Sexo post coronavirus

¿Cómo serán las prácticas sexuales sin contagio? ¿Practicaremos sexo sin besos? ¿Es el fin del sexo oral?

¿Te has planteado cuánto nos va a afectar esta pandemia a la manera de relacionarnos afectivamente? ¿Cuánto cambiará el sexo? ¿Dejará de ser como lo conocemos?

Sexo post coronavirus, evitar el contagio
rawpixel.com para Pexels

La soledad ha pasado factura a muchos singles y ahora que parece que nos acercamos a la nueva normalidad, muchas dudas, se amontonan en la cabeza y queremos encontrar un poco de estabilidad y entender si los pensamientos que tenemos son normales. Nos sentamos, virtualmente, con Valérie Tasso, escritora, sexóloga (y embajadora para España de la marca sueca de objetos de placer de lujo Lelo), para que nos explique si acaba de nacer una nueva sexualidad. ¿Hemos aterrizado forzosamente en la era del sexo sin besos? ¿Nos hemos vuelto animales en celo tras este encierro? O si, ¿tras estar meses confiando en nuestros juguetes sexuales prescindiremos de los hombres por miedo al contagio o a su ineficacia? Todas estas dudas, sumadas a la necesidad de piel sobre piel nos hacen someter a un exhaustivo cuestionario a Valérie quién nos da unos titulares: el erotismo ganará poder, los succionadores de clítoris, por ahora, no sustituirán a la penetración y la espera hará que nuestros orgasmos sean más explosivos (lo bueno se hace esperar, ¿no?). 

P. ¿Cómo prevés que será la nueva interacción de las personas?

R. Decía el físico Niels Bohr que hacer predicciones era muy difícil… especialmente si se hacen sobre el futuro. Pero bueno, intentaré hacer una; intuyo que lo único que va a conseguir esta pavorosa crisis es que se refuercen y se justifiquen mejor los planteamientos puritanistas e individualistas que se iniciaron un tiempo atrás y que tenían como principal finalidad el coartar nuestro ser erótico, es decir, el individualizarnos hasta unos extremos que nos genere una falsa y enormemente inquietante sensación de autosuficiencia. No creo que cuando se someta a control esta pandemia se vaya a reconducir sino que más bien se va a potenciar; la incorporación de la mascarilla como un atuendo de uso común es toda una metáfora y declaración de lo que nos espera.

 

P. ¿Necesidad de sexo loco tras llevar tanto tiempo encerrados?

R. Suele suceder que, tras un periodo represivo, se desate un movimiento expansivo de signo opuesto. Sucedió por ejemplo en España, por lo que tengo entendido, con la llegada de la democracia a mediados de los setenta; de no poder ver la rodilla de una chica sin proponerle en matrimonio a ver tetas hasta en los detergentes de la lavadora. Esa euforización suele ser un simple movimiento pendular de corta duración y poca profundidad, por lo que es posible que sí, que tras el sometimiento más o menos efectivo del COVID-19 pues salgamos todos como hienas en celo a buscarnos algo que meternos entre pecho y espalda, pero no creo en absoluto que si eso sucede implique ningún cambio profundo en las dinámicas aislacionistas y puritanas que enumeraba antes. 

 

P. ¿Puede que después de esta cuarentena la gente haya apagado su deseo sexual?

R. El deseo sexual nunca se apaga, lo que sí se puede es canalizar. En consulta, hay veces que vienen personas que me comentan que no sienten ningún deseo sexual y en cuanto charlas un poco con ellos, comentan que corren tres horas al día, que están haciendo el acueducto de Segovia con palillos o que se han apuntado a un curso de masaje ayurvédico que les ocupa todo su tiempo libre. Eso es canalizar y sublimar el sexo en la inmensa mayoría de los casos. También puede ser que haya una afección de tipo melancólica que coarte su deseo sexual, pero en estos casos siempre es una afección sobre el deseo en general, no solo sobre el sexual aunque al paciente le resulte el más evidente, y como tal, como una dificultad en el deseo y sus tiempos es como hay que tratarlo. Por cierto, nuestra forma de vida que prima la pulsión (el tenerlo todo y tenerlo ya) sobre el deseo y que no tolera la más mínima espera en la consecución de los objetivos es demoledora para nuestra manera consustancial de desear y, por tanto, para la estabilidad de nuestra estructura psíquica.

 

P. ¿Podemos llegar a prescindir del sexo por el miedo al contagio? ¿Sexo sin besos? ¿Eliminaremos las caricias?

R. El miedo en general a contagiarse en una interacción sexual e incluso la fobia suelen ser mucho más comunes de lo que nos creemos. Es más, en ocasiones el aprensivo lo emplea como un estímulo para activar su deseo; el riesgo que creen asumir algunos/as les da un “morbo” complementario. Es posible que, en estos momentos, las precauciones se incrementen y el sentido común se emplee con más asiduidad, pues el riesgo y las dificultades de detectarlo no es solo un miedo anticipativo sino que es real… hasta que deje de serlo, es en ese momento en el que tendremos que saber desactivar paulatinamente los mecanismos de alerta de forma que nuestras interacciones sexuales se realicen en las mejores condiciones posibles.

