¿Te atreves a ligar por Internet? Las 'app love', a examen

¿Quedar o no quedar? Esa es la cuestión... Cuatro redes sociales y decenas de perfiles de chicos nuevos cada día. Este fue el experimento en el que me sumergí durante un mes para ver si es posible encontrar y mantener una relación vía 'app'.

¿Te atreves a ligar por Internet? Las 'app love', a examen

Son el nuevo fast food del amor: de fácil acceso, con una gran oferta a tu disposición y sin gran coste de implicación, porque, seamos sinceras, el césped siempre puede ser más verde. Hace un mes me puse manos a la obra. Un ordenador, un móvil, cuatro aplicaciones, unas claves, mi presentación –foto incluida, por supuesto, porque la imagen es fundamental– y un poco de paciencia. Ya estaba en la red, con la caña 'digital' preparada. Ha cambiado la forma en la que quedamos, queremos e incluso la forma en la que hacemos el amor. Lejos quedan los poetas del romanticismo que se suicidaban (literalmente) por no ser correspondidos o la búsqueda del perfecto caballero allá por los 50. Hoy la tecnología hace el trabajo sucio por nosotros. Las aplicaciones para ligar han hecho que el proceso de buscar el amor (o lo que estés buscando) se convierta en un auténtico self-service de candidatos. Ah, os dejo. Suena la alarma del ordenador. Son Fernando, Óscar, Marco...

1. Cuestión de oferta

¿Un príncipe azul y que dure para toda la vida? Creo que Disney ha hecho mucho daño. Pocos príncipes y muchos sapos diría yo. A partir de años los 70, el amor y sus circunstancias comienzan a cambiar drásticamente: el invento de la pastilla anticonceptiva, el desarrollo de la industria pornográfica y el éxito de las páginas de contactos se hacen decisivos para que, a día de hoy, nos cueste mucho más establecernos definitivamente con alguien. Los 70 renacen, vivimos una segunda revolución sexual después de la hippie, donde desvalorizamos el cara a cara y priorizamos la comodidad. Como en muchos ámbitos de la sociedad, la idea de lo rápido y fácil ha afectado también a la forma de relacionarnos. Las love apps suponen el apocalipsis del compromiso y de las relaciones largas y las comparaciones entre los distintos candidatos se vuelven permanentes en nuestra cabeza. Cuál de ellos es más guapo, con cuál me río más, cuál es mejor en la cama… Ya lo dice el refranero español, "el que mucho abarca poco aprieta". Los gustos personales parecen disiparse y nos resulta imposible decidirnos y apostar por una sola persona. 

¿Te atreves a ligar por Internet? Las 'app love', a examen

2. De igual a igual

Bien es sabido que las connotaciones de que una chica esté en una de estas redes suelen ser negativas. Que si fáciles, que si ligeras o que no nos hacemos respetar. Bla, bla, bla. Desde siempre hemos estado en desventaja en comparación con los hombres, a quienes se les 'perdonaba' que pudiesen buscar relaciones más efímeras o puntuales. A parte, la biología humana siempre nos ha dicho que las mujeres buscamos un solo hombre para cubrir nuestras distintas necesidades, mientras que los hombres buscan diversas mujeres para cubrir su única necesidad. Hoy eso ya no es así y las aplicaciones para encontrar pareja han logrado democratizar la forma en la que hombres y mujeres son calificados socialmente.

3. ¡Al tajo!

