Amantes de despacho

Es probable que alguna esté o haya estado en cualquiera de estos tres tipos de relaciones: ligones de despacho (personas que se enrollan con compañeros de trabajo de manera esporádica); novios de despacho (es la vertiente más romántica, ya que la pareja suele comer junta, toma el café junta, sale junta de la manita y a menudo produce empalague al resto de sus compañeros), y los matrimonios de despacho (se suele dar la típica situación de llevar meses trabajando con ellos sin enterarte de que comparten coche, hipoteca e hijos.

Amantes de despacho

Aunque existe relativo consenso en que los affaire o relaciones estables de oficina no son perjudiciales para una empresa –de hecho, el artículo 17 del Estatuto de los Trabajadores españoles prohíbe cualquier discriminación basada en vínculos de parentesco–, pueden darse situaciones intolerables para esos ambientes, como el acoso sexual, los celos encendidos, peleas y rupturas diversas, que invitan a la contención y a la retirada estratégica.

Carmen Salas opina: «Lo importante es la sintonía que exista en las expectativas que se hacen ambas partes. Investigando, conocí gente que había renunciado a sus empleos por haberse puesto en una situación insostenible. Cualquier persona que se suba a hablar en un taburete resulta inmediatamente atractiva ». En realidad, está hablando de poder, un elemento que tiene un papel muy importante en las relaciones de oficina. El poder es un afrodisiaco.

Según el escritor Loïc Roche, una de cada dos mujeres que han tenido una relación sentimental en el trabajo la ha tenido con un superior. «Esto es más notorio simplemente porque hay más directivos hombres –puntualiza Salas–. Además, las mujeres en posición de poder están mucho más expuestas a los comentarios que los hombres, entre los que de manera machista se considera “normal” tener relaciones con subordinadas.» «En la erótica del poder –acota por su parte Herrera–, cuando uno tiene despacho propio es alguien poderoso. Normalmente la gente comparte el espacio de oficina con el resto de los compañeros/ as, así que el despacho da intimidad erótica y sensación de poder: “Te vienes a mi despacho y te hago esto, esto y lo otro”.»

El viejo sueño erótico masculino de la secretaria un poquito enamorada, que escribe, escucha y calla, está cambiando al ritmo en que las mujeres comienzan a alcanzar cotas de poder cada vez más altas. Pero no nos engañemos, a las mujeres nos pasa lo mismo con el poder. A muchas nos encantaría tener un ejército de subempleados guapísimos que, además de estar a nuestras órdenes, también se ofrezcan a complacernos sexualmente.

«Creo que el sexo con gente poderosa es atrayente porque, de algún modo, a través del cuerpo y del orgasmo borramos las diferencias estamentales y rompemos con la rigidez de los códigos sociales», sentencia Herrera. La medicina, el periodismo, la aviación, el showbiz... son profesiones de alto riesgo para el amor, pero no desesperes si no estás en ninguna de ellas. Si algo han aprendido los/las españoles/as en estos tiempos difíciles es que como trabajadores tienen una gran capacidad de adaptación.

Una de cada dos mujeres que han tenido una relación sentimental en el trabajo la ha tenido con un superior.

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