¿Siempre llegas tarde? 7 excusas (perfectamente creíbles) que te salvarán

Si la puntualidad para ti no existe, estas frases te ayudarán en (casi) cualquier situación.

¿Siempre llegas tarde? 7 excusas (perfectamente creíbles) que te salvarán

Si, sabemos que crecer y madurar significa, entre otras muchas cosas, dejar de ser impuntual, pero hay gente que, por mucho que lo intente y se esfuerce (y para desesperación de quienes le rodean), no lo consigue. Es por ello que nunca está de más tener una lista de excusas preparadas para cuando, después de haber hecho esperar a tus amigas casi una hora y haber perdido la mesa que teníais reservada para cenar y que os había costado un mes conseguir, todo se vuelva en tu contra. ¡Apunta!

1. “He llegado tarde porque me han llamado del trabajo”. Es la mejor excusa, ya que te permitirá decir que has tenido que encender el ordenador, entrar al gestor web de la empresa (ese que siempre va mal, no olvides recalcarlo) y arreglar una cosa importantísima. Si alguien rechista, dile que tienes la mala costumbre de querer cobrar a fin de mes, ¡gracias!

2. “Perdón, no me encontraba nada bien”. No digas nunca que te dolía la cabeza o el estómago y luego hables más fuerte que nadie o te comas una hamburguesa de tamaño XL, con decir que no te encontrabas bien, sobrará.

3. “Tenía una resaca de quince”. Esto suele funcionar si ayer saliste de fiesta, bebieras o no, pero no lo intentes si los que te esperan saben que te quedaste en casa toda la noche enganchada a cierta serie, lo de la resaca no colará.

4. “Me ha llamado mi madre con un problemón y me he retrasado”. Una madre es una madre y no contestar el teléfono un pecado mortal, pensarán ellos. ¡Salvada!

5. “Me ha llamado una amiga que había roto con su novio, y claro...”. La amiga pesada que vive en otra ciudad y que ellos posiblemente han visto un día será tu mejor baza.

6. “¡No tengo nada que poner y me ha costado horrores encontrar esto!”. Tus amigas lo entenderán, de eso no hay duda (ejem).

7. “He tenido que ir a sacar dinero y estaba el cajero estropeado, luego...”. No creemos que tus amigos se enfaden por saber que no has querido que ellos te prestaran dinero y que has preferido atravesar media ciudad buscando un cajero que funcionara, ¿no? 

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