La vida pasa muy rápido

Visto en Marie Claire México, según María de la Mora. La vida pasa muy rápido. Si no te detienes y miras a tu alrededor de vez en cuando, quitándote las telarañas de los ojos te puede pasar de largo sin que te des cuenta.

La vida pasa muy rápido

Si pusiera una moneda en un bote por cada treintañera que pronuncia las frases: 1) “No hay hombres disponibles”, 2) “Ya me cansé de tratar”, o 3) “Todos le huyen al compromiso”, sería millonaria. Como millonaria también se haría mi amiga Sara si patentara su propósito de año nuevo: “Este año encuentro el amor, cueste lo que cueste”. ¿Una idea bastante choteada? Sí, pero en el método está la innovación. Sara, este año, va salir con 52 hombres. Ni uno más , ni uno menos, repartidos en los 52 viernes del año. Sin falta. Llueva, truene o relampaguee. Aunque Netflix y Häagen-Dazs intenten boicotear la rutina. Aunque tenga mocos o tos. Con igual persistencia con la que entrenó para correr el maratón de San Diego. Con la misma garra que le consiguió un aumento de sueldo de 35% el año pasado. Sin filtros, ni límites. Sin discriminar. Hasta hoy que el calendario lleva marcados ocho viernes, el balance no es nada halagüe.o, al menos desde el punto de vista más obvio. Pero a pesar del mal aliento del sobrino del contador, el tremendo sobrepeso del cuñado de la prima, la burda intención de terminar en la cama a los 15 minutos de la cita del papá de la amiga del gimnasio y la advertencia del de Match.com de “Estoy listo aunque aún no me he separado de mi mujer”, Sara no se detiene. Decir que Sara es güera, alta, divertida, exitosa y brillante, sobra; pero confirma la falta de sustancia del trillado argumento que tanto se escucha ultimamente:“Guapa, fit, culta, fashion...es incomprensible que no tengas novio en bolsillo y piedra en mano”. ¡Ja, ojalá la receta fuera tan simple!, pero funciona para que las solteras se escuden: “Yo quiero, estoy lista, soy un great catch, pero nomás no llega” (¿no será un discurso un poco automático y de dientes para afuera?). A Ana se lo dicen mucho: “Eres perfecta, marriage material” y sabe que en el momento que de las bocas de sus dates salen esas cuatro palabras, lo que sigue es el más temido de los escenarios de la soltera contemporánea: el cric-cric (ese silencio atroz que emana del celular y que es tan contundente que permite que se escuche el sonido de los grillos). Ana sufre y se revuelca en silencio, mientras permanece sentada en su trono de “perfección”, culpando al género masculino en su totalidad y bateando a todo potencial candidato que tenga tintes de feo, pobre, divorciado, soltero desde hace demasiado tiempo, mujeriego, reventado, viejo, muy joven, serio, hablador, metrosexual, codo, gastador, inculto o snob. Es decir: en la terna universal quedan el esposo de su hermana, su papá y un banquero belga que jamás conocerá. Pero ella insiste: sabe lo que quiere, mientras yo nada más recuerdo aquella definición de locura que señala como síntoma el hacer lo mismo siempre y esperar resultados distintos. Muchos pensarán que la estrategia de Sara tiene un tufo de desesperación, estoy segura de que más de una amiga le habrá dicho algo en la línea de “no bajes tus estándares”, pero yo la admiro cuando me dice que, sentada en un Starbucks de la colonia Narvarte (ella vive en Las Lomas), mientras observaba cómo un veterinario de 48 años deglutía un panini de chorizo, se dio cuenta de que aunque jamás lo había pensado, jamás tendría un perro. No sé si Sara termine este año abriendo mesa de regalos en el Palacio de Hierro, de lo que estoy segura es que para diciembre habrá aprendido al menos 52 cosas nuevas sobre ella. ¿Todos los viernes?, ¿abierta a lo que venga?, ¿con disciplina militar? Suena agotador, pero si el destino final es entender un poco mejor y de forma más sensata y honesta lo que realmente quieres (del amor y la vida en general), sólo puedo decir: Keep walking, Sara. Si en el trayecto de 52 paradas (ok, eso sonó raro) tienes multiorgasmos, ataques de risa e inolvidables conversaciones, mejor aún. Si encuentras a Mr. Right, bien por ti, pero verás que eso termina siendo absolutamente secundario.

Continúa leyendo...

COMENTARIOS