¿Vives enganchada a las redes sociales?

La dependencia al mundo digital se ha apoderado de la realidad de miles de personas. Por eso, es el momento de analizar cómo estamos viviendo.

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Sonaba la voz de Adéle interpretando uno de sus grandes éxitos. Ocurría en el concierto que ofreció en Verona (Italia), cuando, de repente, la cantante paraba el espectáculo a causa de un incidente. Una de sus fans veía la actuación a través de la cámara de su móvil. "¿Por favor, puedes dejar de grabar? Porque estoy aquí en la vida real y es posible disfrutarlo de verdad", decía la cantante británica.

Ser el primero en postear una noticia o dejar constancia de que hemos estado allí parece ser más importante que la experiencia de carne y hueso. "Esto no es un DVD", afirmó la artista. Pese a su comentario, la pantalla es el medio a través del cual observamos la realidad ante acontecimientos importantes. Desciframos a qué se debe este fenómeno.  

1. Todos estamos en ello

Quienes hemos asistido a desfiles de moda estamos familiarizados con este comportamiento. Desde que suena la música que avanza la primera salida, la gran mayoría de los asistentes tienen preparado el móvil para captar el momento. Como consecuencia, todos los detalles de las propuestas que el creador muestra a unos metros de distancia de los invitados se perciben a través de una pantalla que, por muchos que sean sus megapíxeles, ofrece una sensación más limitada que la del ojo.

Nos guste más o menos, así vivimos una parte de nuestra realidad. "Los síntomas son los mismos que los de otras adicciones. Existe una fuerte dependencia del instrumento que nos permite compartir en las redes. Todo conlleva ansiedad, frustración, irritabilidad… y una disminución de la calidad de vida de la persona. ¿La consecuencia? El abandono o la poca implicación en otras actividades, ya sean recreativas o profesionales", cuenta el psicólogo Jaime Marcos, del centro de psicología y coaching Upad.

El enganche digital afecta tanto a personas que han nacido con estas tecnologías, como a quienes las han abrazado como una nueva forma de afrontar la vida. "No existe un perfil determinado. Cada caso es un mundo y cualquiera puede caer en esta adicción, aunque es verdad que ciertas características contextuales pueden facilitarla", continúa Marcos. Parece que quienes han nacido con ellas, podrían ser los más propensos a desarrollar la dependencia. "Es más probable que afecte a personas adolescentes, que son nativos tecnológicos, que a personas de más de 40 años, que se han criado sin redes sociales. De hecho, muchos condenan su uso excesivo", aclara.

Estas estructuras incluso han generado profesiones de las que se puede vivir muy bien. Un ejemplo es PewDiePie, el youtuber mejor pagado del mundo, que consiguió ganar 12 millones de dólares en 2015. También ha surgido una guardia de celebrities, cuya existencia solo cobra sentido a partir de plataformas como Instagram. Una de ellas es Kim Kardashian, que puede llegar a ganar por post unos 200.000 dólares, según un informe de la revista británica Page Six. Cifras que confirman que son las redes las que mueven a las masas.

Pero, ¿hasta cuándo es saludable la relación con ellas?  Aunque no está definida la línea que marca qué es un uso normal de estas herramientas, los expertos indican que el problema comienza cuando afectan a la vida cotidiana. "Puede influir en nuestro rendimiento académico o profesional, en nuestras relaciones personales, en nuestro estado emocional, en nuestra salud…", aclara el psicólogo.

Quizá uno de los indicadores más claros para definir si el entorno 3.0 se apodera de nosotros sea el tiempo. "Ha cambiado la forma de comunicarnos, pero esto no debe anular la parte analógica. Ver con los propios ojos es mejor que recordar la experiencia en un vídeo", cuenta Elena Bragado Molina, directora de la Fundación Alia2Cuando los mensajes de WhatsApp se convierten en el sustituto de un café, se enciende la luz roja. 

2. Somos nuestra marca

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La actriz y cantante Janelle Monae, tiene sus señas de identidad en su vestuario (siempre en blanco y negro) y en su permanente sonrisa

"En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos. Las personas deberían tener derecho a 15 minutos de gloria", lo decía Andy Warhol antes de que la revolución tecnológica cambiase la forma en que nos comunicamos. Aunque la afirmación del director de cine se ha convertido en realidad, hay un aspecto en el que se quedó corto: el tiempo. El cuarto de hora del que hablaba Warhol se ha convertido, si el usuario lo desea, en toda la existencia.

El afán por dar a conocer nuestra forma de vida ha generado un nuevo concepto: la 'extimidad'. El término surge como antagonista a la ahora menospreciada intimidad y define la tendencia más poderosa de las redes. Mientras que los famosos (que han nacido fuera de Internet) intentan preservar su vida privada, quienes disfrutan del anonimato comparten con el resto de los mortales todo lo que ocurre en su cotidianidad.

"La gente construye su propia marca digital. En el fondo, todos hemos buscado en algún momento generar interés. Las redes son el escaparate, un lugar a través del cual expresarse. Es una forma de conseguir algo muy importante dentro de nuestra sociedad, la aprobación de los demás", cuenta Elena Bragado.

