El futuro del sexo: lo que está por venir en la erótica (y robótica)

Inteligencia artificial, robótica y aislamiento. Nos asomamos al misterioso y digital futuro del sexo, en el que lo erótico nace del código binario.

Si repasamos la historia de la humanidad, no resulta difícil desarrollar, de manera paralela, la línea evolutiva del sexo. La manera de intimar ha cambiado a lo largo del tiempo y ahora, en la era de la inmediatez y la hiperconectividad, las relaciones sexuales experimentan un proceso de cambio que nadie sabe muy bien cómo ni cuándo acabará. Una cosa es segura: la tecnología está cada vez más integrada en las relaciones interpersonales e incluso el amor propio parece encaminado a que los lazos entre físico, psique y maquinaria se estrechen cada vez más.

Esa es la predicción de Héctor Galván, director Clínico del Instituto de Sexología de Madrid, donde ejerce como psicólogo Clínico y Sexólogo. Para el experto, los avances tecnológicos de la época contemporánea constituyen el tercer gran punto de inflexión de la sexualidad en la historia reciente.

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Los hitos sexuales

La primera revolución coincidió con la invención de los anticonceptivos. O, mejor dicho, con su popularización, ya que las modalidades más primitivas de estos métodos datan del 2.700 a.C. Sin embargo, en España, a mediados de los años 70 del siglo pasado no era raro dar con doctores reacios a prescribir la píldora. A pesar del rechazo social, la democratización de los contraceptivos sentó una de las bases de la sexualidad tal como la entendemos y experimentamos a día de hoy: la consideración del sexo como fuente de placer y no como mero mecanismo reproductivo.

El avance científico coincidió con otro gran momento para la cultura popular nacional. La época del destape visibilizó y erotizó el cuerpo (especialmente el femenino) como nunca antes en territorio español, pero, en lo que a sexo respecta, fue más una “cuestión pop que una auténtica revolución sexual”, señala Galván. De hecho, a pesar de que el sexo ya se asociaba con el placer, solo lo hacía con el masculino. Hubo que esperar hasta los años 90 para que el repunte de la lucha por la igualdad reivindicara el placer de la mujer. La tercera ola feminista se convirtió así en el segundo hito de la revolución sexual, naturalizando el disfrute femenino y rompiendo con los roles tradicionales de macho dominante y hembra sumisa.

Tecnosexo

“Ahora estamos en medio de otro gran cambio con la era tecnológica” y, si bien es “muy difícil” predecir con exactitud cómo van a evolucionar nuestras relaciones en este nuevo periodo, lo que está claro es que “estamos caminando hacia la mimetización de la imaginación y la realidad”, sentencia Galván. Le avala la industria de la juguetería erótica, volcada ahora en el desarrollo de los sextech, la alta tecnología aplicada al sexo. ¿Su objeto de estudio actual? Las llamadas tecnologías convergentes, como el procesamiento de datos, la robótica o la inteligencia artificial.

En estas tecnologías está el futuro, posiblemente distópico, de la humanidad, y de ellas dependerá la evolución sexual”, afirma Valérie Tasso, escritora, sexóloga y embajadora en España de una de las marcas de juguetes eróticos de lujo más punteras del mundo: la sueca LELO. Entre sus logros, haber creado el juguete sexual más vendido de todos los tiempos, LELO SONA, un estimulador de clítoris por ondas sónicas. Ahora persiguen superar la hazaña con F1 Developer’s Kit, una máquina de difícil descripción que se presenta como “la primera consola sexual masculina de alta tecnología”. El aparato masajea el pene con ondas sónicas que se pueden controlar desde una aplicación o personalizar con el software de desarrollo, que permite desde tunear los movimientos del aparato hasta crear escenas de realidad aumentada. Su premisa: “deja que tu imaginación te vuelva loco”.

A la cabeza del sector están países como Estados Unidos o China, mucho más avanzados que el viejo continente en áreas como las muñecas sexuales. Totalmente customizables (pezones, pestañas y dentadura a la carta) y capaces de recitar poesía (como las de la marca californiana Abyss Creations PR), cada vez están más cerca de adelantar por la derecha a Pris, la replicante de Blade Runner. De hecho, Galván asegura que, en los próximos 7 u 8 años, la evolución tecnológica será “mucho mayor que la que hemos visto hasta ahora a lo largo de toda la historia”.

Estos humanoides sexuales pronto resultarán anticuados. Les sucederán nuevas generaciones dotadas de sentido ético generado por algoritmos y capaces de responder a nuestras reacciones simulando impulsos carnales como acelerar el ritmo cardíaco o dilatar las pupilas; sistemas de estimulación a distancia y optimizada de los centros sensoriales de nuestro cuerpo para activar nuestras respuestas sexuales; o incluso programas capaces de inferir los centros neurológicos de placer para controlar la intensidad y duración de los orgasmos. Y estas son solo algunas de las líneas actuales de investigación que nos permiten atisbar, muy someramente, lo que les depara a los colchones del porvenir.

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Soledad y egolatría

Las novedades electrónicas no vienen solas. Si los avances de las últimas décadas, especialmente en comunicación, han ido moldeando nuestro comportamiento y nuestra manera de relacionarnos, la sexualidad no se ha mantenido al margen. En este sentido, Tasso considera que la sociedad contemporánea personifica por completo el solipsismo narcisista, lo cual, traducido al terreno del placer, implica que la tendencia al sexo con uno mismo es más que evidente. Algo que el mercado erótico conoce y explota. “Ahora podría recomendarte dos o tres artilugios de estimulación genital que ningún amante lograría igualar, aunque solo sea en cuanto a eficacia”, afirma la sexóloga.

En este camino hacia la soledad tienen mucho que ver las redes sociales y las plataformas de encuentros sexuales, que muestran como mayoritarios e ideales el sexo libre y las relaciones abiertas cuando, en realidad, "todo el mundo quiere lo mismo que hace 10 o 20 años: sentirse deseado y querido", señala Galván.

Independientemente de las preferencias personales, lo cierto es que, por mucho que hablemos de sexo, no sabemos más de él. Y, desde luego, estamos muy lejos de ser los expertos en seducción que aparentamos en nuestros perfiles online. "Muchas personas tienen la cabeza repleta de presunta información sexológica, pero luego no son capaces de decir 'Hola, ¿te apetece tomar algo?'", cuenta Tasso, acostumbrada a encontrarse con este perfil en su consulta de Barcelona.

En su ensayo Sexo 4.0, desarrolla la idea de que nunca hemos sido tan interdependientes como ahora, a la vez que la evolución nos lleva hacia el encapsulamiento. Y ese es precisamente el peligro de la sexualidad del futuro: que nos volvamos afectivamente independientes y el placer de la compañía se entienda solo en ceros y unos.

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