Ni bi, ni hetero, ni homo: las mujeres de la sexualidad flexible

La orientación sexual de las mujeres es más fluida que la de los hombres, lo dice la ciencia, y nuestras seis protagonistas lo viven. atención: estar por encima de las etiquetas se hace así.

Lola y Maria

Se conocieron en la universidad. Por entonces, tanto Lola como María tenían novio. Muchos años después el destino y los amigos comunes las volvieron a reunir. Este encuentro fue muy distinto. Empezó con un beso robado en el baño (ambas se enzarzan en la clásica discusión de quién se lo robó a quién), continuó con una relación de un año y ha culminado en una boda al atardecer en Córdoba y un bonito nido de amor en un piso del barrio madrileño de la Latina. Entre aquellos novios de la universidad y su boda, Lola tuvo relaciones largas tanto con hombres como con mujeres, y María, principalmente con chicas. Ellas y las otras cuatro mujeres que conoceremos en este reportaje se sitúan en diferentes tonalidades de ese gran espacio gris llamado bisexualidad, pero con matices, claro, sus vidas sentimentales son tan amplias y libres que no caben en las etiquetas. La bisexualidad está mucho más extendida entre las mujeres que entre los hombres (lo sospechábamos, pero un reciente estudio lo confirma, ver despiece) y aún así, no está demasiado visibilizada. La B no se añadió a las siglas LGTB hasta 2007. María, Lola, Carmen, Ana, Lucía y Raquel nos cuentan cómo es su vida y cuántas veces han tenido que escuchar eso de "a ver si te decides".

Lola y María charlan con Ana y Carmen sobre las idas y venidas sentimentales de sus amigas y conocidas. "Uy, yo creo que esa de heterocuriosa no tiene nada, es lesbiana, pero todavía no se encuentra", dice una de ellas sobre una amiga. Están de acuerdo en que la sexualidad de las mujeres es más fluida, su círculo de lesbianas que han tenido escarceos y amores de juventud con hombres y de homosexuales que un buen día se enamoran de una mujer se lo confirma. Tampoco todas las experiencias de flexibilidad romántica encajan dentro de la etiqueta de bisexual, ya que rara vez se da que la inclinación hacia hombres y mujeres responda a un 50-50. "Va por épocas", dice Lola. "Ha habido momentos de mi vida en los que me sentía más inclinada hacia los hombres y otras hacia las mujeres". Llamémoslas flexibles, fluidas, sexual y emocionalmente emprendedoras. 

Mamá, papá...

Ana y Carmen

El caso de Ana es un buen ejemplo de porcentajes desiguales. Ella solo había tenido relaciones largas con hombres hasta que un día coincidió con Carmen en un proyecto de la empresa en la que ambas trabajan y perdió la cabeza por su compañera. Sin ruptura de esquemas, sin conflicto y sin cuestionar sus deseos. En el siglo XXI, los caminos del amor son insospechados y su generación está preparada para recorrerlos. "Creo que la manera en la que las mujeres mostramos afecto, por la educación que recibimos, es más física. La barrera de una amistad hacia una relación romántica es menor", afirma.

La familia y los amigos de Ana lo aceptaron sin problema, pero ella sí reconoce que existe el estigma. "Quienes aún tienen prejuicios con la homosexualidad se escudan en que eres heterosexual, pero te has enamorado de una mujer, lo entienden como una excepción. No es perfecto, pero es un primer paso hacia la aceptación".

Lola y María charlan con Ana y Carmen sobre las idas y venidas sentimentales de sus amigas y conocidas. "Uy,  yo creo que esa de heterocuriosa no tiene nada, es lesbiana, pero todavía no se encuentra", dice una de ellas sobre una amiga. Están de acuerdo en que la sexualidad de las mujeres es más fluida, su círculo de lesbianas que han tenido escarceos y amores de juventud con hombres y de homosexuales que un buen día se enamoran de una mujer se lo confirma. Tampoco todas las experiencias de flexibilidad romántica encajan dentro de la etiqueta de bisexual, ya que rara vez se da que la inclinación hacia hombres y mujeres responda a un 50-50. "Va por épocas", dice Lola. "Ha habido momentos de mi vida en los que me sentía más inclinada hacia los hombres y otras hacia las mujeres". Llamémoslas flexibles, fluidas, sexual y emocionalmente emprendedoras. 