Pero acariciar la fama en Facebook o Instagram es un trabajo a jornada completa. Sumar seguidores pasa por generar una actividad que demuestre de alguna forma que la vida se despega de lo ordinario.

En el otro extremo se sitúa un grupo de usuarios que, aunque pasan desapercibidos digitalmente, disfrutan del espectáculo que los demás generan. Es el denominado 'voyerismo digital'. Su actividad se centra en seguir la vida y obra de sus amigos en redes. "Es como la prensa del corazón pero en un formato gratuito y sobre tus círculos sociales, algo muy entretenido. Pienso que no hay ningún problema con ello", añade la directora de la fundación Alia2. Suelen ser personas curiosas, que se sienten saturadas por estas plataformas.

"La cantidad de información personal que desprenden las redes sociales favorece el despliegue de estas conductas. Las personas con tendencia a interesarse u opinar de la vida o acciones de los demás tienen un terreno enorme para explorar y perderse, pudiendo llegar al punto de la obsesión y, de nuevo, la adicción", advierte el psicólogo Jaime Marcos.

3. Espejo de pega

Pero qué hay detrás de tantas instantáneas  de comida perfectamente emplatada, vacaciones pasadas por filtros y muecas que solo aceptan la sonrisa o el semblante sexy. La industria de la moda y la belleza se han alineado con el actual brote de ego con un objetivo: que quedemos mejor en la pantalla. "Creo que lo que hace fotogénica a una prenda es el mix de color o estampado y el corte", indica Jessie Chanes, fundadora del blog Seamsforadesire.com.

La bloguera, que cuenta con 250.000 seguidores en Instagram, declara que las piezas que suman más likes en otoño son los maxijerséis en tonos suaves. "Los shorts y prendas en colores que realcen el moreno son los favoritos del verano", indica Chanes. Y estas son las tendencias que se observan en las cadenas de moda favoritas entre los millenials.

Hay que pensar en el outfit para la foto, pero también en el maquillaje. El salto al mercado de masas de tendencias utilizadas para la fotografía profesional o la televisión forma parte del plan. De nuevo, Kim Kardashian ha sido la embajadora de herramientas como el contouring. "Con esta técnica se consigue lo que los fotógrafos intentan reflejar con las luces: que el rostro no quede plano. Ocurre exactamente igual con el strobing [acentuar puntos de luz en el rostro]", comenta la maquilladora de moda y youtuber Erika Sánchez (@ikasanchez).

Puede que inventar una vida 'mejorada' resulte divertido por un tiempo, pero mantenerla acarrea consecuencias negativas cuando llega el momento de volver a la realidad. "Psicológicamente produce una infelicidad tremenda. Es una frustración porque sabes que tu vida no es así. Es normal y en el fondo no gusta. Por ello, se crea una paralela", indica Elena, que añade que estas personas solo son felices cuando se comunican en redes con quienes se han creído esa quimera.

Cuando se trata de compartir esta ilusión, entre los medios favoritos están las redes que cuentan con más seguidores. "Las preferidas son las más utilizadas o con mensajería instantánea. Algunas fomentan mecanismos adictivos en forma de likes, shares, comentarios, respuestas… Cuantos más consigamos, más probabilidades habrá de repetir la conducta de publicar y escribir", indica el experto.

4. ¿Miedo a la realidad?

Hace más de una década sorprendía en occidente el fenómeno de los hikikomori, jóvenes que vivían recluidos en sus habitaciones. Pero ahora, estos parias sociales, tocados por una patología, sí que admiten el trato online. La red les ofreció nuevos vínculos que terminaron con el aislamiento, al menos de forma virtual. Aunque el comportamiento de estos ermitaños urbanitas dista mucho de quienes viven por y para las redes, hay rasgos que se asemejan peligrosamente "Recomiendo hacer un ejercicio de autorregulación y combinar la actividad digital con la analógica, porque dentro de poco no vamos a ser capaces de mirarnos a los ojos", cuenta Elena Bragado.

Entre los motivos que han derivado en este comportamiento está la comodidad. Resulta mucho más fácil grabar un mensaje de voz que mantener una conversación. Más aún si se trata de verse en persona. "Va a llegar un momento en que no nos vamos a mover de la casa", alerta la especialista.

Entonces, ¿las redes podrían sabotear la comunicación real? Según un estudio desarrollado por el centro de investigación Pew Research Center, el 54% de los participantes afirmó que escribía mensajes a sus amigos al menos una vez al día. Sin embargo, solo el 33% decía verlos cara a cara de forma regular.

Lo que sucede es que al exponer abiertamente la vida y sentimientos, se limita la necesidad de compartir tiempo en persona. "Incluso en los estados de WhatsApp, hay gente que con una frase lo describe todo. La mayoría de las veces de forma muy exagerada. Y, por ello, no apetece conocer a la persona", describe Elena Bragado, que recomienda reservar información y mantener el misterio. Según comenta: "Es la única forma de mantener el interés por las relaciones de carne y hueso". 

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