La columna de Barbarella: inseguridades, ¿por qué aparecéis cuando nos gusta un chico?

Todo parecía normal, no me sentía diferente y, sin embargo, el puñetero espejo me ha devuelto una imagen horrorosa esta mañana. Dios, en serio, qué susto… Era mi versión adolescente

La columna de Barbarella
Katy Perry en un fotograma de su videoclip 'Last Friday Night'.

Hoy me he levantado dispuesta a ducharme, arreglarme e irme a trabajar. Todo parecía normal, no me sentía diferente y, sin embargo, el puñetero espejo me ha devuelto una imagen horrorosa. Yo misma, a mis años, como Katy Perry en el videoclip ese hortera de los ochenta: braquets, granos, un corte de pelo NADA favorecedor, una nariz desproporcionada con el resto de mi cara… Dios, en serio, qué susto… Era mi versión adolescente.

Encontrarme cara a cara con una Barbarella que llevo años intentando superar por lo jodido de mi look, lo insoportable de mi carácter y lo chungo del acné, os seré sinceros, no me ha venido nada bien. A punto he estado de llamar a mi jefa y decirle "mira, es que creo que he cogido un virus muy chungo como de Benjamin Buton o algo. Hoy me quedo llorando en casa y ya si eso voy mañana", pero una es adulta (o al menos eso deben pensar los de Iberdrola que se empeñan todos los meses en que tenga dinero en la cuenta para pagar las facturas) y en lugar de volverse a la cama se ha preguntado "¿Pero qué coño está pasando?".

Pues resulta que tengo que abrazar de nuevo a mi yo adolescente porque me gusta mucho un chico. Ay EL chico. Bueno no es EL chico pero es el chico de AHORA y eso, de momento, nos sirve. El caso: Chico y yo quedamos anoche, ¿sabéis? Y todo iba bien, él es majo, se ríe de mis chistes, yo de los suyos, se preocupó por saber a qué me dedico exactamente (pobre alma insensata) y yo hice como que entendía algo de lo que me explicaba de su trabajo, nos preguntamos -levemente- por nuestras infancias y familias, una cita como mandan los cánones. Todo genial y en la despedida… EL beso. No es que no nos hubiéramos besado antes (y máaaas… que aquí todos somos mu’modernos) pero es que el de ayer fue EL beso… y claro, eso trastoca. 

Subí a casa y me desmaquillé, me metí en la cama y (¡atención, spoiler!) llegaron a mi cabeza de golpe y porrazo (y sin previo aviso) ABSOLUTAMENTE TODAS mis inseguridades. Inseguridades que cargo en la mochila desde los 14 años y que, aunque ya no importan tanto como antes, en situaciones como esta… escuecen. Bastante.

Katy Perry en un fotograma de su videoclip 'Last Friday Night'.
Katy Perry en un fotograma de su videoclip 'Last Friday Night'.

¿Me escribirá? ¿Se lo habrá pasado bien? ¿Habrá sentido lo mismo de EL beso? Espera, espera, ¿para él esto también habrá sido EL beso o habrá sido UN beso? ¿Por qué no ha querido subir a casa? ¿Será que no le gusto tanto?... Y claro, amigas, para qué queremos más… 

Todos estos pensamientos llevaron a un análisis pormenorizado de:

  • Lo que había dicho.
  • Lo que había hecho.
  • Los chistes que había gastado.
  • La ropa que había llevado.
  • La comida que había pedido.
  • El momento ridículo en el que se me torció un tobillo sin venir a cuento y casi me como un parterre (ya me iréis conociendo, estas cosas me pasan a menudo).

Y, por supuesto:

  • Lo que él había dicho.
  • Lo que él había hecho.
  • Las bromas que me había gastado.
  • La comida que había pedido.
  • La ropa que llevaba puesta.

Y todo este análisis exhaustivo, del que el CNI y Claire Danes en Homeland se sentirían orgullosos, solo para intentar averiguar si yo a él también le gustaba tanto o no. Y si algo sabemos todas es que este tipo de cosas no sirven para NADA, pero ahí estamos perdiendo el tiempo y levantando costras de todo lo que estamos rascando nuestra seguridad como mujeres y nuestro autoestima.

Katy Perry en un fotograma de su videoclip 'Last Friday Night'.
Katy Perry en un fotograma de su videoclip 'Roar'.

Pues nada, que resulta que ayer mientras me volvía loca con todo esto y me entraban las ganas de dormir (que el vino y la cerveza es lo que tienen...) llegué a la conclusión de que yo no le gusto tanto porque:

  • Soy morena.
  • Soy mujer.
  • Tengo trabajo
  • Tengo dos ojos.
  • Y dos orejas.
  • Y dos piernas.
  • Y dos brazos.
  • Y todo GORDO (por no hablar de mi tripa).
  • Y encima tengo el pelo rizado y yo, que siempre lo aliso, ayer iba en plan leona.
  • Y mi look era demasiado soso (admitiré que esto no me lo creí del todo ni yo misma, porque si La Vecina Rubia está segura de su pelazo yo estoy segura de mi estilo y estilismos, pero bueno, también me lo dije en un momento de enajenación mental).

En fin, todo lo que me daba miedo a los 15 años, me dio miedo anoche¿y si no soy lo suficientemente lista? ¿Y si no soy lo suficientemente graciosa? ¿Y si mi cuerpo no es lo suficientemente atractivo? ¿Y si NO le gusto? 

Y claro, así me he levantado hoy que no puedo dejar de mirarme en el espejo y pensar "¿en serio te hiciste este corte de pelo hace 15 años?" (y sí, chicas, sí lo hice… solo para ilustrar os diré que mi hermana pequeña, durante meses, me cantaba el aaaah chigueña bababishibaba de El Rey León cada vez que sonaba el despertador.) Y la pregunta ineludible "¿tan poca confianza y seguridad tienes en ti misma?" y la respuesta ha sido un rotundo NO. 

Bueno, rotundo, rotundo, tampoco ha sido… Pero he comprendido que, aunque la adolescencia es dura, lo que aprendemos en ella y vivimos por primera vez (el primer amor, el primer desamor, el primer rechazo, la primera decepción…) deja huella en nuestra psique en los años venideros y que lo sano, lo saludable, es asumir esas inseguridades y entender que si bien pueden levantar ampollas no somos esas mismas personas. 

Hemos crecido, hemos vivido y hemos superado muchas cosas en los años que han venido después y esas son, realmente, las que nos hacen ser como somos y, por eso, cuando llegan las inseguridades de los 15 años lo mejor es mirarnos con comprensión y entender que, aunque esa chica rara e insegura siempre formará parte de nosotros, no es la parte más importante ni determinante de tu persona. 

Así que al final me lavé los dientes, me vestí y me fui a currar. Y oye, no pasó nada raro. 

Posdata: Chico no llamó más. Supongo que, al final, EL beso fue solo un beso más.

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