Cada una de nuestras mujeres es un mundo, pero si algo tienen en común es que solo había un factor que les preocupaba para visibilizarse: sus abuelas. "La mía tiene 87 años y cuando le dije que me casaba con Lola me dijo: ‘Nena, ¡cómo está ahora el panorama con los tíos! Me alegro de que estés con una chica", cuenta María entre risas. "Yo tenía reparo en decírselo a las mías", dice Ana. "Su reacción fue buena y su mensaje: vivid la vida, los años pasan volando"

Doble atracción

Lucía

A Lucía no le cuesta nada ofrecer una carcajada a la cámara, la fotógrafa solo tiene que pedírselo y ella se parte de risa bajo el edredón de la suite del hotel Wellington de Madrid. Trabaja en producción de festivales de música, es freelance como concepto laboral y vital. Ha estado casi siempre con hombres, pero su última pareja, que ha durado casi dos años, ha sido una mujer. "Desde muy joven he sentido atracción por ambos sexos". Conoció a su primera pareja mujer hace ocho años en Chile, pero a su familia se lo contó más tarde. "La reacción de mis padres fue buena, pero el mensaje que entendieron fue 'ahora te gustan las chicas y luego te volverán a gustar los chicos'. Mi respuesta, un no lo sé. Hay una inercia a entender la bisexualidad como experimento, no como tendencia sexual en sí", explica.

Raquel tiene 30 años. Ha cambiado alguna que otra vez de país de residencia, de sector laboral y de orientación sexual. Ahora es una profesional de las terapias naturales y la persona con la que comparte su vida desde hace cuatro años es una mujer. Su ex pareja es un hombre con el que tuvo una relación de cinco años. "Vivimos en una sociedad en la que todo se permite mientras tenga una etiqueta y un nombre, por eso creo que la bisexualidad aún pone nerviosa a mucha gente. Hay ciertos entornos que te aceptan, pero notas esas miradas de 'se te ha ido la olla', que, por supuesto, también pueden venir de tu entorno de lesbianas si empiezas a salir con un chico".

Malos referentes

Raquel

Miley Cyrus, Azealia Banks o Megan Fox, Anna Paquin. Existen referentes de bisexualidad, pero ¿qué clase de referentes? Son actrices, estrellas del pop y modelos sexys,  que en la mayoría de los casos hablan de su flexibilidad sexual, pero nunca pisan la alfombra roja con una mujer del brazo. ¿Rentabilizan esta tendencia para ocupar titulares? "La visibilidad entre las celebrities no me parece del todo positiva. Creo que es una manera plastificada de dar una imagen de libertad. Parece más una llamada de atención que un comportamiento", dicen Lola y María, que trabajan en el conservador mundo de las finanzas. "Han creado una imagen de la bisexualidad fantasiosa, glamurosa, que no se corresponde con la realidad. Creo que ahí hay mucho de apariencia y de propaganda". Que en la cultura popular se entienda la bisexualidad femenina como etiqueta sexy, favorece esos lugares comunes retrógrados y machistas que nuestras chicas han tenido que oír mil veces. "A mí eso de 'decídete' no me lo han dicho aún", cuenta Lucía. "Eso sí, siempre hay alguno que a la mínima te dice que le llames si te planteas un trío", continúa haciendo un gesto de 'Dios mío, dame paciencia". Habrá que seguir luchando contra los clichés y los prejuicios. Eso sí, siempre nos quedarán las abuelas. 

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