Semana del Orgullo: el discurso por los derechos de las personas LGTBI de Hillary Clinton

La exvicesecretaria de Estado demócrata dio en Ginebra, en 2011, un discurso por los derechos de los homosexuales. O sea, los derechos humanos. Con ella continuamos celebrando la Semana del Orgullo.

En junio de 2011, Hillary Clinton habló frente a un micrófono suizo. La demócrata se encontraba en Ginebra, en la sede europea de la ONU. Había sido convocada por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para comentar la resolución sobre los derechos de las personas homosexuales. Ella se encargaba de elaborar el borrador y firmarlo. Fue el primer paso con el que las ONU establecía de forma oficial el reconocimiento de los derechos homosexuales. Una segunda resolución elaborada tres años más tarde acabó por consolidarlos como parte de los derechos humanos.

Unos días antes, Barack Obama advirtió que su administración emplearía todas las herramientas a su disposición para promover los derechos LGTBI alrededor del mundo. Se habían propuesto, comunicó, combatir los intentos de otros países para humillar o criminalizar a gays, lesbianas, transexuales o bisexuales.

Frente al auditorio en Suiza, la entonces vicesecretaria de estado centró su discurso en dos puntos: la esencia de los derechos humanos y la naturaleza de la homosexualidad.

“Quisiera hablar de los complejos asuntos que debemos abordar para alcanzar un consenso global que reconozca los derechos humanos de los ciudadanos LGTBI en cualquier parte del mundo. 
El primero de ellos va al corazón del problema. Algunos han insinuado que los derechos humanos y los derechos gays se distinguen y separan, pero, de hecho, son una cosa sola. Por supuesto, hace 60 años los gobiernos que bosquejaron y aprobaron la Declaración Universal de los Derechos Humano no idearon cómo aplicarlo a la comunidad LGTBI. Tampoco repararon en cómo afectaría a las poblaciones indígenas o a los niños o personas con discapacidades o grupos marginados. Y aun así, en los últimos 60 años hemos admitido que los miembros de estos grupos tienen derecho a la dignidad y el derecho humano completo porque, como cualquier persona, comparten una humanidad.
El reconocimiento no sucedió de golpe. Evolucionó a lo largo del tiempo. Y a medida que lo hacía, comprendimos que estábamos reconociendo derechos que la gente/el pueblo siempre había ostentado en lugar de creando nuevos o específicos derechos para ellos. Como ser mujer, como ser “racializado”, miembro de una religión, tribu o minoría étnica, ser LGTBI no te hace menos humano. Y es por eso que los derechos gays son derechos humanos y los derechos humanos, derechos gays.
Se produce una violación de los derechos humanos cuando alguien es apaleado o asesinado por su orientación sexual o porque no se ajustan a las normas culturales que estiman cómo hombres y mujeres deberían comportarse. Se produce una violación de los derechos humanos cuando los gobiernos declaran ilegal el hecho de ser gay o permiten que quienes dañan a los homosexuales no reciban castigo. Se produce una violación de los derechos humanos cuando las mujeres lesbianas o transexuales son sometidas a la supuesta “violación correctora” o a tratamientos hormonales de manera forzada o cuando alguien es asesinado después de que se produzcan llamamientos públicos contra los gays o cuando ellos se ven obligados a abandonar sus países y buscar asilos en otros lugares para salvar sus vidas. Y se produce una violación de los derechos humanos cuando los cuidados sanitarios para salvar la vida se niega por ser gay o cuando el acceso igualitario a la justicia se suprime por ser gay o cuando los espacios públicos quedan fuera de sus límites por ser gay. No importa nuestro aspecto físico, de dónde vengamos o quiénes seamos: todos tenemos derechos humanos y dignidad.
El segundo asunto plantea si la homosexualidad surge de una parte concreta del mundo. Algunos parecen creer que se trata de un fenómeno occidental y, por tanto, quienes no viven en Occidente cuentan con los fundamentos para rechazarla. Y la realidad es que las personas homosexuales nacen y pertenecen a cualquier sociedad del mundo. Son de todas las edades, razas y fes. Son doctores y profesores, granjeros y banqueros, soldados y atletas. Y ya lo sepamos o ya lo descubramos, son nuestra familia, nuestros amigos y nuestros vecinos”.

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