Coronavirus: ¿cómo es el día a día de los profesionales de la salud?

Tras más de un mes de confinamiento, una matrona y una enfermera, afincadas en dos comunidades muy afectadas, nos cuentan su experiencia en primera persona.

Experiencias personales
Ani Kolleshi / Unsplash

20h. Suenan los aplausos, los tambores, incluso el himno y los días de mayor participación, una canción popular. Paquito el chocolatero cobra de repente otro sentido. El apoyo al personal sanitario es inmutable. Este se ha convertido en nuestro día a día desde el pasado 14 de marzo, día de declaración del estado de alarma en España. Tras dos prórrogas, siguen los esfuerzos en la lucha contra el coronavirus.

En la actualidad, se estima que nuestro país cuenta con más de 204.000 personas contagiadas y 21.000 muertos. La cifra esperanzadora es la de las recuperaciones: más de 82.000 personas han superado el virus. Son familias, amistades, amores… separados, en los peores casos arrebatados para siempre, que conforman una realidad que nos afecta a todos, sin discriminar. Una realidad que afecta de forma más específica a los expertos de la salud que trabajan en primera línea, día tras día en el hospital. Hablamos con dos profesionales sobre su vida en tiempos de coronavirus.

Sandrina, matrona de formación: 'No vemos números, vemos a personas con nombre y apellidos'

Material sanitario
Sandrina, con protección completa, en el hospital.

Sandrina L. 32 años, es matrona de formación. Ahora trabaja como enfermera en el Hospital Espíritu Santo de Barcelona. Nos cuenta: "actualmente hago guardias de noche. Soy matrona pero debido al COVID-19 se han cerrado salas de partos, ha sido el caso de mi hospital por lo que me han reubicado, ahora me toca hacer principalmente de enfermera de urgencias. Aunque también he estado en hospital de día donde se ha habilitado un área de pacientes hospitalizados por COVID-19 positivo, han convertido nuestra sala de partos en área de hospitalización de pacientes post quirúrgicos que no son COVID-19, las consultas externas se han habilitado también para pacientes de urgencias de traumatología y cirugía para evitar su paso por urgencias generales y reducir el riesgo de contagio.

Realmente he sentido mucha unión con los compañeros enfermeros, auxiliares y médicos que no conocía porque ahora estamos trabajando mano a mano como si lo hubiésemos hecho desde siempre. Pero posiblemente cuando se acabe esto y nos crucemos en el pasillo ni nos reconozcamos al ir tan tapados.

Resaltar que los aplausos de las 20h son mutuos, igual que nos los regaláis, os los devolvemos porque sin vosotros nuestro trabajo de poco serviría. Estamos empezando a notar un cambio, está bajando el número de ingresos de pacientes con Covid-19, y eso es en gran parte porque la gente se queda en casa respetando el confinamiento.

Coronavirus experiencia
Luis Melendez / Unsplash

Sentimos miedo pero necesitamos levantarnos cada día, curarnos las heridas y seguir luchando. Al igual que vosotros, sentimos incertidumbre, tristeza, impotencia y frustración porque a pesar de que nos llaméis ‘héroes’, no llevamos capa sino una bata y no sabemos si vamos a sobrevivir, porque el coronavirus ya nos ha arrebatado a más de un compañero.

Estás más irritable, triste y con pensamientos negativos. Presentas síntomas físicos: gastrointestinales, alteración del apetito, contracturas musculares, insomnio, yo tengo pesadillas cada noche. El hospital pone a nuestro alcance una ayuda psicológica que creo que vamos a necesitar todos antes o después para curar las heridas que no se ven y evitar el estrés postraumático. Y salud laboral debería de instaurar unas medidas para evaluar el estado individual de cada profesional después de esta emergencia sanitaria.

El tema es que no está solo el virus que te puedes traer a casa, lo que sí es aún más difícil de dejar en el hospital es lo que estamos viviendo allí, para mí es imposible porque está siendo muy duro y se empieza a notar el cansancio físico y psicológico. Después de la primera noche que acompañé a pacientes con COVID-19 llegué a casa pensando en cómo podía ayudarles a pasar el tiempo, aunque solo fuera a contar un día menos, como siempre les intento decir. Pensé en encontrar algo para distraerlos y precisamente participo en un proyecto, con un grupo de voluntarios, de un libro de pasatiempos diseñado especialmente para esta ocasión que se llama ‘Pasa Cuarentena’.

