6 razones por las que el preferimos el mail al teléfono

Interrumpen, no se pueden ordenar por importancia y no se puede volver a ellas para confirmar información. Te damos algunas razones por las que estar a favor de los mails y en contra de las llamadas

Melanie Griffith en Armas de mujer

Algunas estamos un poco cansadas de oír como la comunicación vía mail ha hecho las relaciones laborales más impersonales, casi robóticas. Y es que la comunicación directa, las llamadas de teléfono, no siempre son la vía de comunicación más eficiente ni mejor. Aquí damos algunas razones por las que partir una lanza a favor del mail y en contra de las llamadas.

1. No puedes volver a ellas para confirmar información.
Sí, esa es la razón de más peso. Siempre se puede buscar ese mail en el que tu jafa te ordenaba algo que ahora te reprocha. En cambio con las llamadas no hay posibilidad de hacer un buen ZAS a tiempo.

2. Demandan respuesta inmediata.
Suena el teléfono y tú estás con la cabeza en algún asunto importante. La llamada no solo te saca repentinamente de la tarea sino que normalmente el interlocutor pregunta cosas que, sorpresa, ahora no estás en posición de responder.

3. Impiden organizar las prioridades.
Los mails están ahí, quietecitos, en tu bandeja de entrada, no tienes que atenderles a toda prisa ni ser educada con ellos. Puedes ordenarlos de más a menos importantes y jamás se quejarán.

4. No favorecen el autocontrol.
Cuando se desata el conflicto, releer el mail bomba que vas a mandar con copia a todo el mundo del CEO al conserje puede ayudarte a reflexionar. Por teléfono, un mal tono es un mal tono. No hay vuelta atrás.

5. Entorpecen el flujo de trabajo.
Según un estudio citado por el Wall Street Journal, las llamadas telefónicas son uno de esos factores que asesinan la productividad. No solo porque interrumpen sino porque el lenguaje verbal exige algunas normas de cortesía básicas y es menos expeditivo que la comunicación por mail.

6. Son caldo de cultivo de malentendidos.
Sobre todo cuando los interlocutores no hablan la misma lengua y tienen que comunicarse en inglés con desigual fortuna.

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