Las mujeres que me moldearon: Sol Salama, fundadora de la editorial Tránsito

El nombre de una mascota dice mucho de su dueño. Brontë es la perra de Sol Salama, fundadora de Tránsito, una editorial dedicada a la literatura de la memoria. En esta ocasión, la editora se somete al Test MMM.

La editora Sol Salama. Foto: Marta Huguet Cuadrado.
¿Qué mujer te enseñó a pensar, a pelearte con tus propias ideas?

Mi padre, que no es mujer, pero es mi padre y también era mi amigo. Yo entraba en bucle por alguna razón, me ocurría algo, una ruptura amorosa o lo que fuese, y él tenía siempre una frase certera con la que me desmontaba todos los esquemas. Me enseñó a pensar, a contradecirme, a batallar con mis propios pensamientos y, sobre todo, me enseñó que nada es sólo de una manera; que una, a menudo, no tiene la razón. Me enseñó a intentar olvidarme del “yo”.

 

¿Quién te enseñó a estar atenta y dispuesta a comprender el dolor de los demás? ¿Y a entender el tuyo?

Mi psicóloga. Es Cris quien me ha enseñado (y sigue haciéndolo) a parar mi cabeza y descifrar lo que necesito, mis límites, lo que puedo y lo que no puedo dar. Yo voy por la vida a veces con disfraz de superheroína, creyendo que puedo con el peso de mi vida y con el de la vida de los demás. Cris consigue que me conecte con la niña que llevo dentro, y, por lo tanto, que conecte también con mi dolor y que le dé espacio y atención también al dolor de quienes me rodean.

 

Las carreras o hazañas de algunas personas acaban eclipsadas por anécdotas o logros menores. Hedy Lamarr, por ejemplo, además de ser actriz, ideó un sistema que se acabó convirtiendo en la base de las conexiones inalámbricas. ¿Quién te ha sorprendido de una manera similar?

Se me ocurre la historia de Ada Lovelace, mujer opacada por un hombre. ¿Cuántas hubo, cuántas sigue habiendo hoy? Ahora conocemos a Camille Claudel, pero antes sólo se hablaba de Rodin, su espeluznante marido; Elena Garro, brillante escritora mejicana, sigue a la sombra de Octavio Paz, su esposo y enemigo; he tardado mucho en escuchar, por fin, "Siri Hustvedt" en vez de "la mujer de Paul Auster". Pues Ada Lovelace, hija del famoso poeta inglés Lord Byron, fue matemática y escritora y pionera en el campo de la programación de ordenadores, pero su nombre no le suena a nadie. Nos suena el de su padre, el célebre poeta del romanticismo.

 
¿Quién te ha hecho decir “yo estoy de acuerdo con lo que ella defendió, pero ¿habría sido capaz de rebelarme como lo hizo ella en esa época”?

La poeta italiana Alda Merini. Una mujer extraordinaria, una escritora única y deslumbrante que se salía de la norma, pues era impertinente y provocadora. Merini acabó siendo víctima del terror y la fascinación que existe en torno a la locura. Ella, que sufrió numerosos internamientos forzosos, no sólo no dejó de escribir nunca, sino que, junto al psiquiatra Franco Basaglia, batalló hasta conseguir que se impusiera la ley Basaglia, que abolió los manicomios italianos, pues, según el médico, el diálogo con los llamados locos debía ser restaurado. Yo no habría podido ser tan fuerte como Alda.

La matemática Ada Lovelace. Imagen: Getty.
¿Quién te ha enseñado lo que es, de verdad, amar?

Me lo está enseñando, en gerundio, la vida. Yo he amado mal y torpemente muchas veces (¿habrá alguien que no?); sí, he caído en la trampa del amor romántico, del amor dependiente, del amor que, en definitiva, no es amor. A amar, por lo tanto, me están enseñando las parejas que he tenido y, por otro lado, vivir, crecer y volver a enamorarme.

 

¿Quién te ha mostrado cómo no tratar a otras mujeres? (No es necesario el nombre propio, solo cómo descubriste lo aprendido).

En primer lugar, yo misma, que me analizo y me desdoblo y reflexiono constantemente sobre cómo crear vínculos afectivos más sanos y honestos. Y, en segundo lugar, Donna, mi hermana, que a pesar de ser bastante más pequeña que yo, a menudo me da mil vueltas o dice de pronto algo, como quien no quiere la cosa, que me hacer ver que me estoy equivocando.

 

¿Quién te devuelve con mayor frecuencia, cuando ves o lees su obra o más conoces más sobre su vida, a un “ojalá se me hubiera ocurrido a mí, ojalá lo hubiera hecho yo”?

Hay varias, pero una de ellas sin duda es Sophie Calle, fotógrafa, escritora y artista conceptual francesa. A mí me interesa mucho la intimidad en el arte (en la fotografía, en el cine, en los libros), partir de lo íntimo para hablar de lo universal; y también me fascina el diálogo entre las distintas disciplinas artísticas. Sophie Calle tiene ambas cosas. Hay una obra concreta suya, Douleur exquise (Dolor exquisito), que convierte la ficción en realidad y viceversa y que lo es todo: un libro sobre el duelo, un viaje interior de catorce años, un compendio de cartas, un diálogo entre palabra e imagen. Cuando conocí ese libro, sentí una rabia poco sana. Yo quería haber hecho eso.

La fotógrafa Sophie Calle. Foto: Getty.

¿De qué mujer te fascina el mito creado en torno a su vida?

En esto voy a ser poco original: me fascina Frida Khalo. El mito gira en torno a la pareja que formaba con Diego Rivero, a su ambigüedad sexual y a su comunismo, lo cual me interesa menos. Lo que me fascina es que Frida Khalo tomó su propio cuerpo, el cuerpo de una mujer, para hacerlo escenario pictórico y, así, narrar su existencia. Frida pintó mujeres inmóviles, congeladas, dolientes, impotentes, desesperadas. No nos describió sus enfermedades, nos las mostró en primera persona.

 

¿Quién te despierta admiración por observar en ella algo que no encuentras en ti misma? ¿Quién te la despierta por encontrarle algo que sí hay en ti, pero no exprimes como ella?

Mi madre. Su forma de tratar a los demás, con una generosidad inagotable y sin esperar nada a cambio, nunca; su manera de perdonar, de olvidar, de ver siempre la luz en lo oscuro. Eso me asombra cada día; yo quisiera ser así.

 

Por otro lado, ella es un ejemplo inagotable de resiliencia. Es un mujer que ha sido golpeada por varios frentes pero no se cae, se sobrepone, sigue de pie. Creo que estoy aprendiendo de ella esa resiliencia, pero yo todavía a veces me doblo como un junco y toco el suelo y luego me levanto otra vez, con esfuerzo.

 

 

 

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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