Una de las mayores dificultades del COVID-19 es la soledad. Con el confinamiento la gente se queja porque se aburre en casa pero peor es el que está ingresado en el hospital y estar aislado y solo… Sobre todo para nuestros mayores que no dominan las redes sociales para poder comunicarse con el exterior. Superaron la guerra, nos educaron, nos cuidaron y solo ellos saben lo que han tenido que luchar para darnos a nosotros un mundo mejor y ahora no podemos acompañarlos, y se nos van sin tan siquiera despedirlos como se merecen.

Quiero terminar diciendo que es importante recordar que en las noticias solo se ven números pero en el hospital nosotros vemos a personas con nombre y apellidos y son padres madres, hijos, tíos, sobrinos, abuelos de alguien… Lo que sí queda claro es que el coronavirus no nos va a quitar la sonrisa porque hemos aprendido a sonreír con los ojos."

Andrea, enfermera: 'Todos nos hemos ido ayudando y el trabajo ha salido adelante'

Experiencia Andrea
Andrea, con protección completa, en el hospital.

Andrea P., de 26 años, es enfermera. Ha sido una de las profesionales llamadas para frenar en primera persona la lucha, en el Hospital del Bierzo, de Ponferrada (León).

"En el momento en el que me contrataron para trabajar en la UCI con COVID-19 positivo, dejé de vivir en el mismo piso que mis padres, me mudé al piso de arriba haciendo todo de manera independiente. Mi madre cocina y me sube la bandeja de la comida y me la deja en el suelo, sin ningún contacto entre nosotras. Como estamos en el mismo edificio, cuando llego de trabajar me descalzo y dejo los zapatos en el garaje para evitar el riesgo de contaminar las zonas comunes y que ellos se vean afectados. Hablo con ellos por teléfono, o a través del balcón en los días de sol (que están siendo pocos). No salgo a hacer la compra ni nada que pueda poner en riesgo a otras personas, ya que yo tengo a mi madre que lo hace por mí.

Lo vivo en soledad, se me hace duro llegar a casa y que no haya nadie a quien contarle frente a frente como ha ido mi día y poder desahogarme un poco. Y también echo en falta poder hablar con alguien simplemente por desconectar del tema y sentirme acompañada, porque todo lo tengo que hacer por teléfono.

En cuanto a los pacientes, llegan con mucho miedo, saben lo que implica un ingreso en UCI. Lo último que ven es a 4-5 personas vestidas de astronautas. Y ellos vienen de estar ingresados en planta ya unos cuantos días, sin ver a sus familiares. Uno de los pacientes que hemos tenido se consiguió extubar (quitar el tubo que aporta ventilación al paciente) e hicimos una videollamada con su hija, fue un momento muy bonito.

Con respecto a los compañeros, al principio fue todo una situación muy tensa, ya que la UCI en la que trabajamos la tuvimos que acondicionar nosotros (recolocar, quitar cosas y guardarlas para que no se contaminen, poner lo necesario para una UCI, ya que antes eran quirófanos). Los compañeros (tanto enfermeros, auxiliares, celadores) teníamos muy poca experiencia en UCI, con lo que todo ha sido un poco caos hasta que fuimos cogiendo ritmo. Pero todos nos hemos ido ayudando y el trabajo ha salido adelante.

Desde mi punto de vista creo que nadie estaba preparado para gestionar esta situación y se les ha venido grande a todos. Cierto es que en muchos hospitales falta material y que los sanitarios tienen que enfrentarse a esto casi "a pelo", pero supongo que es difícil que ahora las empresas den abasto para todo lo que se necesita a nivel mundial."

Sophie Fernández

Sophie Fernández

Ser periodista y un buen café son dos de las razones que me tiran de las sábanas cada mañana. No imagino un mundo sin igualdad, novelas de Victor Hugo, moda, viajes, belleza, tortilla poco cuajada ni rock de los 50. Con el corazón en constante vuelo directo París-Madrid. Y los pies enfundados en bailarinas de punta.

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