Cinco CEO nos chivan cómo sobrevivir a un vuelo de larga duración

Doce horas de sillón es un sueño de domingo hasta que se convierte en obligación. Cinco CEO con muchas horas en las nubes nos cuentan cómo aterrizar fresca cual lechuga tudelana tras un vuelo de larga duración.

Aterriza como puedas
Kristen Wiig en 'La boda de mi mejor amiga'.

Los vaqueros son una prenda demasiado incómoda para ser considerados ropa informal. No se recomiendan cuando el trayecto dura lo suficiente como para empezar y acabar los Episodios nacionales. Como en un vuelo a Tokio, por ejemplo. O a Wellington o a Washington o Bogotá. O a Badajoz si vas en tren. A Andrea Barber, CEO de Rated Power, ni se le cruza por la cabeza 'ensalchichonarse' para pasar trece horas en un avión. La cinturilla se clava en el ombligo y las costuras tatúan la piel. Pero el chándal tampoco es la salida. Eso es para el gimnasio, la pasarela o las hijas de Kris Jenner. El equilibrio está en la ropa holgada, que "deja funcionar la circulación periférica". Para mejorarla y "permitir la movilidad articular y relajar la mente", la compañía aérea Cathay Pacific, especializada en vuelos por el continente asiático, cuenta en sus trayectos con el programa Travel Well with Yoga, en el que enseña a realizar ejercicios de estiramiento desde cualquier asiento de clase turista. Para Mercedes de la Rosa, cofundadora y CEO de Zentro Urban Yoga, mantener activos el sistema circulatorio y el nervioso garantizará escapar en buen estado de media jornada de apoltronamiento aéreo. Los puntos clave: piernas, caderas, espalda y cuello. Por ejemplo: "Haz círculos con la cabeza y, al exhalar, lleva la barbilla hacia el esternón. Inhala llevando la oreja derecha hacia el hombro derecho y hacia atrás y exhala llevando la oreja izquierda hacia el hombro izquierdo con la barbilla de nuevo al esternón. Repite cuatro veces e invierte el sentido". Alice Fauveau, fundadora y directora de Focus on Women, lo practica. Algún ejercicio cae durante el viaje. Para ella, el gadget todopoderoso es de poliéster. La manta es más importante que cualquier almohada. Amortigua y resguarda. Para cubrir los ojos, mejor un antifaz. Barber los busca ligeros, que no opriman el ojo, y Lupina Iturriaga, directora general de Fintonic, también. En su neceser viaja "todo tipo de instrumentos higiénicos: cepillo de dientes, del pelo, colonia. Y antes de aterrizar, me refresco".

Sin viaje de vuelta

Porque si no repasa tareas pendientes del trabajo (solo las amables), duerme. Mejor sumar que restar. Como Elena Betés, CEO de Preminem. Lo primero es cambiar el reloj y fingir que ya está en el nuevo huso horario. Procura no tacañear horas. Más es más. Lo que sí reduce son comidas. Suelen servirse "a tiempos extraños que no ayudan a aclimatarte" y están atiborradas de salsas y azúcares que pueden alterar la dirección del bolo alimenticio. En el centro de nutrición Real Fooding, sugieren "tomar las riendas de lo que queremos comer. Debemos prepararnos con frutos secos, fruta y chocolate 80%". Los cuartos de baño de medio metro de ancho no son lugar para ponerse a domesticar el reflejo faríngeo.                            

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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