Recuerdo, al principio de la crisis y cuando todavía esta afectación vírica no era una pandemia, que se hizo muy popular en las redes un comentario que decía algo así como “Os ponéis una mascarilla para ir al Mercadona pero no os ponéis un condón con la primera que pilláis en Tinder. Era una especie de burla para los primeros hipocondríacos (olvidando que a la larga un hipocondriaco siempre tiene razón) pero que reflejaba algo muy cierto; en materia sexual hay, como decía al principio, más temerosos de los que nos creemos, pero también hay muchísimos más inconscientes de los que imaginamos.

 

P. ¿Habrá practicas vetadas como el sexo oral?

R. No sé por qué debería haberlas. En tiempos de otra pandemia que todavía sigue presente aunque nos hayamos olvidado un poco de ella y que generó, en apenas veinte años, cerca de veinticinco millones de fallecidos, me refiero al VIH, las primeras prácticas sexuales que se “relajaron”, fueron las que afectaron a las eróticas conocidas como “sexo oral”. En el caso de mantener ahora relaciones sexuales con una persona positiva de COVID-19, sintomática o asintomática, viene a ser lo mismo, que le practiques un cunnilingus o una felación, que le digas palabras cariñosas al oído. Al tratarse de un virus que se transmite por el aire y no por los fluidos o la sangre como el VIH, no veo por qué generar una especial prevención sobre el sexo oral.

 

P. ¿Seremos más recelosos con la salud? ¿Cómo incluir este gigante en el proceso de flirteo, sin roce, sin contacto en los primeros encuentros?

R. Volveremos al abanico que era de las maneras más sensuales e intrincadas de manifestar intenciones o volveremos a tener que recurrir y potenciar a la más erótica de nuestras capacidades de seducción: el  lenguaje.

 

P. ¿Tardaremos más en llegar al sexo?

R. Pues si fuera así, tampoco pasaría nada. Uno de los problemas que más nos encontramos hoy en día en una consulta de sexología es que la gente no espera, no sabe esperar, está sometida a una presión de rendimiento y satisfacción en todos los ámbitos (laborales, deportivos, académicos… y también sexuales) que hace que las dificultades sexuales comunes, anorgasmia, disfunción eréctil, deseo hipoactivo, falta de control en la eyaculación, etcétera, se disparen. De hecho, y para corregir este mal tan común y tan de nuestros tiempos, los sexólogos tenemos un concepto clave; la “espera erotizada”, que consiste básicamente en saber disfrutar de la espera de manera que esta espera, lejos de ser un inconveniente, sea un acicate para el deseo. Sin “espera erotizada”, lo único que hay es el finalismo; por ejemplo, el alcanzar el orgasmo rápido y sin mayores exigencias.

 

P. ¿Pediremos test inmunológico antes que el teléfono?

R. Pues posiblemente y, al final, cuando todo se relaje, acabe quedando en nada. Yo recuerdo, porque tengo ya cierta vida, el pedirle a algunos amantes, antes de acostarme con ellos, la prueba del VIH (a pesar de usar preservativo, por si acaso, por si se rompiera el preservativo, etc…) o el que ellos me la pidieran a mí… ¿cuántas pruebas de VIH se piden ahora antes de encamarte con alguien?

 

P. La masturbación y los juguetes sexuales para las mujeres han alcanzado niveles nunca vistos, ¿cómo va a afectar esto? 

R. Lo que demuestra particularmente el auge que han tenido los aparatos de estimulación genital para las mujeres y la sofisticación y la eficacia con las que operan son dos cosas; por un lado, el que las mujeres, nuestro deseo, nuestra sexualidad y nuestra anatomía de goce empiezan a importar (¡por fin!), y en segundo lugar, que somos un nicho de mercado que las poderosísimas industrias del sexo no pueden abandonar. La presunta “liberación femenina” en materia sexual, que en ningún caso debería medirse por las veces que enseñes el culo en Twitter, también tiene su fundamento en los mismos pilares; por un lado, hemos empujado a la sociedad a que se conozca mejor nuestro cuerpo y nuestras particularidades deseantes, objetivo éste en el que progresamos bastante (lo que no es de extrañar, pues hace apenas un par de décadas, los conocimientos “científicos” sobre cómo operaba el goce femenino eran los mismos que en tiempos de Carlomagno. ¡Escandaloso!), y por otro lado, es el mercado el que empuja, desde que las mujeres tenemos autonomía en el consumo, para conocernos mejor y así podemos “satisfacernos” más con sus productos y con más variedad de ellos. Lo cual me parece estupendo. Los departamentos de I+D de las empresas de juguetería erótica posiblemente han hecho más por saber del clítoris que toda la ciencia médica. 

P. ¿Harán que las mujeres necesiten menos a los hombres? ¿les denostarán por no ser tan precisos y efectivos como el famoso succionador de clítoris?

R. Confío por nuestro bien que no; un orgasmo, por ejemplo, es mucho más que una apropiada estimulación física, y si nos olvidamos de esto es que ya nos habremos olvidado de lo que somos.

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