¿Sufres el síndrome pre-vacacional?

Comienza la cuenta atrás para tus vacaciones y sientes que los nervios se apoderan de ti con una tremenda sensación de agobio, los días parecen interminables y tu productividad desciende notablemente... Quizá lo que te ocurre es que padeces el denominado “Síndrome Prevacacional”.

¿Sufres el síndrome pre-vacacional?

Cuando la cercanía del periodo de descanso hace su aparición, en determinadas personas se produce una sensación de desasosiego, ansiedad y nerviosismo incontrolado, síntomas asociados a este poco conocido síndrome.

A priori parece una paradoja, ¿por qué alguien iba a angustiarse ante la llegada del tan esperado verano? La respuesta ofrece varias vertientes, tantas como razones por las que se llega a este estado de angustia, a veces antagónicas entre sí, por falta o por exceso de atenuantes.

sindrome vacacional

La visión en perspectiva de días y semanas de tiempo libre, de largas y calurosas jornadas de ocio por doquier, saca de paseo el recelo de muchas personas. Aquellas para las que la rutina es su “modus operandi” que procuran cumplir a pies juntillas, ya que representa ese rinconcito donde habita el equilibrio emocional, que se desmorona ante la anarquía del verano, provocando un verdadero trauma.

Terminan las clases y comienzan las vacaciones de esos pequeños y adorables monstruos, que necesitan ser inscritos en colonias, campamentos y actividades varias, que compensen la franja horaria que ocupa el trabajo de sus progenitores. Disfrutar las vacaciones con hijos pequeños conlleva además de viajar con todo tipo de cachivaches, seguir estando pendientes de ellos todo el tiempo, hasta el punto de poder llegar a pensar que volver al trabajo supone el real y merecido descanso.

¿Y las personas que por cualquier circunstancia se encuentran solas? El simple hecho de pensar que es una época en la que todo el mundo tiene planes en familia, se producen más interrelaciones sociales y se viaja a cualquier parte, hace que estar solo, sin ser un individuo marcadamente independiente, caiga como una losa, se convierta en una mochila cargada de zozobra e intranquilidad de duración certera, circunstancia que no supone un problema cuando se está inmerso en la monotonía del trabajo diario.

Para muchas parejas, la convivencia durante el invierno se ciñe a largas jornadas de trabajo fuera de casa, con escaso tiempo compartido por ambos en el hogar. El hecho de convivir juntos las 24 horas del día genera grandes niveles de neurastenia, alimentada con discusiones, desavenencias y la percepción de ausencia de tiempo para uno mismo. Y es que el trabajo actúa como la mejor anestesia para disfrazar problemas conyugales.

El trabajo actúa como la mejor anestesia para disfrazar problemas conyugales.

estrés

De ahí que el síndrome prevacacional, se manifieste casi siempre en el mes de julio y habitualmente disfrazado con una sintomatología de apatía, estrés y malestar general, que la persona afectada trata de justificar por el impacto del calor propio del verano, cuando en realidad, lo que se padece es un miedo atroz a afrontar el periodo estival, a cambiar las rutinas y enfrentarse a situaciones que poco agradan. Simplemente no se es capaz de evaluar las condiciones favorables y aspectos positivos que conlleva esta bonita estación, centrándose únicamente en los aspectos que entiende negativos.

Pero existen también razones inherentes al propio trabajo, que, del mismo modo, pueden generar el Síndrome Prevacacional. Largas jornadas de trabajo con elevadas dosis de responsabilidad a lo largo del año van mermando poco a poco las fuerzas, causando cansancio, agotamiento y pérdida de energía. El compromiso de dejar el trabajo pendiente organizado, delegado a quien corresponda y con protocolos establecidos en caso de cualquier eventualidad, produce un nerviosismo extra, que provoca que nuestro organismo deje de funcionar de forma correcta, hasta el punto de no dejarnos desconectar en nuestro merecido descanso.

¿Puedo hacer algo para evitarlo?

Es natural estar nervioso y susceptible, por una u otra razón, ante las circunstancias expuestas, aun así, lo que debemos hacer es centrarnos en lo que realmente es importante. No debemos dejar que la sensación de angustia nos invada, nos paralice o sea capaz de impedir que disfrutemos de esos merecidos días de descanso.

Centrarse en uno mismo, y pensar lo que realmente necesitamos para disfrutar, que posiblemente sea menos de lo que imaginamos, nos aportará la tranquilidad que nos empuje a relativizar los problemas superfluos añadidos a tu propia situación, y ver las cosas desde otro prisma diferente.

Son tus vacaciones y nada ni nadie tiene que arruinártelas. Arréglate, pon un toque de color a tu atuendo y sal a disfrutar de la estación más alegre del año, porque tú te lo mereces, da igual cómo, dónde y con quién, lo importante es disfrutar del momento.

Por María C. Melero.
Editora blog antesalarrhh

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