiga, o simplemente, sal a la calle a hacer un poco de ejercicio ligero. Si tienes ansiedad y estrés acumulado, libera energía bailando en casa, practicando un deporte como el boxeo o saliendo a correr. Si estás agotada -física y mentalmente-, date un baño, enciende algunas velas aromáticas… y si estás aburrida, lee un buen libro o aprovecha para ponerte al día con tu serie favorita.

¿Y un último consejo práctico y fácil? Evita tener alimentos poco saludables en tu cocina y ten a mano snacks saludables o fruta. Si cuando te de el antojo sólo tienes a tu disposición opciones sanas para comer, mucho mejor.

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