El poder de la moda en la política

Patrycia Centeno, asesora de estética política y corporativa y autora de Política y moda, la imagen del poder (Península, 2012) y Espejo de Marx, ¿la izquierda no puede vestir bien? (Península, 2013), desentraña la relación de la política y la estética.

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¿Qué papel juega la moda en la carrera política de las mujeres? Es una poderosa arma de comunicación política. Solo que a ellas se les juzga mucho más.

¿Por qué? El uniforme político (traje, camisa y corbata) fue creado por hombres y para hombres. Nadie imaginó que las mujeres pudieran alcanzar la primera línea. Cuando llegan al poder, se encuentran con un dilema: vestir como sus colegas o defender un atavío más femenino. Aunque Thatcher incorporara el bolso de asa corta o la blusa con lazo, su imagen era muy masculina. Angela Merkel sucumbió al traje pantalón porque las críticas se rebajaban. El sistema político es, por defecto, conservador, y cualquier mínimo cambio se percibe como amenaza. Maquillaje, joyas, tacones y color frente al sobrio uniforme diplomático masculino causan conmoción política y mediática.

¿Qué políticas han logrado una buena relación con el vestir? Aplaudo a las mujeres que han sido valientes y han creado un nuevo patrón de vestimenta política. La primera fue Ségolène Royal. Elena Salgado, en España, tampoco renunció a su feminidad. Marina Silva, en Brasil, es un buen ejemplo de feminidad y coherencia 'ideoestética'. El traje de chaqueta de Hillary Clinton en su etapa como Secretaria de Estado de EE. UU. fue correcto: rompía con su anterior imagen, hiperfemenina, de primera dama.

¿Qué le parece el estilo de las mujeres de la llamada "nueva política”? Me parece que son muy poco atrevidas. La izquierda debe reconciliarse con el lujo honesto y entender que la moda es cultura y un lenguaje. Manuela Carmena posee un estilo muy personal. En los tiempos que corren, es algo que debemos valorar.

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