¿Qué significa 'género fluido'? ¿Y 'neutrois'? Estas son las claves de la segunda revolución sexual

Sesenta años tras la primera revolución sexual, muchos tabúes seguían vigentes. Hoy asistimos por fin a su culmen. Pero ¿qué significa "intersexualidad"? ¿Y ser "no binario"? Este es el diccionario de la segunda revolución sexual.

bernini proserpina
Detalle de El rapto de Proserpina, de Bernini. Foto: Unsplash.

El primer movimiento de liberación sexual de los años 60 desterró algunas creencias dañinas sobre la sexualidad, pero buena parte de los tabúes más nocivos siguieron vigentes. Es la hora de una segunda revolución que va mucho más allá, es más profunda y respetuosa. Llega la hora de descubrir y entender la sexualidad fluida. Sin prejuicios sociales, sin los clichés del género, sin sentimiento de culpa.

 

La primera revolución, una liberación tardía y merecida

Durante la segunda mitad del siglo XX, el mundo occidental vivió un profundo cambio que desafiaba los códigos morales y arrojaba nueva luz sobre el comportamiento sexual humano. Durante dos décadas, de 1960 a 1980, movimientos intelectuales, resoluciones políticas y una juventud ávida de libertad crearon un contexto proclive a una revisión más aperturista de la sexualidad. En este nuevo marco se reivindicaba la recuperación del cuerpo como objeto de placer (no solo como elemento reproductivo), se despojaba la desnudez de connotaciones negativas y se reconocía la sexualidad como una parte integral del ser humano. Se empezó a hablar libremente de relaciones prematrimoniales, de relaciones fuera del matrimonio e, incluso, de prácticas entre personas del mismo sexo.

Pero, para que esto fuera posible, tuvo que haber unos precedentes que sentaran las bases. Los primeros en hablar de un orden sexual más abierto fueron los filósofos del Renacimiento y la Ilustración, con un humanismo antropocéntrico. Pero entonces la religión y lo que se entendía como contranatura imponían amplios límites. Como contrapunto llegó la moral victoriana, rígida y encorsetada como la moda que la caracterizó, cuya influencia duró hasta los años 20. En esta década llegaron grandes cambios como el cuestionamiento de las nociones tradicionales de feminidad. El movimiento feminista surgía con fuerza y con él reivindicaciones transversales que promovían la independencia física, moral, intelectual y laboral de la mujer como sujeto de pleno derecho, en igualdad de condiciones.

Otro avance definitivo fue, en los años 50, el polémico estudio del doctor Alfred C. Kinsey sobre nuestro comportamiento sexual. Una aportación científica que contradecía la moralidad vigente y cuya conclusión más perturbadora fue que homosexualidad y bisexualidad, aunque invisibilizadas, eran más frecuentes de lo que se creía. En la década siguiente llegó un concepto no menos polémico: el amor libre. Y con él se dio por iniciada la primera revolución sexual, tardía pero bien merecida.

 

SEXUALIDAD BERENJENA
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Genitalidad, orientación sexual y género: el quid de la cuestión

¿Qué ocurre hoy, sesenta años después de aquella revolución sexual? Pues que la omnipresencia pública de imágenes de alto contenido erótico parece hacernos más liberales. Pero, en realidad, solo nos hacen más voyeur. Buena parte de los tabúes que no se superaron con la revolución de los 60 siguen vigentes. El verdadero cambio llega, de nuevo, desde la ciencia. La comunidad científica ha revisado un axioma intocable hasta hace poco tiempo: género, genitalidad y orientación sexual son cosas independientes. Desde este momento la realidad se vuelve más compleja y deja de ser binaria; es decir, el mundo ya no se rige en torno a dos conceptos unívocos: hombre y mujer.

Para entenderlo mejor, empezaremos por el principio… ¿A qué nos referimos cuando hablamos de identidad de género? Se trata de la percepción subjetiva que un individuo tiene sobre su género. Y puede corresponder, o no, con el sexo asignado al nacer. Incluye, también, la vivencia personal del cuerpo.

¿Qué quieren decir cuando nos hablan de genitalidad? Se refieren al sexo biológico, los genitales con los que nacemos. Algo que ha servido para clasificarnos como hombres o mujeres a lo largo de los siglos. Pero ha quedado demostrado que es una clasificación reduccionista y arcaica.

Y ¿qué se entiende por orientación sexual? Es el sentimiento de atracción de una persona hacia otras. Puede ser hacia el mismo sexo (homosexual), hacia el sexo opuesto (heterosexual), hacia ambos (bisexual), no tener una preferencia específica (pansexual) o no experimentar atracción sexual alguna (asexual).

