Viagra femenina ¿para cuándo?

Se cuentan por millones las mujeres que sufren bajo deseo sexual recurrente, y aún no hay un medicamento. ¿Sexista o complejo?

Viagra femenina

Lo que vemos en las películas no suele ser la realidad y, sorpresa, en lo que a deseo sexual de la mujer se refiere todavía menos. La realidad es que muchas mujeres pasada la veintena y la treintena dejan de sentir deseo sexual, ¿las razones?, muchísimas, ¿las soluciones?, difusas.

Por ejemplo, hablamos con Cara, una mujer que ha pasado la treintena y que una mañana de verano en Baltimore se despertó con ganas de sexo. Sin embargo, su apretada agenda y la de su marido, además de sus hijos, hicieron que fuera imposible. Cara decidió llevar a su marido a un hotel y tener una noche tórrida que comenzó con unos sugerentes tacones de aguja. Cara nos cuenta que está convencida de que no habrían tenido esa cita de no haber estado tomando una píldora llamada flibanserina, indicada para tratar el deseo sexual hipoactivo (DSH) –o trastorno del interés sexual (SIAD)–, que se define como la pérdida del deseo sexual en una mujer durante más de seis meses. Cuando nació el primer hijo de la pareja, el deseo sexual de Cara cayó y no lo recuperó en casi toda su treintena. Ningún remedio funcionaba hasta que se apuntó al ensayo clínico con flibanserina. A las pocas semanas de empezar, notó que se le despertaba el deseo sexual y que la percepción que tenía de sí misma había cambiado. El estudio concluyó al cabo de un año, y lo mismo ocurrió con el suministro de Cara. Tendría que esperar hasta que la FDA (Agencia de Alimentos y Medicamentos estadounidense) aprobase su comercialización para poder volver a consumirla. Seis años después, sigue esperando.

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¿Discrimanación o complejidad?

En 1995 y con sólo 6 meses de ensayos, la FDA aprobó la Viagra. Los ingresos fueron desorbitados así que las compañías farmacéuticas decidieron invertir millones para mejorar también la vida sexual de las mujeres. Pero la FDA después de 6 años aún no ha dado luz verde a la femenina. Aunque en 2013 Terry O'Neill, presidenta de la Organización Nacional de la Mujer, escribió una carta a la FDA, se vio sola en la causa, pues otras organizaciones feministas y sanitarias dudaron de la necesidad de un medicamento para aumentar el deseo las mujeres. ¿Es culpa de las farmacéuticas o de nuestra cultura?

Tampoco está claro el problema, pues una cosa es el deseo, un estado mental, y otra la excitación física. Cualquiera de los dos puede provocar el otro pero las mujeres con SIAD no detectan los signos físicos de excitación de manera evidente, con lo cual es más complicado desencadenar el deseo. Las farmacéuticas se dieron cuenta de que la viagra femenina tiene que conectar el cerebro de las mujeres con sus cuerpos, y ya hay varios medicamentos en prueba aunque siguen surgiendo dudas.

Resultados esperanzadores y muchas dudas.

Las dos mujeres que entrevistamos, Cara y Madison, aseguran haber sentido los efectos de los fármacos pero la doctora Sheryl Kinsberg, que trabaja investigando los dos fármacos a prueba, ase pregunta si han sentido deseo por el hecho de tomarlos o se han esforzado en sentirlo, pues hay que tener que en las pruebas con placebo, más de una paciente aseguró sentir los efectos. ¿Hasta qué punto el subconsciente nos cambia la perspectiva?

Además muchos se preguntan si es realmente un problema médico o simplemente que ya no hay compatibilidad con la pareja, existen otras prioridades o se ponen unos estándares demasiado elevados y poco realistas. Para enfrentarse a esto, la doctora Lori Brotto apuesta más por trabajar el aspecto psicológico y cultural con su programa de ocho semanas que combina terapia cognitiva, educación sexual y técnicas de meditación y de mindfulness, antes que por los fármacos.

Aun así, Madison sigue reclamando las pastillas y se muestra ofendida, "Lo que las mujeres tenemos a nuestro alcance son vibradores y lubricantes. Los hombres tienen medicamentos. Nadie pretende que se conformen con los lubricantes". Pero incluso Cara reconoce que gran parte de su sufrimiento se debe a la presión que siente para "ser Martha Stewart en la cocina y Pamela Anderson en la cama". Y añade: "Sé que no es realista pretender tener ahora el mismo vigor sexual que cuando tenía 22 años, pero me encantaría poder recuperarlo".

El debate está abierto, ¿es una cuestión médica o cultural?

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