Mi incursión en Tinder, la aplicación de los swipes (deslizar a la izquierda o a la derecha según te gusten o no) fue curiosa y divertida. Nada más crearme la cuenta, empiezo a pasar aspirantes. Innumerables perfiles con la típica cara de “no me doy cuenta de que me estás sacando la foto”, otras muchas frente al espejo sin camiseta o bien vestidos de boda (a cada cuál peor). A veces, parecía ver solo los restos de Tinder. Tras haber dado 'me gusta' a algunos pretendientes, comienzo a tener matches (cuando ambos nos gustamos). Como buena mujer, me hago de rogar y no hablo hasta que entablan ellos la conversación. "Hola Paula, ¿qué tal?" es como suele empezar todo. Las preguntas que siguen no varían mucho de un chico a otro: a qué te dedicas, cuáles son tus aficiones, de dónde eres. Esta última en concreto tenía un recurso muy recurrido por todos para ligar: en cuanto les decía que era de Buenos Aires, comenzaba el espectáculo de imitaciones argentinas (ya no me hace gracia, parad por favor). En Happn tienes la posibilidad de hablar con los chicos que te has cruzado por la calle. Es muy similar a Tinder en cuanto al tipo de conversaciones que puedes tener. Mi primer crush fue con un chico de Barcelona. Después de tres o cuatro días conociéndonos digitalmente, me propuso ir a ver El rey León cuando viniese a Madrid. Dejé de contestarle porque no me había despertado la chispa suficiente y a los pocos días, recibo un mensaje diciendo: "Buenas, Paula. No te conectas demasiado. Así no podemos seguir conociéndonos. Que tengas un buen día". No le contesto. Al día siguiente, ataca de nuevo: "Paula, no me gusta ser pesado, así que ahora es tu turno. Si no, tú te lo pierdes". Perdona, Bradley Cooper. Estoy segura de que su intención era buena, pero hay que saber dar los pasos adecuados y ante todo, no ser intenso. Básicamente, porque estás conociendo al otro a través de una pantalla y no puedes dejarte llevar por la primera impresión en persona.

¿Te atreves a ligar por Internet? Las 'app love', a examen

4. A mil por hora

Un aluvión de mensajes de lobos feroces esperando a cazar presa. No daba crédito a la rapidez de Baddoo. A la media hora de entrar, 35 mensajes, más de 50 “me gusta” a mi perfil y cómo no, fotos de ciertas partes de la anatomía masculina que no hacía falta que viese. Me limitaba a contestar a los chicos que me entraban de una forma educada, y no mucho más de diez minutos después, ya aparecía la propuesta para quedar (y otras cosas posteriores). Todos, sin excepción, van a lo que van. No hay filtros para conquistar, te sientes cosificada y apabullada. Incluso de madrugada, me llegaban mensajes de todo tipo: "¿Qué te parecería una propuesta algo obscena con fantasías, mucha discreción y aún más morbo?" O "¿quedamos? Estoy solo en casa y con ganas de fiesta". Tampoco faltaban los sensibles que te entraban con un "Hola cielo, cómo estás?" (¿cielo?). Con ninguno de ellos hablé más de dos días porque sus intenciones eran turbias en general.

5. La cita sorpresa

Corría un jueves por la noche, había salido a tomar algo con mis amigos por la zona de Ponzano y llevaba dos días hablando con un candidato que cumplía bastantes requisitos. Sobre las diez, mis amigos propusieron ir a jugar al billar. La conversación con el susodicho, llamémoslo M, estaba siendo bastante fluida y, "casualmente", él también estaba tomando algo por la misma zona. Después de dos partidas, volvemos al bar inicial y nos colocamos en un hueco libre. Comienzo a notar que un chico no deja de mirar hacia mí y hacia su móvil intercaladamente. De repente oigo: “¿Paula?” ¡Era M! Reaccioné un poco atónita y me presenté. Hablamos más de dos horas hasta que me fui a casa y el sábado volvimos a quedar. Me confesó que no tenía 31 años como ponía su perfil, sino 35 (yo tengo 24). Ya que estábamos en modo sincero, yo le confesé que tampoco trabajaba en un showroom (a todos les decía eso), sino en una revista. Hablamos de trabajo, de viajes y de relaciones pasadas hasta que agotamos dos gin-tonics en copa de balón. Luego, unas cervezas en una discoteca y no dejamos de bailar en toda la noche. Punto a favor, su acento sevillano y desparpajo. Punto en contra: ¿con 35 años y en Tinder? Después de eso, volvimos a quedar otras dos veces y seguimos hablando a día de hoy. Por tanto, aunque sea virtualmente, Cupido ha hecho bien su trabajo.

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