Este nuevo escenario no binario crea un entorno en el que la fluidez será la nueva norma, ya sea desde el punto de vista del género o la sexualidad. Una gran revolución que, a nivel individual y colectivo, supone la revisión de las identidades personales y, por tanto, de la expresión de cada individualidad. Sin ir más lejos, Facebook reconoce cincuenta y ocho identidades de género en sus perfiles y Tinder, más de treinta. 

 

Sexualidad fluida: be water, my friend…

Desde un enfoque darwiniano podríamos decir que estamos ante un gran salto evolutivo en la forma de entendernos como seres sexuados. Lejos de planteamientos monolíticos, donde lo masculino y lo femenino venían impuestos como una losa, hoy las barreras de género tienden a borrarse.

Socialmente se evidencia una tendencia agénero sin precedentes que nos habla de una igualdad renovada que trasciende lo público y llega a las esferas más privadas. La moda ya se ha percatado de ello y tanto marcas mainstream como Zara o firmas de lujo como Loewe y Gucci apuestan abiertamente por ello. Hay tiendas como The Phluid Project, en Nueva York, que presentan colecciones, accesorios y ropa de hogar libres de connotaciones sexistas.

La fluidez sexual viene a derribar los tabúes que aún quedaban en pie, sobre todo en lo relacionado con la sexualidad hetero. ¿Qué ocurre con las mujeres y hombres heterosexuales que sienten la necesidad de afrontar una nueva realidad afectivo-sexual de forma natural? ¿No tienen el derecho de hacerlo sin sentirse culpables y sin estigma social?

Decenas de estudios internacionales, como el recientemente publicado por Journal of Sex Research, avalan la tesis de que, tanto en hombres como en mujeres, la elección del objeto de deseo puede variar a lo largo de su vida. Una línea de pensamiento que permite a ambos sexos expresarse con mayor libertad. Esos mismos estudios destacan que ellas aceptan de forma más natural ese cambio. Al parecer, hay aspectos de la psique femenina que capacitan a las mujeres a tolerar más ambigüedad en sus relaciones. Y es, curiosamente, en su madurez cuando las mujeres se permiten experimentar otras realidades afectivas (sexuales, o no).

Las biografías de Eleanor Roosevelt y Simone de Beauvoir revelan que ambas mantuvieron importantes relaciones amorosas con otras mujeres sin considerarse lesbianas. Hoy son legión las celebrities que muestran sin pudor su fluidez sexual: Lindsay Lohan, Drew Barrymore, Angelina Jolie, Miley Cyrus o Lady Gaga. Hombres como Jared Leto, Billy Porter o Jaden Smith se han liberado del yugo sexista en la conservadora industria del entretenimiento. Su impacto entre los más jóvenes ha provocado una oleada de libertad que les permite hablar abiertamente sobre sus preferencias y no sentirse abocados a repetir esquemas. Así que, tanto si eres un/a joven adolescente o un/a maduro/a que siente la llamada del descubrimiento, ¡adelante! Vivir la sexualidad de una forma plena, diversa e incluyente no sabe de género ni de edad. Bienvenida sea la fluidez, en todas sus formas.

Diccionario de términos

SEXUALIDAD ESCULTURA
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Heteronormatividad

Discurso y prácticas que imponen una norma social que designa a la heterosexualidad como la sexualidad «normal», natural y aceptada.

 

No binario

Variedad de identidades y expresiones de género basadas en el rechazo a la clasificación excluyente entre macho/hombre/masculino o hembra/mujer/femenino, con base en el sexo asignado al nacer.

 

Cisgénero

Refiere a aquellas personas que se identifican con el género con el que nacieron.

 

Neutrois

Personas que hacen una supresión de las características tradicionalmente asignadas como masculinas o femeninas.

 

Bigénero

Se trata de personas que se identifican con ambos géneros y pueden adaptar su percepción y respuestas según las circunstancias.

 

Agénero (o género nulo)

independientemente del cuerpo con el que se haya nacido, las personas agénero no se identifican ni con el género masculino ni con el femenino.

 

Disconformidad de género

Describe a personas cuya expresión de género es percibida como divergente con lo que culturalmente se espera para su género. Hombres que no son lo "bastante masculinos" o mujeres no "suficientemente femeninas".

 

Género fluido

Son aquellas personas que unas veces se sienten mujer y otras, hombre. Su género fluye dependiendo del contexto en el que se encuentren.

 

Intersexualidad

aquellos casos en los que la fisiología sexual de una persona no se ajusta a los estándares definidos para los dos sexos mayoritariamente reconocidos.

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